Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.
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La segunda USB
El silencio dentro del motel se volvió absoluto.
Marco De Luca seguía inmóvil frente a Isabella mientras la pequeña llave metálica descansaba sobre la mesa.
Pero Isabella ya no estaba viendo la llave.
Porque algo acababa de romperse dentro de su memoria.
La estación de tren.
El frío.
La sangre de Evelyn sobre sus manos.
Y dos USB.
No una.
Dos.
Isabella llevó ambas manos a la cabeza mientras respiraba agitadamente.
El dolor regresó inmediatamente.
Fuerte.
Punzante.
Como si su mente estuviera intentando impedirle recordar demasiado rápido.
—¿Qué ocurre? —preguntó Dante acercándose.
Isabella cerró los ojos con fuerza.
Y entonces habló casi en un susurro.
—Había otra.
Marco frunció el ceño.
—¿Otra qué?
Ella abrió lentamente los ojos.
Completamente aterrada.
—Otra USB.
El ambiente cambió instantáneamente.
Dante y Marco intercambiaron una mirada rápida.
Tensa.
Peligrosa.
—No… —murmuró Marco—. Evelyn solo mencionó una.
Isabella negó rápidamente.
—No. Recuerdo esconder dos.
El corazón comenzó a golpearle violentamente el pecho.
Porque mientras más recordaba…
más entendía algo horrible.
La primera USB contenía información de la organización.
Pero la segunda…
la segunda era distinta.
Muchísimo más personal.
Dante se acercó lentamente.
—¿Qué había en ella?
Isabella tragó saliva.
Y entonces otra imagen explotó dentro de su cabeza.
Alexander.
Discutiendo violentamente con alguien por teléfono.
Emma llorando.
Evelyn gritando:
“¡Si descubren esto, lo van a matar!”
Isabella abrió los ojos sobresaltada.
Marco la sujetó rápidamente antes de que perdiera el equilibrio.
—Bella.
Ella lo apartó inmediatamente.
La respiración completamente descontrolada.
—La segunda USB era sobre Alexander.
Silencio absoluto.
Dante tensó inmediatamente la mandíbula.
Marco dejó de moverse.
Porque aquello cambiaba todo.
Otra vez.
—¿Qué clase de información? —preguntó Dante.
Isabella intentó recordar.
Pero los recuerdos llegaban rotos.
Desordenados.
Confusos.
—Había videos… llamadas… nombres…
Se llevó una mano temblorosa al pecho.
—Y una grabación.
Marco frunció el ceño.
—¿Qué grabación?
Entonces Isabella recordó algo más.
Una voz masculina.
Fría.
Poderosa.
Diciendo claramente:
“Si Alexander Vega vuelve a intentar salir, mataremos a todos los que ama.”
El miedo explotó completamente dentro de ella.
Porque ahora entendía algo terrible.
Alexander no estaba intentando proteger solo a Isabella.
Estaba intentando mantenerlos vivos a todos.
Dante dio un paso atrás lentamente.
Como si acabara de comprender algo demasiado grande.
—La junta lo amenazó desde el principio…
Marco soltó una pequeña risa amarga.
—Y aun así siguió ocultando cosas.
Isabella comenzó a respirar más rápido.
Porque otra parte de los recuerdos estaba regresando.
La noche del accidente.
Alexander llegando desesperado.
Emma llorando junto al automóvil destruido.
Y Evelyn…
todavía viva durante unos segundos más.
Isabella sintió lágrimas acumulándose nuevamente en sus ojos.
—Ella sabía que iba a morir.
Marco bajó lentamente la mirada.
Porque él también lo sabía.
Y quizás llevaba años culpándose por eso.
Isabella continuó hablando.
La voz quebrándose poco a poco.
—Evelyn me hizo prometerle algo.
Dante permaneció inmóvil.
—¿Qué cosa?
Isabella levantó lentamente la mirada.
Y lo que respondió…
hizo que el ambiente se volviera todavía más oscuro.
—Que nunca confiara completamente en Alexander.
El silencio cayó brutalmente sobre la habitación.
Marco pasó una mano por su rostro lentamente.
Agotado.
—Evelyn pensaba que Alexander terminaría sacrificándolo todo por salvarte.
—¿Y eso es malo? —preguntó Isabella.
Marco levantó lentamente la mirada hacia ella.
Y había algo doloroso en sus ojos.
—Depende de cuánto esté dispuesto a destruir para lograrlo.
En el estacionamiento subterráneo, Alexander Vega seguía completamente inmóvil después de escuchar las palabras de Viktor Karev.
“Isabella tiene la USB.”
El mundo pareció detenerse alrededor.
Emma observó inmediatamente a Alexander.
Y por primera vez desde que lo conocía…
lo vio realmente asustado.
No era miedo por sí mismo.
Era peor.
Era miedo por Isabella.
Gabriel también lo notó.
Y eso comenzó a destruir lentamente la imagen monstruosa que intentaba construir sobre él.
Porque un hombre como Alexander no parecía temerle a la muerte.
Pero sí parecía aterrado ante la posibilidad de que Isabella estuviera en peligro.
Viktor guardó lentamente el teléfono.
—Ahora entiendes el problema.
Alexander bajó apenas el arma.
La mente funcionando demasiado rápido.
Si Isabella recordaba completamente lo de las USB…
todo terminaría explotando.
Emma habló con voz temblorosa.
—Ella no sabe lo que tiene.
Viktor la miró apenas un segundo.
—Lo descubrirá pronto.
Gabriel observó cuidadosamente a todos.
Y comenzó a darse cuenta de algo importante.
Todos parecían más preocupados por Isabella que por ellos mismos.
Eso solo podía significar algo:
la información dentro de esas memorias era muchísimo peor de lo que imaginaba.
Alexander finalmente volvió a hablar.
—¿Quién más sabe que Isabella la tiene?
Viktor sonrió apenas.
—Probablemente media organización a estas alturas.
Emma cerró los ojos desesperadamente.
—Dios mío…
Gabriel frunció el ceño.
—¿Por qué simplemente no la sacan del país?
El silencio cayó inmediatamente.
Y aquello ya fue respuesta suficiente.
Gabriel abrió lentamente los ojos.
—No la dejarán ir.
Viktor soltó una pequeña risa.
—Exacto.
La lluvia seguía cayendo violentamente afuera.
El sonido parecía llenar todos los espacios vacíos entre ellos.
Alexander comenzó a pensar rápidamente.
Rutas.
Contactos.
Opciones.
Pero el problema era otro.
Ya no sabía en quién confiar.
Y eso era peligrosísimo.
Porque si la junta ya estaba moviéndose directamente…
significaba que alguien muy arriba había perdido la paciencia.
Entonces el teléfono de Alexander vibró.
Número desconocido.
Viktor sonrió inmediatamente al verlo.
Eso no le gustó nada a Alexander.
Contestó lentamente.
—Habla.
La voz del otro lado sonó distorsionada.
Imposible de reconocer.
Pero había algo aterrador en el tono calmado con el que hablaba.
—Has cometido demasiados errores, Alexander.
El estacionamiento completo pareció congelarse.
Porque incluso Viktor guardó silencio.
La voz continuó.
—Primero Isabella. Después Emma. Ahora Gabriel Morel.
Alexander no respondió.
Pero el músculo de su mandíbula se tensó violentamente.
—Te dimos años para arreglar esto.
Emma comenzó a temblar nuevamente.
Porque conocía esa voz.
Todos dentro de la organización la conocían.
La voz de alguien a quien jamás se veía.
Jamás se nombraba.
El verdadero líder.
—¿Qué quieres? —preguntó Alexander finalmente.
Pequeña pausa.
Y luego la respuesta llegó lentamente.
Fría.
Inhumana.
—Tráenos a Isabella… o empezaremos por su hermano.
Gabriel sintió un golpe brutal en el pecho.
Emma abrió los ojos horrorizada.
Y Alexander…
por primera vez en muchos años…
pareció completamente atrapado.
Porque acababa de entender algo aterrador.
Ya no podía salvarlos a todos.