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La Heredera Que Debia Morir

La Heredera Que Debia Morir

Status: En proceso
Genre:Época / Brujas / Reencarnación
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

interesante

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CAPÍTULO 15- Sombras reveladas.

El espía se dirigió a ese lugar entre las sombras, sin ser descubierto.

Sus pasos eran ligeros, medidos… invisibles.

Se detuvo de repente al doblar una esquina.

Una puerta se abrió.

De ella salió una mujer… y junto a ella, un hombre.

Pero no caminaban juntos.

El hombre era arrastrado.

Su cuerpo temblaba, sus movimientos eran torpes, y su rostro reflejaba un miedo profundo… como si hubiera tenido un encuentro con el mismo demonio.

El espía se quedó inmóvil, observando, analizando cada detalle.

¿Qué ocurrió ahí dentro…?

Pero momentos después, la puerta volvió a abrirse.

Y esta vez…

salió una niña.

No tendría más de doce años.

Se detuvo.

Y miró directamente hacia su dirección.

El corazón del espía se tensó.

…¿Puede verme?

Esa mirada…

no era casual.

Era como si supiera que estaba ahí, acechando.

Por un instante, pensó que vendría a buscarlo.

Que lo descubriría.

Pero entonces, la mujer regresó… y la tomó del brazo, llevándosela a otra habitación.

El silencio volvió a caer.

El espía exhaló lentamente.

—Esta noche… ha sido muy interesante —susurró.

Sus ojos brillaron en la oscuridad.

—Tengo que mandar mi primer reporte.

Al día siguiente…

Había tensión en el aire.

Una tensión pesada, difícil de ignorar.

Simone visitó a Sacha.

Su estado lo decía todo.

Estaba deprimida.

Sus ojos enrojecidos, su voz quebrada…

como si hubiera pasado la noche llorando.

Le contó todo.

La cena.

El interés del emperador y de su madre.

La forma en que actuó su madre.

La mentira que dijo su padre.

Cada palabra parecía romperla un poco más.

Hasta que no pudo sostenerse.

Se arrodilló.

—Lo siento… —susurró—. Perdóname…

Sacha sintió un nudo en el pecho.

—No te sientas mal por los errores de los demás —dijo con suavidad—. Solo tienes que saber que tú no eres igual a ellos.

Pero Simone negó con la cabeza, angustiada.

—No sabes con qué desprecio habló mi madre… —dijo entre lágrimas—. Dijo que te escondieron por mi bienestar…

Su voz se quebró.

—Pero yo siempre me sentí sola… siempre quise una hermana…

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

—No sabes lo feliz que me sentí cuando te vi ese día…

Sacha guardó silencio.

—Solo pensaba… que tenía una hermana —continuó Simone—. Que podríamos ir de compras juntas… ir al instituto… que te defendería de esas señoritas envidiosas…

Una pequeña sonrisa triste apareció en su rostro.

—Porque te envidiarían… tu belleza… tus rizos naturales…

Apretó los puños.

—Y mis padres no quisieron que compartiera contigo.

Su voz se volvió apenas un susurro.

—Estoy tan dolida… tan desilusionada…

Las lágrimas caían como una cascada.

Sacha no lo soportó más.

La tomó de la mano.

—Ven.

La llevó a su habitación.

Simone se quedó inmóvil al entrar.

Pasmada.

Todo era diferente.

Elegante.

Hermoso.

Los candelabros, que en el resto de la casa eran simples velas, aquí eran de cristal.

Las cortinas, de un rosa pastel delicado, caían con suavidad.

En la cómoda, frascos finos y desconocidos brillaban tenuemente.

En una esquina, un mecanismo emitía aire frío, manteniendo la habitación fresca.

Y sobre una mesa…

chocolates envueltos en materiales que jamás había visto.

Simone giró lentamente.

—Hermana… ¿De dónde has sacado todo esto? Nunca había visto una habitación así…

es diferente, pero elegante.

Frunció el ceño.

—Y nada de esto te lo dieron mis padres.

Hizo una pausa, y luego añadió con ironía:

—Si mi madre ve esto… le da un infarto.

Se muere, revive para quitártelo… y se vuelve a morir.

Sacha esbozó una leve sonrisa.

—Y eso que no has visto mi cocina… o mi lugar de entrenamiento.

Simone la miró, confundida.

—¿Cocina…? ¿Entrenamiento?

—Sí.

—…Esto es asombroso.

Luego volvió a mirarla con seriedad.

—Pero dime, ¿cómo conseguiste todo esto?

Mi padre no te da dinero… y tú no sales de aquí…

Sus ojos se estrecharon.

—¿Tu nana te lo trae?

Sacha negó lentamente.

—¿Recuerdas que te dije que tenía un secreto que contarte?

Simone asintió.

—Sí… pero no pudimos hablar.

—Escúchame atentamente —dijo Sacha—. Y no me interrumpas.

El ambiente cambió.

Se volvió más denso.

Más serio.

—No sé qué sabes sobre esto… nunca hablamos de ello, y me daba miedo preguntarte.

Bajó la mirada.

—Al principio pensaba que eras como ellos…

por eso nunca intentaste buscarme, aunque viviéramos tan cerca.

Respiró hondo.

—Siempre te vi tan altiva… tan feliz con tu madre… y hasta cierto punto te odié.

Simone se tensó.

—Porque tú sí… y yo no.

Silencio.

—Con el tiempo dejé de esperar… y dejé de sentir.

Alzó la mirada.

—No sentía odio… ni envidia… pero tampoco amor.

Su voz se volvió distante.

—Para mí… eran extraños.

—Hasta que un día… todo cambió.

—Tuve un sueño extraño…

—Y cuando desperté…

Su voz bajó.

—Todo en la habitación estaba flotando.

Simone abrió los ojos.

—Alcé mis manos… y todo parecía obedecerme.

Los objetos comenzaron a elevarse.

Simone contuvo el aliento.

—Intenté que bajaran… pero todo se desordenó.

De repente, los objetos cayeron caóticamente.

Simone dio un pequeño salto.

—Entonces señalé… y todo lo que apuntaba se movía.

Uno por uno…

los objetos regresaron a su lugar.

Perfectamente.

—Tenía miedo —continuó Sacha—. Pensé que si hablaba… todo sería peor.

Respiró hondo.

—Así que guardé el secreto.

—Pasaron dos años… y nadie lo sabía, ni siquiera mi nana.

—Pero comencé a sentir que me faltaba algo.

Su mirada se volvió más intensa.

—Así que decidi investigar.

—Pedí acceso a la biblioteca.

—Ahí te conocí de cerca… y aunque tenía mi reservas… me caíste bien.

Simone bajó la mirada.

—Intenté escapar para investigar más… pero mi nana me descubrió.

—Y entonces… se lo conté.

—Ella comenzó a ayudarme.

—Incluso trajo a un guardia para enseñarme lo básico con la espada.

Simone levantó la mirada, sorprendida.

—Dijo que debía aprender a defenderme…

Su voz se volvió más baja.

—Porque si el templo se enteraba de mi poder… podrían juzgarme como hereje… y condenarme a muerte.

El aire se volvió frío.

—Así que debía estar preparada para escapar.

—Un día… durante el entrenamiento… estaba frustrada y agotada.

—El guardia dijo que necesitaba resistencia… entrenar mi cuerpo.

—Pero… ¿cómo? Si estaba encerrada.

—No podía salir… ni siquiera al patio.

Cerró los ojos.

—Entonces imaginé algo… algo con lo que pudiera correr aquí dentro…

Hizo una pausa.

—Y lo deseé.

Abrió los ojos.

—Y apareció.

Silencio.

—Así descubrí… que todo lo que imaginaba…

si lo deseaba con fuerza…

Alzó la mano.

—Aparecía en mis manos.

Una tiara surgió.

Hermosa.

Imposible.

Y con suavidad, la colocó sobre la cabeza de Simone.

Simone se quedó en silencio.

Inmóvil.

Como si estuviera en un trance.

El tiempo pareció detenerse.

Sacha comenzó a inquietarse.

—Simone…

Nada.

—Di algo…

Entonces—

Simone comenzó a temblar.

Levantó la mano lentamente… y la señaló.

—Eres… una bruja.

El corazón de Sacha se rompió.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

Pero entonces—

Simone se acercó.

Con delicadeza.

Secó sus lágrimas.

Y la abrazó.

Fuerte.

Cálido.

Real.

Al separarse, le sonrió con dulzura.

—Lo siento… no quise decirlo así.

Respiró hondo.

—Estoy emocionada… y sí, tengo miedo.

Negó suavemente.

—Pero no de ti.

Sus ojos se suavizaron.

—Sé que eres buena… si quisieras hacerme daño, ya lo habrías hecho.

Sacha la miró en silencio.

—Esto es nuevo para mí… nunca pensé presenciar algo así.

Su expresión se volvió seria.

—Y tu nana tiene razón.

El ambiente volvió a tensarse.

—Si el templo se entera… vendrán por ti.

Una pausa.

Más fría.

—Y mis padres…

Su voz se endureció.

—Serían capaces de entregarte ellos

mismos… con tal de quedarse con todo esto.

Pero no estaban solas.

A lo lejos…

entre las sombras de un árbol, alguien observaba.

El guardia que no se rendía.

Estaba tan concentrado, tan absorto en lo que veía…

que por un instante casi pierde el equilibrio.

Sus ojos estaban abiertos de par en par.

Su respiración, contenida.

Magia… real.

No eran rumores.

No eran sospechas.

Era una amenaza.

Era… una herejía.

Sus labios se tensaron.

—Así que es verdad…

Su mirada se endureció.

—Esa niña… es una bruja.

Se deslizó del árbol con cuidado.

Sin hacer ruido.

Pero con la mente en ebullición.

Esto… lo cambiaba todo.

—El templo debe saberlo.

Y sin perder un segundo más…

desapareció entre las sombras.

Esa misma noche…

una carta comenzó a escribirse.

Y con ella… el inicio de algo mucho más peligroso.

1
Stephani Rivera
me gusta que estas hermanastras se lleven bien y no como en algunas obras que solo es envidia y odio🥰
Ana Tello
Hermosa historia
Ana Fernandez
el comienzo es interesante, aunque bastante cliché a ver cómo sigue
Stephani Rivera
bueno tiene un comienzo algo peculiar
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