Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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La primera traición
Araceli Durango
Soñé con globos.
Eran rosados, blancos, dorados, flotaban demasiado alto, atados con cintas finas que me cortaban los dedos cuando intentaba sujetarlas. En el sueño yo tenía seis años otra vez, vestía un vestido incómodo, rígido, que picaba en el cuello, olía a azúcar, a crema, a algo agrio que no sabía nombrar entonces, pero que ahora reconozco como mentira.
Era mi cumpleaños.
Desperté sobresaltada, con el corazón golpeándome el pecho como si aún fuera esa niña perdida en su propia fiesta. Tardé unos segundos en reconocer mi habitación, el techo alto, las cortinas pesadas, el silencio de una casa demasiado grande para una sola persona despierta, me llevé una mano al pecho, el sueño había sido demasiado vívido. Demasiado real.
Cerré los ojos otra vez y el recuerdo se impuso, tenía seis años y nadie me veía, eso fue lo primero que aprendí.
La casa estaba llena de gente, adultos bien vestidos, risas impostadas, copas que tintineaban, mi nombre aparecía en un cartel enorme, con letras doradas,***Feliz cumpleaños, Araceli,***pero nadie lo pronunciaba con cariño, era solo un adorno más, como la torta de tres pisos o los arreglos florales que mi madre había ordenado sin preguntarme qué me gustaba.
Yo quería esconderme.
Recuerdo haber caminado por el pasillo largo que llevaba a la biblioteca, era un refugio silencioso, con olor a madera vieja y libros que nadie leía, me gustaba ese lugar porque allí no había risas falsas ni manos que me pellizcaran las mejillas diciendo qué grande estás. Me senté detrás de una cortina pesada, con las rodillas pegadas al pecho, abrazando una muñeca que no era mi favorita, pero era la única que había llevado conmigo.
Fue entonces cuando escuché la voz de mi madre.
Carola Videla.
No gritaba, no se enojaba, hablaba bajo, confiada, como solo hablan las personas que creen estar a salvo de oídos ajenos, su voz era distinta cuando no actuaba para los demás, más dura, más verdadera.
—No la soporto —dijo.
Esas palabras no me hicieron llorar de inmediato, a los seis años no entiendes del todo lo que significan, solo sabes que algo se rompe, algo que creías firme.
Me acerqué un poco más a la cortina, mi corazón latía rápido, pero no de miedo, de confusión.
—¿Cómo que no la soportas? —respondió otra voz femenina, una amiga suya, elegante, cómplice.
Mi madre rió suavemente.
—Es una niña insoportable, llora, pregunta, necesita atención, no fue parte del plan.—
El plan.
Esa palabra se me quedó clavada sin que supiera por qué.
—Pero es tu hija —dijo la amiga, sin demasiada convicción.
—No —corrigió Carola—. Es un instrumento.—
Sentí que el aire se volvía espeso, mi muñeca resbaló de mis manos y cayó al piso con un golpe seco que me pareció ensordecedor, me quedé inmóvil, aterrada de que me descubrieran, pero nadie miró en mi dirección.
—La tuve porque era necesario —continuó mi madre—. Un hijo asegura cosas, un matrimonio, un apellido, un futuro.—
Yo apreté los dientes.
—¿Y el padre? —preguntó la amiga—. Él la adora.—
—Claro que sí —respondió Carola—. Por eso funcionó, un hombre enamorado es fácil de atrapar, le das una hija, le vendes la imagen de familia perfecta… y listo. El dinero no se va a ningún lado.—
Ahí entendí.
No con palabras, no con lógica adulta, lo entendí con el cuerpo, con ese dolor sordo que se instala en el estómago y no se va nunca más.
Yo no era amada.
Yo era útil.
—A veces la miro y me pregunto si valió la pena —añadió mi madre—. Si no habría sido mejor otra cosa,pero ya está, cumple su función.—
Cumple su función.
Me llevé una mano a la boca para no hacer ruido, las lágrimas me corrían por la cara sin que pudiera detenerlas, no lloraba fuerte, no lloraba como una niña mimada, lloraba en silencio, porque incluso entonces entendí que llorar no iba a cambiar nada.
—No seas cruel —dijo la amiga, con una risa incómoda—. Es solo una niña.—
—Justamente —respondió Carola—. Los niños no recuerdan estas cosas.—
Se equivocaba, recuerdo cada palabra, cada pausa, cada risa.
Recuerdo cómo me encogí más detrás de la cortina, deseando desaparecer, cómo sentí vergüenza por existir, cómo, por primera vez, pensé que había algo mal en mí, que si mi propia madre no podía soportarme, entonces yo debía ser el problema.
Cuando salí de la biblioteca, nadie notó mis ojos hinchados, nadie preguntó, me sentaron frente a la torta, me obligaron a sonreír, a soplar velas que no pedí, mi padre me besó la frente con ternura, orgulloso, sin saber que yo ya había aprendido una verdad que él ignoraría por años.
Esa fue la primera traición, no fue un golpe, no fue un abandono físico, fue algo peor, fue descubrir que el amor podía ser fingido, que una madre podía mirarte y no ver una hija, sino una herramienta, que el mundo no era un lugar seguro, ni siquiera en tu cumpleaños.
Desperté del recuerdo con un nudo en la garganta.
Ahora, adulta, prometida, señalada como villana, entendía algo con una claridad brutal, yo no empecé a manipular a las personas por maldad, empecé porque a los seis años aprendí que el afecto se negocia, que el lugar se gana, que el amor no es gratis.
Aprendí que si no controlas la historia, alguien más lo hará por ti, Carola Videla me enseñó sin saberlo, mi primera maestra, mi primera traición.
Desde entonces, nunca volví a ser solo una niña, nunca más esperé cariño sin condiciones, me prometí no volver a ser un instrumento en manos de nadie.
Y cumplí.
Por eso ahora, cuando dicen que soy fría, calculadora, cruel… sonrío, porque no saben que la villana no nació en la noche de una fiesta ni en una cama ajena.
La villana nació en un cumpleaños, detrás de una cortina, escuchando a su madre decir que no la soportaba y desde ese día, decidí algo muy simple, si el mundo iba a usarme, yo aprendería primero a usarlo a él.
además de que fortuna habla si ella no tiene dendo caerse muerta será la fortuna de La familia de Elias y eso dudo que los padres del permitan eso y menos la acepten a ella y a esa niña ya que para ellos su único nieto es Máximo y su único heredero y ellos no creo que caigan en la manipulación de una niña en cambio Elias yo creo que si ya que su hijo no la ve como padre más bien como un extraño así que este si caerá en la trampa de Yubitza
lastima que esta mujer use asu hija y le enseño de pequeña a manipular solo la usa como una herramienta para subir de estrato y habría camino
a diferencia de Aracelis ella no utiliza a su hijo ni lo obliga a estar con su padre ella solo deja que su hijo sea feliz y tenga una vida normal como un niño mientras ella lo protege y además no solo tiene a la mamá si a los abuelos maternos y paternos que lo quieren y a un padrino que lo quiere lo protege y es capaz de hacer cualquier cosa por el incluso destruir a quellos qué quieran acelerar daño o a destruir su paz
así que Yubitza no la tendrá fácil y espero que Aracelis no caiga en su trampa y mas bien le haga creer a la Yubitza que sus planes están saliendo bien y ojalá ella descubra que en su casa hay una espía una traicionera que se vendio
que no es la persona que el cree solo espero Araceli no caiga en sus juegos si ella no necesito a Elías en el momento que debía ser no lo necesitará ahora
solo espero sea correspondido por Araceli
que se vaya con su gran amor y será la peor Araceli ahora tiene algo que proteger y no dejar que sea Tratado como a ella la trataron