Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 15: Bajo la luz que no pide permiso
La noche había caído sobre el palacio con una suavidad inusual.
No había viento. El aire era cálido, denso, como si el verano se negara a soltar el día. Los jardines dormían en una calma luminosa, bañados por la luz plateada de la luna y salpicados por pequeñas chispas doradas que flotaban entre los arbustos.
Luciérnagas.
Takumi caminaba descalzo sobre el césped frío, con pasos lentos, casi cuidadosos, como si no quisiera despertar nada. Vestía una túnica ligera de dormir, de tela clara y suelta, que caía sobre su cuerpo como niebla. A la luz nocturna, su figura parecía irreal, demasiado silenciosa para pertenecer al mundo sólido.
Había salido sin pensarlo demasiado.
Después del miedo.
Después de la amenaza.
Después de sostenerse todo el día sin quebrarse.
Necesitaba aire.
Se detuvo junto a la fuente central, donde el agua reflejaba la luna en fragmentos temblorosos. Cerró los ojos… y respiró.
El sonido del agua lo calmó.
Y entonces, casi sin darse cuenta, empezó a cantar.
No era una canción del festival.
No era una canción para otros.
Era para sí mismo.
🎵
“Si esta noche pesa en el pecho,
déjame bailar sin temor.
Que el mundo duerma un instante,
y el alma… también.”
🎵
Su voz era baja, suave, como si no quisiera imponerse ni siquiera al silencio. Dio un paso, luego otro, moviéndose con lentitud. No bailaba para ser visto. Bailaba como quien suelta un peso invisible.
Las luciérnagas comenzaron a acercarse.
Pequeños puntos de luz danzaban a su alrededor, subían y bajaban, se detenían como si escucharan. Takumi alzó una mano, maravillado, y rió en silencio cuando una pasó rozando sus dedos.
🎵
“Si mañana vuelvo a caer,
que hoy me permita soñar.
No quiero huir del destino…
solo aprender a andar.”
🎵
No sabía que, desde uno de los senderos laterales, alguien se había detenido.
Hikaru había salido a revisar el perímetro. Nada más. Una ronda rutinaria, necesaria después de los últimos acontecimientos.
Y entonces lo vio.
Se quedó inmóvil.
El príncipe no llevaba corona ni símbolos. No había guardias. No había miedo en su postura. Solo un omega joven, cantando bajo la luna, rodeado de luz viva, como si el jardín mismo lo hubiese aceptado.
Hikaru sintió algo apretarle el pecho.
No fue deseo.
No fue impulso.
Fue… reconocimiento.
Así es cuando no lo miran, pensó.
Así es cuando no tiene que ser fuerte.
Takumi giró lentamente, siguiendo el movimiento de una luciérnaga… y lo vio.
La canción se detuvo.
—Capitán… —susurró, sorprendido—. Yo no…
Hikaru dio un paso atrás de inmediato.
—Perdón, Su Alteza. No quise interrumpir.
Takumi negó con la cabeza.
—No estabas interrumpiendo —dijo—. Solo… estaba respirando.
El silencio que siguió no fue incómodo. Fue profundo.
Hikaru observó el jardín, la fuente, las luces suspendidas en el aire.
—Es… hermoso —admitió—. No el lugar. El momento.
Takumi bajó la mirada, un poco avergonzado.
—A veces olvido que me observan —dijo—. Y canto sin pensar.
Hikaru apretó ligeramente los dedos contra el guante.
No lo olvides, pensó.
No dejes de hacerlo.
Pero no lo dijo.
—Debería escoltarte de regreso —dijo finalmente, con voz firme—. La noche sigue siendo peligrosa.
Takumi asintió.
Antes de irse, miró una última vez las luciérnagas.
—Gracias —dijo en voz baja.
—¿Por qué? —preguntó Hikaru.
—Por no apagar la luz —respondió.
Caminaron de regreso sin tocarse, manteniendo una distancia correcta… pero distinta.
Hikaru no volvió la vista atrás.
Si lo hacía, sabía que no podría negar lo que había sentido.
Y eso —esa certeza silenciosa—
era mucho más peligroso que cualquier complot.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰