Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 13: Lo que interrumpe la calma
El carruaje avanzaba de nuevo con normalidad, pero aquella sensación ligera que había quedado tras el momento entre ambos no duró mucho. Afuera, el sonido de los cascos de los caballos comenzó a cambiar, ya no era constante ni uniforme, había cierta desorganización, como si los guardias ajustaran posiciones sin dar aviso.
Elliot lo notó primero.
Su expresión cambió apenas, pero suficiente para que Polet lo percibiera.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, enderezándose un poco.
Elliot no respondió de inmediato, solo alzó una mano indicando silencio mientras agudizaba el oído. Entonces, un grito a lo lejos rompió la aparente tranquilidad.
Y todo pasó demasiado rápido.
El carruaje se detuvo bruscamente.
Polet se sostuvo como pudo del asiento, mientras su corazón comenzaba a latir con fuerza.
—Majestad —se escuchó desde afuera—, tenemos movimiento en el bosque.
Elliot abrió la puerta del carruaje sin dudar.
—Quédate aquí.
—No— respondió Polet casi de inmediato, sujetando ligeramente su brazo sin pensar— no me dejes sola.
Elliot la miró por un segundo. Había miedo en sus ojos, uno real, muy distinto al de su sueño.
No discutió.
—Entonces no te separes de mí.
Ambos bajaron del carruaje.
El ambiente había cambiado por completo. Los guardias estaban en posición, algunos con las manos en sus espadas, otros observando fijamente la línea de árboles que rodeaba el camino. El viento soplaba con más fuerza, moviendo las hojas, creando sonidos que confundían aún más la tensión del momento.
—¿Qué vieron? —preguntó Elliot con firmeza.
—Movimiento entre los árboles, majestad, no parecen animales —respondió uno de los soldados.
Polet sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Bandidos? —susurró.
—O algo peor —contestó Elliot sin apartar la vista del bosque.
El silencio se volvió pesado.
Demasiado.
Y entonces…
Una flecha.
Atravesó el aire con fuerza y se clavó en el suelo a pocos pasos de ellos.
Polet dio un pequeño grito, retrocediendo instintivamente, pero Elliot reaccionó de inmediato, colocándose frente a ella.
—¡Protejan el carruaje! —ordenó con voz firme.
Otra flecha salió disparada.
Y luego otra.
Los guardias comenzaron a moverse, cubriendo posiciones, desenfundando espadas. El caos contenido estalló en cuestión de segundos.
—Son emboscadores —dijo uno de los soldados.
Elliot tomó la mano de Polet con fuerza.
—No te sueltes.
Ella asintió, aunque sus manos temblaban.
Desde el bosque comenzaron a salir figuras, hombres cubiertos parcialmente, armados, avanzando con rapidez hacia el camino. No eran muchos, pero sí suficientes para representar una amenaza.
Polet sintió que el aire le faltaba.
Todo era demasiado rápido, demasiado real.
—Elliot… —murmuró, aferrándose a su mano.
Él no respondió, su atención estaba completamente en lo que ocurría, evaluando cada movimiento, cada posible riesgo.
Un hombre se lanzó hacia ellos.
Elliot reaccionó al instante, soltando a Polet solo para interponerse y desviar el ataque con precisión. El sonido del metal chocando resonó con fuerza. El agresor retrocedió, pero no se detuvo.
Polet dio un paso atrás, el corazón desbocado.
Nunca había visto algo así.
Nunca había estado en peligro real.
Uno de los atacantes logró acercarse más de lo debido. Todo ocurrió en segundos. Polet no lo vio venir hasta que ya lo tenía frente a ella.
Se quedó paralizada.
El miedo la detuvo por completo.
—¡Polet!
La voz de Elliot rompió su inmovilidad.
Pero no fue suficiente.
El hombre levantó su arma.
Y justo cuando parecía que no había tiempo—
Elliot la jaló con fuerza hacia él, girando su cuerpo para cubrirla. El golpe no alcanzó a herirlos, pero pasó lo suficientemente cerca como para cortar el aire entre ambos.
Polet quedó completamente pegada a él, su respiración agitada contra su pecho.
—Mírame —dijo Elliot con firmeza.
Ella levantó la vista, temblando.
—No te quedes quieta otra vez.
Polet asintió, aunque el miedo seguía ahí, clavado en su pecho.
Los guardias comenzaron a imponerse poco a poco, obligando a los atacantes a retroceder. Algunos huían, otros caían, y el sonido del enfrentamiento comenzaba a disminuir.
Pero la tensión no desaparecía.
No del todo.
Elliot no soltó a Polet.
Y ella tampoco se apartó.
Porque en medio del caos, algo había quedado claro.
Esto no era un simple viaje.
Y aquello que intentaban evitar… ya había comenzado.