Sigue a Valentina Márquez Santos, abogada humilde e hija ilegítima de un magnate. Tras ser traicionada en su boda y expulsada de su trabajo por defenderse de acoso, se convierte en asistente del amargado CEO Mateo Castellanos. Demuestra su valía al organizar el proyecto médico VidaPlus y salvar a su hija Sofía de un rapto, mientras enfrenta la envidia de Gitana, la hermana de la difunta esposa de Mateo. A pesar de que Mateo es insoportable, entre ellos surge una conexión, mientras Valentina lucha por su futuro y por hacer realidad un proyecto que cambiará vidas.
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HACIENDA, CABALLOS Y DESCUBRIMIENTOS
A las seis de la mañana en punto, llegué a la oficina de Castellanos Medical Tech con una cesta de mimbre decorada que contenía el desayuno que había preparado para Mateo: panqueques de avena con fresas y miel, yogur griego con granola casera, jugo natural de naranja y una infusión de manzanilla para calmar su estómago. Todo estaba dispuesto con cuidado, en recipientes de cerámica blanca que hacían resaltar los colores de los alimentos.
—Buenos días, señor Castellanos —dije al entrar en su oficina, donde él ya estaba revisando documentos—. Aquí está su desayuno. Espero que sea de su agrado.
Valentina:
Mateo levantó la vista y sonrió levemente al ver la cesta.
—Se ve excelente —dijo, dejando los papeles a un lado—. No creo que haya comido algo tan cuidado desde que murió mi esposa. Ella también sabía cocinar con mucho amor.
Mateo:
Comimos en silencio por un rato, hasta que terminó el último bocado y se puso en pie.
—Estoy listo para ir a la hacienda —anunció, recogiendo su maletín—. Tenemos mucho trabajo por hacer. Pero primero, debo decirte que tu desayuno es perfecto. Cumple con todas mis expectativas.
El viaje en coche hasta la hacienda tomó aproximadamente una hora y media. Al salir de la ciudad, el paisaje se transformó: campos verdes extendidos hasta donde alcanzaba la vista, árboles frutales, y el aire se volvió más fresco y limpio. Cuando llegamos a la propiedad, quedé fascinada: era una hacienda colonial con paredes de piedra blanca, techos de tejas rojas y un gran jardín con flores de colores. En el corral cercano, caballos de diferentes razas pastaban tranquilamente, junto con ovejas y gallinas libres.
—Es hermoso —exclamé, bajando del coche y respirando hondo—. Nunca había visto nada así. La naturaleza aquí es espectacular.
Mateo observó mi expresión de asombro con una sonrisa casi imperceptible.
—Me alegro que te guste —dijo—. Esta hacienda pertenece a mi familia desde hace tres generaciones. Es el lugar donde encuentro paz cuando el trabajo me agobia.
Nos dirigimos a la oficina de la hacienda, donde esperábamos el abogado de Mateo, el Sr. Rodríguez, y una pila de documentos sobre los terrenos en disputa. Mientras revisábamos los títulos de propiedad, descubrí algo importante: los documentos de los vecinos tenían una fecha falsificada y el sello notarial era una copia exacta pero sin validez legal. Además, encontré un mapa antiguo en el archivo de la hacienda que demostraba claramente que los terrenos en cuestión habían sido parte de la propiedad de los Castellanos desde 1923.
—¡Lo encontré! —grité, mostrando el mapa a Mateo y al abogado—. Este documento prueba que los terrenos siempre han sido tuyos. Los títulos de los vecinos son falsificados; pueden haber comprado los papeles a alguien sin escrúpulos, pero no tienen ningún derecho legal sobre la tierra.
El Sr. Díaz examinó el mapa con atención y asintió con satisfacción.
—Esto es más que suficiente para ganar el caso —dijo—. Con este documento, los vecinos no tendrán ninguna oportunidad en los tribunales.
Mateo se puso en pie y extendió los brazos, respirando aliviado.
—Gracias, Valentina —dijo con sinceridad—. No sabes lo mucho que significa esto para mí y para mi familia. Esta hacienda es todo lo que me queda de mis raíces.
—De nada —respondí, cerrando los documentos—. Solo hice mi trabajo. Pero ahora... ¿podemos disfrutar un poco de este lugar maravilloso?
Mateo miró hacia el corral y sonrió.
—¿Te gustaría montar a caballo? —preguntó—. Tengo unos ejemplares excelentes.
—¡Claro que sí! —exclamé emocionada—. Pero te advierto: soy buena jinete.
Mateo rió por primera vez de verdad, mostrando sus dientes blancos.
—¿De verdad? —dijo con desafío—. Pues te reto a una competición. Si ganas, te doy 50,000 MTL. Si gano yo, tendrás que prepararme comida todos los días durante un mes sin cobrar nada más allá de lo que ya acordamos.
—¡Acepto tu reto! —respondí, extendiendo la mano para cerrar el trato—. Que gane el mejor.
Nos dirigimos al corral y elegimos nuestros caballos: Mateo montó a un potro negro de raza pura, mientras yo elegí a una yegua marrón con manchas blancas que se llamaba Luna. Después de ajustarnos los arreos, comenzamos la carrera por un camino que recorría los campos de la hacienda. Al principio, Mateo iba adelante, pero yo conocía algunos trucos que me había enseñado mi abuelo y logré adelantarlo en una curva peligrosa. Al final, crucé la línea de meta unos segundos antes que él.
Mateo se bajó del caballo con una expresión de sorpresa y admiración.
—¿Cómo hiciste eso? —preguntó—. Esa curva es muy difícil de tomar a alta velocidad.
Yo me bajé de Luna y acaricié su cuello con cariño.
—Mi abuelo era un magnífico jinete —contesté, con un toque de tristeza en la voz—. Él tenía una pequeña finca antes de perder todo en una mala inversión y terminar en los barrios bajos. Me enseñó todo lo que sé sobre caballos cuando era niña: cómo comunicarme con ellos, cómo tomar las curvas, cómo sentir el ritmo del animal. Murió cuando yo tenía dieciséis años, pero nunca olvidé lo que me enseñó.
Mateo se acercó a mí y puso una mano sobre mi hombro suavemente.
—Lo siento mucho por tu pérdida —dijo con voz cálida—. Tu abuelo estaría muy orgulloso de ti. Tienes su talento y su fuerza.
—Gracias —dije, sonriendo a pesar de las lágrimas que se acumulaban en mis ojos—. Y ahora, cumpla con nuestra apuesta: 50,000 MTL. Ese dinero me ayudará mucho a pagar mis deudas y a hacer algunas reparaciones en mi casa.
—Claro que sí —dijo Mateo, sacando su teléfono—. Te haré la transferencia en este mismo momento. Y Valentina... ¿qué te parece si venimos aquí todos los fines de semana? Podemos montar a caballo y también trabajar en algunos proyectos de la hacienda. Creo que sería bueno para ambos.
Palabras de la autora:
En este país ficticio llamado Metrolis, se usa los MTL dinero oficial de Metrolis, es un dinero ficticio creado por mi.
que pena que alejandro solo este con ella para hacer daño