Valeria, una exitosa empresaria, se aleja de todo para descansar y encuentra a un hombre herido sin memoria. Al cuidarlo, surge un amor profundo entre ellos. Pero cuando él recupera su identidad, regresa con su esposa e hijo y descubre una traición peligrosa: su esposa solo lo quiere por dinero y planeó matarlo. Ahora debe elegir entre su pasado o el amor verdadero.
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Jugando con fuego
Daniel cerró la computadora con cuidado.
Su mente iba más rápido que nunca.
Ya no había dudas.
Laura y ese hombre —Andrés— no solo estaban involucrados… estaban organizando todo.
Y él era el objetivo.
Pero ahora el juego había cambiado.
Porque Daniel ya sabía.
Respiró hondo.
Miró a Mateo, que seguía distraído en la sala.
Ese era su punto débil.
Y también… su mayor razón para seguir.
—Todo va a estar bien… —murmuró para sí mismo.
Aunque no estaba seguro de eso.
Esa tarde, decidió salir.
—Voy a dar una vuelta —le dijo a Mateo.
—¿Puedo ir?
Daniel dudó un segundo.
—No esta vez.
No podía arriesgarlo.
Al salir, su actitud cambió.
Ya no era el hombre confundido.
Era alguien que estaba empezando a reconstruirse.
Y a defenderse.
Su destino fue claro.
Debía encontrar a Andrés.
No podía esperar más.
Después de investigar discretamente, encontró una dirección.
Una oficina elegante.
Demasiado perfecta.
Daniel entró.
—¿Tiene cita? —preguntó la recepcionista.
—Dígale que Daniel está aquí.
Minutos después…
Estaba frente a él.
Andrés Salazar.
—Pensé que estarías muerto —dijo Andrés.
Daniel no reaccionó.
—Eso parece decepcionarte.
Andrés sonrió.
—Depende… ¿recuerdas algo?
—Lo suficiente.
La tensión era palpable.
—Esto no es personal —dijo Andrés—. Es negocio.
—Intentar matarme no es negocio.
—Cuando hay millones… todo lo es.
—¿Y Laura? —preguntó Daniel.
Andrés sonrió.
—Ella eligió su lado.
Eso bastó.
—Esto no termina aquí —dijo Daniel.
—Ya empezó —respondió Andrés—. Y tú vas perdiendo.
Daniel no respondió.
Se giró.
Y salió.
No era momento de atacar.
Era momento de pensar.
Al regresar a casa, todo parecía normal.
Laura estaba tranquila.
Demasiado tranquila.
—Llegaste tarde —dijo.
—Tenía cosas que hacer.
Ella lo observó.
—Estás diferente.
—Siempre lo he estado.
Silencio.
Esa noche, Daniel no durmió.
Pero no por miedo.
Por estrategia.
Se levantó en silencio.
Entró al estudio.
Y comenzó a copiar información.
Archivos.
Pruebas.
Todo.
Correos.
Transferencias.
Firmas.
Cada documento confirmaba lo mismo:
Traición.
Plan.
Dinero.
Pero necesitaba más.
Mucho más.
Revisó fechas.
Comparó movimientos.
Y encontró algo clave.
Una transferencia reciente.
Muy grande.
A nombre de una empresa fantasma.
Daniel tomó nota.
Ese era el punto débil.
Guardó todo en un dispositivo.
Lo ocultó con cuidado.
Y apagó la computadora.
Antes de salir, se detuvo.
Pensando.
Esto no era solo defensa.
Era el inicio de su contraataque.
Volvió a la habitación.
Mateo dormía tranquilo.
Daniel lo observó.
Y sintió algo firme dentro de él.
No iba a fallar.
No esta vez.
Se sentó en la cama.
Cansado.
Pero despierto.
Y entonces pensó en ella.
Valeria.
En su calma.
En su mirada.
En la única persona con la que se sintió realmente a salvo.
Y entendió algo importante.
Ella no fue un error.
Fue la verdad.
Pero ahora…
Su realidad era otra.
Más oscura.
Más peligrosa.
Y si quería sobrevivir…
Si quería proteger a su hijo…
Y destruir a quienes intentaron matarlo…
Tenía que dejar de huir.
Y empezar a jugar mejor.
Porque en este juego…
El que duda…
Pierde.
Y Daniel…
Ya no pensaba perder.