Ella es la líder del clan más poderoso de todos los reinos lo que la pone en el ojo de la tormenta, Ella es una exorcista de élite Pero tiene enemigos más peligrosos que los demonios a los que debe vencer, el prejuicio hacia la mujer en un mundo de hombres
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Capitulo 15
En las sombras del palacio del sol, una carta llegó volando.
No era un halcón mensajero común. Era un cuervo negro, de esos que solo usaban los clanes de cultivo demoníaco para comunicaciones urgentes.
La emperatriz lo recibió en sus habitaciones privadas.
Rompió el sello. Leyó.
Y sonrió.
"Al consejo imperial:
Nosotros, los ancianos y sabios del clan del cerezo, solicitamos formalmente una auditoría sobre el liderazgo de Sakura Akino, actual jefa del clan.
Consideramos que su comportamiento atenta contra las tradiciones. Su relación con un esclavo es una vergüenza para nuestro linaje. Solicitamos que el juicio se realice en el palacio del sol, bajo la atenta mirada del emperador y su consejo.
Esperamos su pronta respuesta.
Los ancianos del clan del cerezo."
— Perfecto — murmuró la emperatriz, acariciando el pergamino —. Esto es justo lo que necesitaba.
Pero su alegría duró poco.
La puerta se abrió de golpe.
Tres soldados entraron. Derrotados. Heridos. Con las ropas quemadas y las armas rotas.
— ¡Alteza! — el líder cayó de rodillas —. ¡Malas noticias!
La emperatriz frunció el ceño.
— ¿Qué sucedió?
— La joven... Sakura... supo que la seguíamos.
El rostro de la emperatriz palideció.
— ¿Cómo?
— No lo sé. Pero nos confrontó directamente. Mató a la mayoría... sin ningún tipo de esfuerzo.
— ¿SIN ESFUERZO?
— Ella es diferente, alteza. No es una guerrera común. Es...
— ¡Cállate!
La emperatriz comenzó a caminar de un lado a otro. Sus uñas, perfectamente cuidadas, encontraron su camino hacia su boca. Empezó a morderselas nerviosamente.
— Maldita sea... maldita sea...
Golpeó la mesa. Rompió un jarrón. Derribó una lámpara.
— Entonces solo queda esperar que los demonios la maten. ¡Eso! ¡Los demonios! ¡Nadie sobrevive a una emboscada demoníaca!
Los soldados no dijeron nada.
Sabían que era mentira.
Sabían que Sakura no era alguien a quien los demonios pudieran matar fácilmente.
Pero callaron.
— ¿Cómo? — insistió la emperatriz, volviéndose hacia ellos —. ¿Cómo supo que la seguían? ¿Cómo se dio cuenta?
— Alteza... — el soldado tragó saliva —. Ella no es una principiante. Detectó a mis hombres antes de que pudiéramos siquiera acercarnos demasiado
— ¡ESO ES IMPOSIBLE!
— Nada es imposible con ella, alteza.
La emperatriz lo miró fijamente.
Y en sus ojos, por primera vez, vio algo que nunca había visto en un soldado.
Miedo.
Miedo a Sakura.
EN EL PUEBLO DEMONÍACO
Mientras tanto, muy lejos de allí, Sakura, el emperador y Tae llegaban al primer pueblo afectado.
El lugar era un desastre. Casas quemadas. Cuerpos en las calles. Un olor a azufre y muerte que impregnaba el aire.
— Qué horror — murmuró el emperador, tapándose la nariz.
— Los demonios no tienen piedad — respondió Sakura, desmontando —. Por eso estamos aquí.
— ¿Cuántos son?
— Según mis cuervos, dos. Nivel 7. Fáciles.
— ¿Fáciles? — el emperador la miró como si hubiera dicho una locura —. Nivel 7 es...
— Para ustedes, imposible. Para mí, un entrenamiento.
Tae sonrió.
— Mi jefa no se jacta, majestad. Solo dice la verdad.
Sakura caminó hacia el centro del pueblo. Y allí estaba.
Una criatura mitad caballo, mitad cabra. Con cuernos retorcidos y ojos de fuego. Escupía lava por la boca y pisoteaba los restos de lo que había sido una casa.
— Demonio de nivel 7 — confirmó Sakura —. Clasificación: bestia infernal.
El demonio la vio.
Y rugió.
Sakura no se inmutó.
Levantó una mano. De su manga, sellos mágicos comenzaron a flotar. Símbolos antiguos, escritos en lenguas que solo los exorcistas comprendían.
— Te exorcizo — dijo.
El cuervo apareció.
Salió de su ojo derecho, como siempre, como una sombra que se materializaba. Voló hacia el demonio, rodeándolo, atrapándolo en un círculo de energía negra.
— Cultivo demoníaco: sello de anulación — pronunció Sakura.
El sello se activó.
El demonio chilló.
Y en un instante, se deshizo en cenizas.
Silencio.
El emperador abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.
Tae, acostumbrado, solo sonrió.
— Uno menos — dijo Sakura, limpiándose las manos —. Vamos por el otro.
— ¿Así de... así de fácil? — preguntó el emperador, aún en shock.
— Así de fácil. Para mí.
El emperador la miró.
Y en ese momento, algo cambió en su interior.
No era solo admiración.
No era solo respeto.
No era solo deseo.
Era algo más profundo. Algo que no sabía nombrar.
"Es magnífica", pensó. "Poderosa. Bella. Imparable."
"¿Cómo puede existir alguien así?"
— Majestad — lo llamó Tae —. ¿Viene o prefiere esperar aquí?
El emperador parpadeó.
— Voy. Claro que voy.
Y los siguió.
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LA SERPIENTE
El segundo demonio estaba en las afueras del pueblo.
Una serpiente gigante. Tan grande como un árbol. Con escamas que parecían metal y ojos que hipnotizaban.
— Esta es mía — dijo Sakura.
Desenfundó su espada.
El fuego la envolvió.
La serpiente atacó, rápida como el rayo.
Sakura esquivó. Giró. Saltó.
Y de un solo tajo, con una precisión milimétrica, partió a la serpiente en dos.
La criatura cayó al suelo, partida, muerta.
Sakura guardó su espada.
— Misión cumplida.
El emperador la observaba.
Y supo, en ese momento, que jamás olvidaría esa imagen.
Sakura, de pie entre las cenizas de los demonios, con el fuego apagándose en su espada, con la brisa moviendo su cabello, con una sonrisa tranquila en el rostro.
"Es la mujer más increíble que he conocido", pensó.
Y se odió un poco por pensarlo.
Porque sabía que ella no era para él.
Pero el corazón... el corazón no entiende de imposibles.
EN EL PALACIO, LA EMPERATRIZ ESPERABA
Esperaba noticias de los demonios.
Esperaba que Sakura muriera.
Esperaba ganar.
Pero las noticias que llegarían...
No serían las que esperaba.