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LA ESPOSA QUE PERDI

LA ESPOSA QUE PERDI

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dani Achu

La lluvia caía suavemente sobre los ventanales de la mansión Torres.
Liliana Pérez estaba sentada en la sala principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo. La luz tenue de la lámpara iluminaba su rostro tranquilo, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
Habían pasado cinco años desde que se convirtió en Liliana Torre..

NovelToon tiene autorización de Dani Achu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Siempre supe que no eras suficiente para mí.

La noche había caído sobre la mansión Torres.

El cielo estaba cubierto por nubes oscuras y el viento movía lentamente las hojas de los árboles del jardín. Las luces del exterior iluminaban el camino de piedra que conducía a la entrada principal, creando sombras largas que parecían moverse con cada ráfaga de aire.

Dentro de la casa, el ambiente era completamente distinto.

El silencio era profundo.

Casi pesado.

Liliana estaba en la sala, sentada en el borde del sofá, sosteniendo una taza de té que ya se había enfriado hacía varios minutos. El aroma suave de las hojas de jazmín aún flotaba en el aire, mezclándose con el perfume delicado que ella siempre usaba.

Pero su mente estaba lejos de ese momento.

Las palabras de Dominic aún resonaban en su cabeza.

"Miguel ya lo sabe."

Desde entonces, una inquietud constante se había instalado en su pecho.

No sabía cuándo pasaría.

Pero sabía que pasaría.

Miguel no era un hombre que dejara las cosas a medias.

Y cuando algo lo obsesionaba… no descansaba hasta obtener respuestas.

Liliana respiró lentamente, intentando calmar la tensión que sentía en el cuerpo.

Fue entonces cuando lo escuchó.

El sonido de un motor.

Un coche entrando con demasiada velocidad por el camino de la mansión.

El ruido de las ruedas sobre la grava fue brusco, casi violento.

Liliana se quedó inmóvil.

Su corazón comenzó a latir más rápido.

Sabía quién era.

El sonido de la puerta del coche al cerrarse con fuerza confirmó sus sospechas.

Pasos.

Rápidos.

Firmes.

Cargados de furia.

La puerta principal se abrió de golpe.

El sonido resonó en toda la casa.

Liliana se levantó lentamente.

Miguel Torres estaba de pie en la entrada.

Su respiración era agitada.

Su mirada… ardía.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

El aire entre ellos estaba lleno de cosas que nunca se habían dicho.

Miguel la miraba como si intentara reconocerla.

Como si la mujer frente a él fuera alguien completamente diferente a la que había dejado ir dos años atrás.

Liliana fue la primera en romper el silencio.

Su voz fue suave.

Pero firme.

—No deberías entrar así.

Miguel soltó una risa corta, amarga.

—¿Entrar así?

Se pasó una mano por el cabello, claramente alterado.

—¿Sabes lo que acabo de descubrir?

Liliana no respondió.

Solo lo observó.

Miguel dio un paso hacia ella.

—Que mi exesposa vive en la casa de mi hermano.

Sus palabras fueron duras.

Cortantes.

Liliana sintió el golpe de esas palabras, pero mantuvo la compostura.

—Sí.

La respuesta simple pareció enfurecerlo aún más.

—¿Sí?

Miguel soltó otra risa incrédula.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Liliana apretó suavemente la taza entre sus manos.

El porcelanato frío contrastaba con el calor que sentía en su pecho.

—¿Qué quieres que diga, Miguel?

Miguel la miró con incredulidad.

—Quiero saber qué está pasando.

Su voz se volvió más dura.

—Quiero saber desde cuándo estás con Dominic.

Liliana levantó ligeramente la barbilla.

—Eso no es asunto tuyo.

Miguel dio otro paso hacia ella.

Ahora estaban mucho más cerca.

—Claro que es asunto mío.

Sus ojos brillaban con algo que Liliana no lograba descifrar.

¿Ira?

¿Dolor?

¿Celos?

—Fuiste mi esposa —continuó Miguel.

Las palabras flotaron entre ellos.

Liliana sintió que algo dentro de ella se tensaba.

—Fui —repitió ella suavemente.

Miguel apretó los puños.

—¿Entonces qué es esto?

Señaló alrededor.

—¿Te mudaste con mi hermano? ¿De verdad?

Liliana sostuvo su mirada.

—Sí.

Miguel soltó el aire con fuerza.

—Esto es una locura.

Su mirada se volvió más oscura.

—Dominic te detestaba.

Liliana no respondió.

Porque esa era la verdad.

Dominic nunca la había querido cerca.

Nunca la había defendido.

Nunca había sido amable con ella.

Y sin embargo…

ahora estaba aquí.

Viviendo bajo su techo.

Miguel habló nuevamente.

Esta vez su voz fue más baja.

Más peligrosa.

—¿Estás durmiendo con él?

La pregunta cayó como un golpe.

Liliana sintió cómo su cuerpo se tensaba.

—No tienes derecho a preguntarme eso.

Miguel la miró fijamente.

—Respóndeme.

—No.

El silencio que siguió fue espeso.

Miguel dio un paso más hacia ella.

Demasiado cerca.

Liliana podía oír su respiración.

Sentir el calor de su presencia.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo Miguel.

Su voz ahora tenía un tono extraño.

—Que nunca te vi tan tranquila cuando vivías conmigo.

Liliana sintió que esas palabras le atravesaban el pecho.

Durante cinco años había vivido en una casa que nunca se sintió como hogar.

Cinco años esperando algo que nunca llegó.

Cinco años siendo invisible.

Pero no dijo nada.

Miguel la observó.

Y entonces dijo algo que cambió todo.

—Siempre supe que no eras suficiente para mí.

Liliana sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Pero antes de que pudiera responder…

una voz profunda resonó en la habitación.

—Eso es suficiente.

Ambos se giraron.

Dominic estaba de pie al pie de la escalera.

Había escuchado lo suficiente.

Su presencia llenaba el espacio con una calma peligrosa.

Caminó lentamente hacia ellos.

Cada paso era firme.

Controlado.

Miguel lo miró con furia.

—Llegas justo a tiempo.

Dominic se detuvo junto a Liliana.

Lo suficientemente cerca como para que su hombro casi tocara el de ella.

Una posición claramente protectora.

Su mirada se clavó en Miguel.

—No vuelvas a hablarle así.

Miguel soltó una risa amarga.

—¿Ahora la defiendes?

Dominic no respondió de inmediato.

Pero su voz cuando habló fue fría.

—Sí.

Miguel negó con la cabeza.

—No lo puedo creer.

Sus ojos se movieron entre ambos.

—Tú la odiabas.

Dominic sostuvo su mirada.

—Las personas cambian.

Miguel lo miró con incredulidad.

—¿La amas?

La pregunta cayó en la habitación como un trueno.

Liliana sintió su corazón detenerse por un segundo.

Dominic no respondió.

Pero su mirada no se apartó de Miguel.

Eso fue suficiente.

Miguel soltó una risa amarga.

—Esto es enfermizo.

Dominic dio un paso hacia él.

La tensión en el aire era casi palpable.

—Estás en mi casa.

Su voz era baja.

Pero peligrosa.

—Y estás faltándole el respeto a mi esposa.

La palabra resonó en el pecho de Liliana.

Miguel apretó los dientes.

—¿Tu esposa?

Dominic respondió sin titubear.

—Sí.

Miguel lo miró fijamente.

Durante un momento pareció querer decir algo más.

Pero en lugar de eso soltó el aire con fuerza.

Luego miró a Liliana.

Su mirada ahora era distinta.

Más dura.

Más distante.

—Espero que esta vez hayas elegido mejor.

Las palabras dolieron más de lo que Liliana esperaba.

Miguel se dio la vuelta.

Caminó hacia la puerta.

Pero antes de salir se detuvo.

Sin mirar atrás dijo:

—Esto no se queda así.

La puerta se cerró con un golpe fuerte.

El silencio que quedó en la mansión fue profundo.

Liliana seguía de pie.

Inmóvil.

Dominic la miró.

Su expresión era difícil de leer.

—¿Estás bien?

La pregunta fue inesperadamente suave.

Liliana no respondió de inmediato.

Sus manos temblaban ligeramente.

Finalmente habló.

—Sí.

Pero su voz no sonaba convincente.

Dominic observó sus manos.

Luego, sin decir nada, tomó suavemente la taza que aún sostenía.

Sus dedos rozaron los de ella.

El contacto fue breve.

Pero suficiente para hacer que el corazón de Liliana latiera más rápido.

Dominic dejó la taza sobre la mesa.

Luego habló con calma.

—No volverá a hablarte así.

Liliana lo miró.

Por un momento, algo extraño cruzó su mirada.

Algo que parecía… gratitud.

O quizás algo más peligroso.

Algo que ninguno de los dos estaba listo para reconocer todavía.

Porque aunque su matrimonio era solo un contrato…

cada día que pasaban bajo el mismo techo…

las líneas entre la obligación y los sentimientos se volvían más borrosas.

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Andrea Medina
no la comprendo aun, no hay móvil para escena, solo dos egos de hermanos raritos y una mujer que claramente tiene problemas de estima o le gusta mucho el dinero 😂😂🤭
Andrea Medina
no la comprendo aun, no hay móvil para escena, solo dos egos de hermanos raritos y una mujer que claramente tiene problemas de estima o le gusta mucho el dinero 😂😂🤭
Anonymous
Muy emocionante
Norma Alicia Gimenez
ya termino? como sigue
Lupita Alvarado: no se vale que nos dejen así sin final
total 1 replies
Gina Elizabeth Mori Rengifo
es emocionante
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