📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
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Capítulo 4: La prueba de fuego
El celular parecía quemarme la palma de la mano. "Todavía tengo la nota". Esas cuatro palabras se repetían en mi cabeza como una canción rayada. Mis pensamientos se atropellaban unos a otros: ¿Y si es alguien que me conoce y me está gastando una broma? ¿Y si es un error y solo busca a otra Emma Rodríguez?
Me senté en el borde de la cama, con la foto vieja de la escuela aún entre mis dedos. Miré al niño de la imagen, ese Julián de sonrisa ladeada, y luego miré la pantalla. Tenía que estar segura. No podía dejar que mi timidez me hiciera huir, pero tampoco podía entregarle mis recuerdos a un extraño.
—Solo él lo sabría —susurré, sintiendo cómo el frío de los nervios me recorría la espalda.
Desbloqueé el teléfono. El cursor parpadeaba en el chat de Instagram, esperando. Mis manos sudaban, igual que aquel día en el recreo. Escribí y borré tres veces, hasta que finalmente me armé de valor.
Emma_Rod: "Si de verdad eres tú... dime qué color de papel era la nota y qué dibujo tenía en la esquina. Solo el Julián que yo conocí sabría eso".
Lancé el celular lejos, sobre la almohada, y me puse de pie. Empecé a caminar en círculos por mi habitación, contando mis pasos como si estuviera en la fábrica. Uno, dos, tres... giro. Uno, dos, tres... giro.
Pasaron cinco minutos que parecieron horas. El televisor seguía encendido, mostrando una escena de un beso bajo la nieve, pero para mí, el drama real estaba ocurriendo en ese aparato silencioso sobre mi cama.
De repente, el ping de la notificación me hizo dar un salto.
Con el corazón en la garganta, gateé por la cama y tomé el celular. Mis ojos se empañaron antes de que pudiera leer la respuesta completa.
J_Castillo94: "Era una hoja de cuaderno de cuadritos, pero la habías arrancado con prisa porque tenía los bordes desiguales. Y en la esquina de abajo, habías dibujado una carita feliz con una corona de princesa, aunque te salió un poco chueca porque estabas temblando cuando me la diste. Emma... nunca olvidé ese dibujo. Me tomó meses entender que esa corona era para ti".
Me dejé caer de espaldas, apretando el teléfono contra mi pecho. Era él. No había duda alguna. Era el mismo niño que se sentaba a mi lado en silencio, el mismo que me devolvió el "Sí" cuando yo pensaba que nadie me veía.
Sentí una mezcla de pánico y una alegría tan pura que me asustó. Él me había recordado. Durante todos estos años en los que yo me sentía invisible, en los que trabajaba entre cuero y suelas creyendo que mi vida era una película aburrida, alguien guardaba mi corona de princesa en una enciclopedia vieja.
Pero ahora venía lo más difícil. Ahora que sabía que era él, ¿cómo seguía la conversación? ¿Cómo se supone que una chica que apenas habla con sus compañeros de trabajo le cuenta a su amor de la infancia que nunca dejó de quererlo?