Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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Después del rescate
—Su excelencia…
El secretario Edgar lo interceptó apenas cruzó el patio.
Vio a Raeliana inconsciente en sus brazos y palideció.
—¿Quién… qué sucedió?
—Después —cortó Noah, sin mirarlo siquiera.
No se detuvo.
Subió las escaleras con paso firme, ignorando todo a su alrededor.
Cada paso le recordaba la imagen del bosque.
La habitación más cercana al ala principal fue preparada de inmediato.
La recostó con cuidado sobre la cama.
Noé la miró unos segundos más de lo necesario.
Está fría.
—Cámbienla —ordenó a las sirvientas—. Con cuidado.
Salió antes de que empezaran.
Si se quedaba, no confiaba en su propio control.
Se duchó rápido.
Agua fría.
Pero la imagen no se iba.
Ese bastardo la tocó.
Su mano se cerró en un puño y golpeó la pared. El sonido seco resonó en la habitación.
Respiró hondo. Una vez. Dos.
Regresó.
Las sirvientas ya se habían retirado.
Raeliana dormía profundamente, con ropa limpia y el cabello suelto esparcido sobre la almohada.
Su expresión era serena.
Como si, por primera vez en mucho tiempo, su cuerpo se hubiera rendido al descanso.
Se sentó en el borde de la cama.
Noah se sentó en el borde de la cama.
No pensaba quedarse.
Solo comprobar que respiraba con normalidad.
Solo asegurarse.
Solo un momento.
Pero el cansancio lo golpeó de repente..
Y algo más.
La necesidad de sentirla cerca.
Se recostó a su lado con cuidado, dejando una pequeña distancia entre ambos.
Lo suficiente.
O eso intentó.
Incluso dormida, Raeliana se movió instintivamente hacia él.
Como si buscara calor.
Su frente rozó su pecho.
Noah se quedó completamente inmóvil.
El latido de su corazón se volvió más fuerte
Después de un segundo… la rodeó con el brazo.
Más fuerte de lo necesario.
El aroma suave de su cabello lo envolvió.
Cerró los ojos.
Cuando Raeliana despertó, la luz del amanecer se filtraba entre las cortinas.
No se movió al principio.
Estoy… cómoda.
Parpadeó lentamente.
Su mejilla descansaba sobre algo cálido y firme. Un brazo pesado rodeaba su cintura, impidiéndole moverse.
Ah.
Alzó la vista lentamente.
Noah dormía.
Su respiración era profunda, relajada. Muy distinta a la imagen fría y controlada que siempre mostraba. El cabello oscuro caía desordenado sobre su frente.
Es… ridículamente guapo.
Se quedó mirándolo.
Su nariz. Sus labios. Su mandíbula.
No debería estar mirándolo así.
No apartó la vista.
¿Qué le pasa a mi cara? ¿Por qué está caliente?
Intentó deslizarse fuera de su abrazo.
El brazo se tensó de inmediato.
La atrajo más cerca.
Su corazón empezó a latir como si fuera a escaparse del pecho.
No se va a despertar… ¿verdad?
—¿Ya terminaste de mirarme?
Su voz era ronca, aún cargada de sueño.
Raeliana giró la cabeza de golpe.
—¡Yo no estaba…!
Las palabras murieron en su garganta.
Noah abrió los ojos y la miró directamente.
Ella no sabía dónde esconder la cara.
—Gracias… —murmuró al final, casi en un susurro—. Pensé que nadie vendría por mí.
Algo en la expresión de Noah se oscureció.
Su abrazo se hizo más firme.
—Iba a destruir medio reino si era necesario.
No parecía exagerar.
Raeliana sintió un escalofrío.
No está bromeando.