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Juez De Sombras

Juez De Sombras

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lilian es la hija "perfecta" de un juez implacable, pero su vida de cristal se rompe cuando Killian, el heredero de un imperio criminal, la secuestra para vengarse de su padre. Sin embargo, el cautiverio no es lo que ella esperaba. Killian no busca su cuerpo, busca corromper su alma. Entre juegos mentales, traiciones familiares y una atracción prohibida, Lilian descubrirá que la línea entre el odio y la obsesión es de sangre. ¿Podrá escapar del monstruo, o descubrirá que ella es más peligrosa que él?

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Capitulo 16

La casa de seguridad frente a la costa era un refugio de cristal y salitre. El sonido de las olas rompiendo contra los acantilados de granito era lo único que llenaba el silencio de las madrugadas. Sin embargo, dentro, el ambiente era eléctrico. No era la tensión del miedo, sino la de una estrategia que finalmente tomaba forma.

Killian e Lilian estaban sentados frente a una mesa llena de pantallas y carpetas desbordantes. El aire olía a café cargado y al aroma metálico de los equipos electrónicos encendidos durante horas. Lilian , con el hombro todavía vendado bajo una camisa de seda gris, movía el cursor sobre una base de datos con precisión. Había descubierto que el poder de su padre no residía en su dinero, ni siquiera en sus matones, sino en la percepción. El Juez era un símbolo de integridad; su reputación era su armadura.

—Si lo matamos ahora —dijo Killian, apoyando los codos en la mesa y observándola con esa mirada que era mitad devoción y mitad análisis táctico—, morirá como un mártir. La ciudad llorará al "gran hombre" caído a manos de la mafia. Sus socios simplemente pondrán a otro títere en su lugar y nada cambiará.

Lilian asintió, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con la brisa marina.

—No quiero que muera como un héroe —respondió ella, y su voz tenía la frialdad de una sentencia judicial—. Quiero que vea cómo su nombre se arrastra por el fango. Quiero que, antes de que le quites la vida, él mismo desee estar muerto porque ya no le quedará nada que proteger. Quiero destruir su legado.

El plan era frío. Lilian conocía los puntos ciegos de la red de su padre mejor que nadie. Sabía qué periodistas eran lo suficientemente valientes —o lo suficientemente ambiciosos— para publicar una verdad que derribaría a un gigante.

Empezó por lo pequeño. A través de servidores encriptados y redes fantasma que Killian le había enseñado a usar, Lilian envió el primer "regalo" a un periodista de investigación caído en desgracia. Eran registros de transferencias bancarias que vinculaban una de las fundaciones benéficas del Juez con una empresa fantasma en Panamá.

—Mírale las manos —murmuró Lilian , señalando una foto de su padre en la pantalla de un portal de noticias—. Se ven tan limpias. Mañana, cuando esto salga, el mundo empezará a ver las manchas.

Mientras trabajaba, Killian permanecía cerca, pero esta vez respetaba su espacio. La asfixia de los días anteriores había dado paso a un respeto casi reverencial. Él la observaba operar y comprendía que la metamorfosis de Lilian era completa. Ya no era la mujer que golpeaba un saco de boxeo para olvidar; era la mujer que tejía una red para atrapar a su creador.

A mitad de la noche, Lilian se detuvo. Sus dedos temblaban ligeramente sobre el teclado. Filtrar las fotos de las víctimas de la red de trata —borrando sus rostros para protegerlas, pero dejando claro quién era el beneficiario de ese horror— le revolvía las entrañas. Ver la firma de su propio padre en documentos que autorizaban "traslados" de personas como si fueran mercancía le recordaba que ella compartía la mitad de su ADN con un monstruo.

Killian se levantó y se colocó detrás de ella. No dijo nada, simplemente puso sus manos pesadas y cálidas sobre sus hombros. Lilian cerró los ojos y se apoyó en él.

—¿Sientes que lo traicionas? —preguntó él en un susurro.

—Siento que me estoy amputando una parte de mí misma que siempre estuvo infectada —respondió ella, abriendo los ojos y mirando su reflejo en la pantalla negra—. Lo que me duele no es él, Killian. Es la mentira en la que viví veinte años. Me duele la niña que lo amaba.

Killian la giró suavemente para que lo mirara. La luz azul de los monitores tallaba sombras profundas en su rostro, haciéndolo parecer un ángel caído.

—Esa niña murió en el gimnasio de la mansión, Lilian . La mujer que está aquí conmigo es la que va a liberar a todas las que él todavía tiene encerradas. Tu lealtad ya no es hacia tu sangre, es hacia la justicia que él nunca permitió que existiera.

\*\*\*\*\*\*\*\*

El plan maestro dio sus primeros frutos. La noticia estalló como una bomba de fragmentación. Los titulares de los principales diarios nacionales empezaron a cuestionar las finanzas del Juez. El anonimato de Lilian era su mayor escudo; el Juez estaba paranoico, buscando al traidor en su círculo íntimo, sin imaginar que el fuego venía de su propia "princesa" desaparecida.

Lilian disfrutaba viendo las transmisiones en vivo. Ver a su padre salir de su despacho, rodeado de micrófonos y cámaras, con esa expresión de "dignidad herida" que ella tanto conocía, le producía una satisfacción amarga.

—Mira su ojo izquierdo —dijo ella, señalando la televisión—. Le tiembla. Está asustado. Sabe que el hilo del que cuelga su prestigio se está deshilachando.

Killian sonrió, una curva depredadora.

—La reputación es como un castillo de naipes, Lilian . Una vez que quitas la base, el resto se cae solo. Ahora que la opinión pública lo señala, sus socios políticos le darán la espalda. Nadie quiere estar cerca de un barco que se hunde.

Lilian filtró el golpe final: el diario personal de su madre, que ella había rescatado de la caja fuerte de la oficina del Juez. En esas páginas, su madre narraba el miedo que sentía hacia su marido y las pruebas que había reunido sobre su red criminal antes de su "accidente".

Al publicar fragmentos de ese diario, Lilian no solo destruyó al Juez; le devolvió la voz a la mujer que él había silenciado hacía quince años. El sentimiento de triunfo de Lilian fue tan intenso que tuvo que apoyarse en la mesa para no caer. Era una catarsis absoluta.

—Ya está —dijo ella, cerrando la última pestaña del servidor—. Mañana, el sindicato le retirará su protección oficial. Estará solo. Desprestigiado, odiado y vulnerable.

Killian la rodeó con sus brazos, su barbilla descansando en su hombro.

—Has hecho el trabajo sucio, Lilian . Has destruido su alma. Ahora, me toca a mí encargarme de su cuerpo.

Lilian se giró en sus brazos, su mirada fija y feroz.

—No, Killian. Lo haremos juntos. Yo filtré la verdad, yo seré quien lo mire a los ojos cuando el acero lo alcance. Él tiene que saber que la mano que lo destruye es la mano que él mismo crió para ser su heredera.

Esa noche, mientras observaban el resplandor de las luces de la ciudad a lo lejos, Lilian se sintió ligera por primera vez. El plan maestro no era solo una estrategia de guerra; era su propia purificación. Estaban listos para el último acto. La caída pública estaba completa; ahora venía la ejecución física.

El Juez ya no tenía donde esconderse. Su castillo de mentiras se había quemado y el fuego apenas comenzaba.

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*Soy Tu Dueña*
Escribes muy lindo
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