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Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Reina ENTRÉ LAS SOMBRAS

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance oscuro / Acción
Popularitas:418
Nilai: 5
nombre de autor: rosse 345

​"Luna murió en las calles para que Rose pudiera reinar en las sombras."
​Mi madre me llamó Luna Mongoberry al nacer, esperando quizás que fuera una luz suave en medio de la miseria. Pero la luz no te alimenta cuando tienes hambre, ni te protege cuando el mundo decide convertir tu vida en un infierno. Mi infancia no fue un cuento; fue una guerra de supervivencia que consumió cada rastro de nobleza y amabilidad que alguna vez tuve.
​Decidí dejar atrás a la niña débil. Me convertí en Rose Mongoberry, conservando el apellido que es sagrado para mí porque le perteneció a ella, pero transformando mi alma en algo mucho más letal. Rose tiene espinas, Rose quema, y Rose no perdona.
​En el mundo de la mafia, donde los hombres creen que las mujeres son solo trofeos, yo he venido a demostrar que soy el verdugo.
Bienvenidos a mi reino. Aquí, las rosas no huelen a perfume; huelen a pólvora y victoria.

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Capítulo 15: Mi Lugar Feliz

​Hana me miraba con una mezcla de nostalgia y duda. Tuve que mantener la máscara.

—Estoy viviendo con un tío, Hana. Estoy bien, no te preocupes —le mentí sin parpadear.

—¿Puedo ir a visitarte el lunes? —insistió ella.

—Mejor luego. Mi tío es muy estricto con las visitas —señalé al Pistolero, quien se mantenía serio a mi lado—. Vámonos, tío.

​Hana se despidió con la mano, convencida de que yo seguía siendo la Luna indefensa que ella conoció. No sabe que esa Luna ya no respira. En el auto, el Pistolero soltó una carcajada.

—¿Así que ahora soy tu tío?

—Es mejor que sepa eso a que sepa en qué me he convertido —respondí fría.

​El Matadero

​—Pistolero, quiero una de las bodegas abandonadas. Quiero convertirla en mi "lugar feliz".

El Tumba, que venía conduciendo, casi se sale del camino.

—¿Lugar feliz? ¿En qué lo vas a convertir, Reina?

—En un matadero —sentencié—. Con pinzas, cuchillos, ganchos y una zona de tiro al blanco. Quiero que todo esté listo para cuando traigamos a Pedro.

​El silencio en la camioneta fue sepulcral, hasta que el Pistolero sonrió.

—Cada día me sorprendes más, niña.

​Aproveché el momento para preguntarles por sus nombres de guerra. El Pistolero me contó que se lo puso porque nunca había empuñado un arma hasta el día que decidió vengarse. El Tumba, por su parte, solo quería enterrar su pasado para siempre. Reímos un rato, una risa extraña en medio de tanta oscuridad.

​—Deberías terminar tus estudios —sugirió el Pistolero—. Podemos contratar a alguien.

—Ahora no —intervine—. No tendré paz para estudiar hasta que mi venganza esté completa.

​La construcción del caos

​Llegamos a la casa y, tras una cena llena de bromas con la señora Olga, salí al patio. El Tumba y el Pistolero fumaban relajados. El olor era asqueroso.

—¿Por qué fuman? —pregunté arrugando la nariz.

—Me distrae —dijo el Tumba.

—Me relaja —añadió el Pistolero.

—Huele horrible —me burlé.

—Tú tienes prohibido fumar y beber, Reina —me advirtió el Pistolero con tono autoritario—. Puedes ser una asesina, pero bajo este techo yo mando en eso.

—¡Qué malvado! —le dije riendo—. El hombre que mata gente me prohíbe un cigarro.

​A la mañana siguiente, la adrenalina me despertó temprano. Fui a la bodega abandonada y empecé a imaginar cada rincón. Llamé al Tumba a gritos.

—¡Tumba! Préstame dinero. Necesito comprar cosas para mi lugar.

—La confianza apesta —refunfuñó él, pero aceptó—. Me lo pagas con intereses, ¿oíste? Al doble cuando empieces a ganar tu propio dinero.

​Llamamos al Pistolero para avisar que saldríamos de compras. Él aceptó, pidiendo discreción. En la camioneta, traté de convencer al Tumba de que me enseñara a manejar.

—Cuando cumplas diecinueve, quizás. Por ahora, que te lleven los muchachos. Ya todos te tienen miedo, nadie se atreverá a tocarte.

—Me encanta que me tengan miedo, Tumba. Esa es la idea.

​Pasamos la tarde comprando herramientas que harían temblar a cualquiera. La gente en el pueblo me miraba raro al ver a una chica de mi edad comprando cadenas y ganchos industriales, pero solo decía que era un mandado y seguía adelante.

​Pasé el resto del día y parte de la noche organizando mi nuevo santuario. Al terminar, miré la bodega transformada. Estaba perfecta. Era oscura, fría y eficiente. Mi primer "hogar" de verdad. Me sentí extrañamente feliz, adaptada a esta nueva familia de sombras. Mañana, el entrenamiento se pondría serio.

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la potaxia 63
☺️🤭
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