Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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LA LUNA SANGRIENTA – VENGANZA QUE CONSUME
Mientras me recuperaba de los efectos del castigo de la emperatriz viuda, jugaba al ajedrez con Elle sobre una mesa de mármol blanco. Mis dedos movían las fichas con precisión, hasta que me detuve en una pieza de madera oscura con el nombre de mi madrastra grabado en letras doradas.
"El juego se está poniendo interesante," dije con una sonrisa sutil, moviendo la ficha hacia una casilla roja – "Ahora que mi madrastra ya no tiene valor para mi padre, va a ser la próxima en mi lista."
Elle frunció el ceño, confundida. "No entiendo, mi señora. ¿A qué se refiere?"
Yo levanté la mirada hacia la ventana, donde la luna comenzaba a asomarse. "Verás, querida... haré que mi madrastra pierda lo más valioso que una mujer de su clase puede tener: su reputación. En la historia original, fue ella quien contrató a un hombre para difamar a mi madre – la verdadera concubina de mi padre. Mi madre fue encontrada con ese hombre, asesinada brutalmente, y mi padre borró todo rastro de ella, diciendo que yo era hija de un abuso a una criada sin valor."
Pensé con rabia en la memoria de mi madre, mientras mis dedos apretaban la ficha hasta casi romperla: "Ojo por ojo, diente por diente. Ella pagará por lo que hizo, y peor aún."
Le tendí una orden a Elle con voz seria: "Querida Elle, saldrás del palacio – Víctor te dejará pasar sin problemas. Ve con el gremio y pídele que preparen un espectáculo maravilloso para mi madrastra. Asegúrense de que sea encontrada con un amante más joven que ella. Además, mañana visitaremos a la condesa Teresa – necesitamos que ella ayude a difundir la noticia cuando el momento llegue."
Mientras tanto, mi padre – desesperado por tener un nuevo heredero después de que Ricardo quedara totalmente imposibilitado – había tomado una nueva concubina. Era una joven del burdel que yo había elegido y preparado en secreto; aún mantenía su inocencia y había usado trucos de seducción y asociación para hacer que mi padre la adorara. Mi madrastra, Clara, había perdido todo su poder – mi padre ya no la visitaba, y su influencia en la mansión se desvanecía como el humo.
Mi madrastra, creyendo que ya no representaba amenaza alguna, se reunió en secreto con un joven noble que ella había conocido meses atrás. Pero mis sirvientes infiltrados en la mansión le habían puesto una droga en su copa de vino, haciendo que perdiera el control de sus actos. Justo cuando estaban juntos, los guardias del conde – avisados por mi gremio – irrumpieron en la sala, acompañados por nobles y damas de la corte que habían sido invitadas "por casualidad".
En cuestión de horas, toda la capital conocía el escándalo. La noticia se extendió como un incendio, y el consejo de nobles decidió aplicar el castigo máximo: ser azotada hasta morir en la plaza principal. Se ordenó que todas las damas de la corte, concubinas y la emperatriz asistieran al juicio – una muestra de la ley imperial.
La multitud llenaba cada rincón de la plaza. Mi madrastra estaba atada a un poste, con la boca amordazada – los condenados no tenían derecho a hablar. Yo llegué vestida con un vestido blanco como la nieve, y al verla, dejé caer lágrimas que parecían de auténtica compasión.
Me acerqué hasta ella y la abracé con ternura, mientras susurraba en su oído con voz helada: "Pobre cosa tonta... caíste en mi trampa. Mataste a mi madre de esta misma manera, y mira cómo terminaste. Tu reputación está destruida, y ahora mírate. Sabes qué, querida madrastra – voy a acabar con tu hija muy pronto. Ella será la siguiente, y me aseguraré de que su sufrimiento sea peor que el tuyo."
Mi madrastra empezó a llorar, tratando de gritar pero sin poder hacerlo. Yo le di un beso en la frente, luego me arrodillé en el suelo y empecé a orar por su alma con una voz clara y emocionada. La multitud la aplaudió, viéndome como una santa de corazón puro e inmaculado.
"Dios mío," murmuraba una noble – "Qué bondad tiene la concubina Lobelia, aún orando por la mujer que tanto daño le hizo a su familia."
La ejecución comenzó, y mi madrastra fue azotada hasta la muerte. Rosa, que estaba entre el público, se desmayó de dolor – perder a su madre fue el golpe más fuerte que le pudieron dar. Al día siguiente, el emperador dio su decreto:
"La madre de Rosa Seceet fue condenada por adulterio. Su reputación ha manchado a su hija, por lo tanto Rosa será degradada de princesa a concubina del príncipe Taylor. Se buscará una nueva princesa para Taylor, según la ley imperial."
La emperatriz viuda María, debilitada por el veneno que Lucía le administraba cada día, escuchó la noticia con una expresión seria. "Esa maldita Lobelia," susurró entre dientes – "Estoy segura de que fue ella quien organizó todo. Desde que la vi por primera vez lo supe: esa mujer es como un dragón feroz que viene a quemar todo a su paso."
Decidió llamar a una adivina, una mujer anciana con poderes legendarios, para que le revelara el futuro del imperio. La adivina cerró los ojos y comenzó a hablar con voz profunda y oscura:
"Señora... veo que este imperio prosperará y llegará a la cúspide del poder, pero se derramarán mares de sangre para alcanzarlo. Una luna sangrienta está por resurgir – una nueva luna teñida de sangre y violencia que se convertirá en un dragón enorme y feroz. Todo lo que se interponga en su camino será quemado por sus llamas. El fénix que una vez fue puro y resplandeciente ha retornado convertido en este dragón. Escalará hasta lo más alto, y nadie escapará de su furia... nadie escapará."
La emperatriz viuda se quedó helada, comprendiendo que el dragón del que hablaba la adivina era nadie más que yo Lobelia – la mujer que estaba a punto de tomar el control de todo el imperio.
Mientras la ciudad dormía, yo me quedaba en mi sala de estar, mirando el trono vacío que había colocado en un rincón como símbolo de lo que vendría. Elle entró con una carta en la mano: "Mi señora, la condesa Teresa informa que los nobles ya están discutiendo sobre la nueva princesa para Taylor. Nuestra candidata está lista."
Yo sonreí y levanté una copa de vino rojo, brindando hacia la luna que brillaba en el cielo: "El juego está a punto de terminar, y yo seré la ganadora. Rosa será la próxima en caer, la emperatriz viuda se muere lentamente, y el emperador está más enamorado que nunca. Pronto el trono será mío, y este imperio conocerá la verdadera grandeza bajo mi mando."