NovelToon NovelToon
Latidos En La Cumbre

Latidos En La Cumbre

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Elara, una veterinaria de élite en Seattle, lo pierde todo tras una negligencia médica provocada por el estrés de un matrimonio abusivo. Buscando anonimato, se muda a Valle Sombrío para dirigir un refugio de animales al borde de la quiebra. Su llegada choca frontalmente con Jason, un hombre huraño y misterioso que vive en una cabaña aislada tras un accidente en el cuerpo de rescate que le dejó una cojera permanente y un alma cerrada bajo llave.

​La rivalidad estalla cuando Elara intenta modernizar el refugio, mientras Jason cree que la naturaleza debe seguir su curso. Sin embargo, la aparición de animales heridos con marcas de redes ilegales los obliga a unir fuerzas. Entre el frío de la montaña y la calidez del refugio, Elara y Jason descubrirán que las cicatrices más profundas no son las que se ven, sino las que sanan cuando alguien decide quedarse.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 16

La noche en Valle Sombrío era un manto de terciopelo negro que parecía presionar contra las ventanas del refugio. Afuera, el viento gemía entre los pinos, pero dentro, el calor de la chimenea creaba un círculo de luz ámbar que obligaba a la honestidad. No era una noche para planes ni para estrategias; era una noche para las verdades que solo se dicen cuando el fuego es el único testigo.

​Jason estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la piedra fría de la chimenea. Su pierna derecha, la que siempre mantenía estirada con una rigidez defensiva, descansaba cerca de las brasas. Elara se sentó frente a él, con una manta sobre los hombros, observando cómo las llamas bailaban en las pupilas grises del hombre que se había convertido en su sombra protectora.

​La traición en el hielo

​Jason rompió el silencio. No empezó con un preámbulo, sino con el sonido de una memoria que cruje.

​—Todo el mundo en el pueblo piensa que fue el azar. Que la montaña simplemente decidió que ese día me tocaba a mí —dijo, su voz era un murmullo que se fundía con el siseo de la leña—. Pero la montaña no es traicionera; la gente lo es.

​Hizo una pausa y su mano viajó inconscientemente hacia su rodilla, apretándola con fuerza.

​—Era un rescate en el Glaciar de la Viuda. Oficialmente, buscábamos a dos senderistas perdidos. Pero mi compañero de entonces, el hombre que sostenía mi cuerda de seguridad, tenía otros planes. Resultó que los "senderistas" eran traficantes de reliquias que se habían quedado atrapados con un cargamento de oro de las minas antiguas. Mi compañero había cobrado por adelantado para asegurar que ellos bajaran... y que nadie más lo hiciera.

​Elara contuvo el aliento. Vio cómo la mandíbula de Jason se tensaba hasta que los músculos de su cuello sobresalieron.

​—Cuando llegamos a la cornisa, él cortó la tensión de la línea en el momento exacto de un desprendimiento de placa. No fue un error, Elara. Vi sus ojos antes de caer. Él necesitaba que yo fuera el "accidente" que justificara el fracaso del rescate oficial mientras él sacaba el botín por la ruta sur. Caí cuarenta metros. El impacto me destrozó la articulación, pero fue el frío lo que terminó el trabajo. Seis horas esperando a que el equipo de apoyo me encontrara, sabiendo que el hombre en el que confiaba mi vida me había dejado allí para que el hielo me devorara.

​Jason bajó la vista hacia sus manos, que temblaban ligeramente.

—Perdí mi carrera, mi equipo y la fe en cualquier cosa que caminara sobre dos piernas. Me volví este monstruo huraño porque en el bosque, al menos, sabes que el depredador te matará por hambre, no por una bolsa de monedas.

​Elara sintió una oleada de empatía que le escoció en la garganta. Extendió la mano y, por primera vez, dejó que sus dedos rozaran los de él sobre la alfombra. Jason no se retiró; su piel estaba ardiente, cargada de una rabia vieja que empezaba a enfriarse.

​—A mí no me dejaron en un glaciar —susurró Elara, su voz apenas audible sobre el viento—. Pero Marcus construyó un glaciar dentro de nuestra casa.

​Levantó la vista, encontrando la mirada de Jason. Ya no había máscaras de "doctora de élite". Solo quedaba la mujer que había aprendido a pedir permiso para respirar.

​—Al principio, sus críticas parecían consejos. "Esa sutura pudo ser más limpia, Elara", o "Estás demasiado cansada para operar hoy, déjamelo a mí". Poco a poco, fue ocupando todo mi espacio. Marcus no quería mi amor; quería mi anulación. Me hacía dudar de lo que veía con mis propios ojos. Si un paciente tenía una complicación, él se encargaba de que yo sintiera que era por mi incompetencia, aunque hubiera seguido el protocolo al pie de la letra.

​Elara apretó la manta contra su pecho, como si intentara protegerse de un golpe que ocurrió hace años.

​—El día que decidí irme, me dijo que sin él, yo no era más que una carnicera con suerte. Que nadie en el mundo médico volvería a confiar en unas manos "tan inestables" como las mías. El control psicológico es como una cirugía sin anestesia, Jason. Te abren por dentro y te quitan la voluntad, y cuando terminan, te dan las gracias por haberte dejado operar. Esa nota que encontré... es su forma de decirme que la anestesia se ha terminado. Que viene a terminar el trabajo.

​El silencio que siguió fue denso, pero ya no era incómodo. Sus historias se habían entrelazado en el aire de la habitación, dos relatos de traición y supervivencia que encajaban como las piezas de un hueso roto que intenta sanar.

​Jason se inclinó hacia ella. Su rostro estaba a pocos centímetros del de Elara, iluminado por el último resplandor de las brasas. El odio que sentía por Miller o por "Los Recolectores" palidecía ante la furia protectora que sentía ahora por la mujer que tenía enfrente.

​—Él no te va a volver a operar, Elara —dijo Jason, y su voz era una promesa tallada en granito—. Ni él, ni Miller, ni nadie.

​Sus frentes se tocaron suavemente. Fue un contacto lleno de estática y reconocimiento. En ese momento, las cicatrices de ambos dejaron de ser marcas de vergüenza para convertirse en medallas de guerra. Jason puso su mano grande en la nuca de Elara, atrayéndola hacia él en un gesto que era mitad consuelo, mitad reclamo.

​—Estamos rotos, Jason —susurró ella contra sus labios.

​—Sí —respondió él, cerrando los ojos—. Pero las cosas rotas pueden ser mucho más afiladas que las nuevas. Y ellos no tienen ni idea de lo que somos capaces de hacer para defender lo que nos queda.

​ ellos dos abrazados frente a las cenizas de la fogata. Elara apoyó la cabeza en el hombro de Jason, escuchando el latido de su corazón, un ritmo sólido que ahogaba el murmullo de sus miedos. El pasado ya no era una sombra que los perseguía; era el combustible que alimentaría la hoguera de su resistencia. Valle Sombrío ya no era su refugio, era su campo de batalla, y por primera vez, ambos sabían que la victoria era la única opción para no volver a desaparecer en el hielo.

1
Carmen Malpica
Excelente novela
Felisa Bendisky
excelente novela felicitaciones a la escritora súper recomendado 🥰👏👏👏
Toña Chong Montes
Después de haber leído tantas historias aquí,está novela me fascinó,con una narración limpia,bonita,con toques románticos y de aventura.👏👏👏👍👍👍
Antonia Garcia
muy bonita historia gracias por compartir
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
celimar
Hasta el momento me parece interesante 🥰🥰🙏🏽
Celina Espinoza
me gusta🥰/Pray/
Celina Espinoza
excelente historia 🥰😍🙏
Lobelia ❣️
🙏😘😊
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play