NovelToon NovelToon
Casada Con El Gemelo Equivocado

Casada Con El Gemelo Equivocado

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Romance
Popularitas:8.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Hash_BL

Quinn Akerman tenía una vida cuidadosamente planeada… hasta que el destino decidió estrellarla contra el suelo a diez mil metros de altura. La muerte de sus padres en un accidente de avión no solo la dejó con un duelo imposible de procesar, sino también con una empresa familiar al borde de la quiebra y una hermanita pequeña, Lily, luchando contra la leucemia.

Acorralada por deudas, abogados y médicos que no aceptan promesas como forma de pago, Quinn se ve obligada a aceptar un acuerdo tan frío como cruel: casarse con uno de los gemelos Benedetti, herederos de un imperio empresarial que alguna vez fue socio de su padre.

El problema no es el matrimonio. El problema es que se casa con el gemelo equivocado.

Eitan Benedetti es serio, mordaz, aparentemente incapaz de sentir algo que no sea control. Eiden Benedetti, en cambio, es carismático, provocador y peligrosamente encantador. Dos rostros idénticos, dos almas opuestas… y una verdad que amenaza con destruirlos a todos.

NovelToon tiene autorización de Hash_BL para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Eitan

La puerta se cerró detrás de Eiden con un sonido seco.

Solo quedó ese eco breve que deja alguien que entra a un lugar como si aún le perteneciera… y se va sabiendo que ya no.

Vi a Quinn subir las escaleras sin decir nada. Su espalda recta, sus pasos contenidos. Mi madre ya se había retirado. La casa volvió a ese silencio particular que solo aparece cuando todos fingen dormir, pero nadie descansa del todo.

Subí a mi habitación.

Cerré la puerta.

Apoyé la frente contra la madera unos segundos, respirando hondo. Sentía el cuerpo pesado, no por la cirugía —eso era un dolor conocido— sino por algo más profundo, más difícil de nombrar.

Me quité la ropa con lentitud y entré a la ducha. El agua caliente cayó sobre mis hombros como una tregua. Cerré los ojos. Dejé que el vapor me nublara la vista, como si así pudiera ordenar mis pensamientos.

Quinn había cambiado.

No de forma abrupta. No evidente. Pero yo lo había notado. En la manera en que observaba. En cómo su silencio ya no era vacío, sino que estaba cargado de mucha atención. Como si estuviera aprendiendo a mirar de verdad.

Apoyé una mano contra la pared de la ducha.

Temí ese cambio… y al mismo tiempo, lo había deseado más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Cuando salí, me vestí con ropa cómoda. Nada elegante. Nada que fingiera ser otra cosa. Me sequé el cabello con una toalla y miré mi reflejo en el espejo.

Los mismos ojos de siempre, los que Quinn ya había notado.

Pensé en los de ella. En cómo se oscurecen cuando piensa demasiado. En cómo bajan la guardia cuando mira a Lily.

Tomé aire y salí al pasillo.

Pues, esa pequeña me esperaba.

Cada noche, sin falta, iba a su habitación a darle las buenas noches. A veces hablábamos poco, a veces mucho. A veces solo me sentaba a su lado y esperaba a que el sueño la venciera. Después de todo lo que había pasado, ese momento se había vuelto sagrado. Intocable.

Aquella noche, la puerta estaba entreabierta.

La luz era tenue. Cálida. Y antes de verla, supe que Quinn estaba allí.

No por el sonido. No por una voz. Sino por esa sensación extraña que me recorría el cuerpo cada vez que compartíamos el mismo espacio sin buscarlo.

Entré despacio.

Quinn estaba sentada al borde de la cama de Lily, con un libro entre las manos. El cabello le caía suelto sobre los hombros, sin arreglar, sin intención. Vestía algo simple, cómodo, como si no estuviera tratando de ser nada más que ella misma.

Y Lily, recostada entre almohadas, sonreía.

—Llegas justo a tiempo —dijo Lily—. Quinn iba a leer sola y eso no es justo.

Quinn levantó la vista y nuestros ojos se encontraron.

Verde oscuro con un castaño claro, tan hermoso como un atardecer.

Ese cruce duró apenas un segundo, pero fue suficiente.

—Puedo irme si quieres —dijo ella, con suavidad.

—No —respondió Lily antes que yo—. Quiero que los dos lean.

Quinn sonrió. Esa sonrisa pequeña, sin pretensiones, simplemente siendo ella misma.

—Está bien —dijo—. Pero tú empiezas.

Me senté en la silla junto a la cama. Quinn abrió el libro y comenzó a leer en voz baja. Su voz no era teatral ni impostada. Leía como quien conversa. Como quien acompaña. Tan natural, como solo ella sabe actuar.

Mientras la escuchaba, la observaba detenidamente.

El modo en que pasaba las páginas con cuidado. Cómo fruncía el ceño cuando una palabra parecía demasiado complicada para Lily. Cómo, sin darse cuenta, acercaba el libro para que ella pudiera ver las ilustraciones.

Detalles insignificantes para cualquiera.

Para mí, no.

Era la forma en que existía sin esfuerzo.

En un momento, Lily interrumpió.

—Ahora tú —me dijo.

Tomé el libro y continué donde Quinn había dejado. Ella se recostó un poco más cerca de la cama, apoyando el brazo junto a la almohada de Lily. Nuestros hombros se tocaron y mi cuerpo se estremeció instantáneamente.

Leí despacio. Lily bostezó.

—¿Me prometen que mañana seguimos? —murmuró.

—Lo prometo —dijo Quinn.

—Yo también —respondí.

Sus párpados se cerraron segundos después.

El silencio se instaló sin prisa.

Quinn no se movió de inmediato. Yo tampoco.

La observé mientras miraba a Lily dormir. Su expresión se suavizó de una forma que no había visto antes. No era tristeza. No era preocupación. Era algo más hondo. Algo que dolía precisamente porque era tan real, porque de esa manera quisiera que me viera a mí.

—Gracias —dijo en voz baja—. Por estar aquí siempre.

—No hay otro lugar donde debería estar —respondí.

Giró la cabeza para mirarme.

La luz suave resaltaba sus hermosos detalles: una sombra bajo sus ojos, una peca cerca del pómulo, la forma en que sus labios se presionaban cuando pensaba demasiado.

—A veces no sé cómo haces todo esto —dijo—. Pareces… inagotable.

Una risa breve escapó de mí.

—No lo soy.

—Entonces eres muy bueno fingiendo.

—No finjo con ella —dije—. Ni contigo.

Se quedó callada.

Ese silencio fue distinto.

—Eitan… —comenzó, pero se detuvo.

—Dime.

Negó con la cabeza.

—Nada. Solo… —suspiró—. Me alegra que estés mejor.

—Me alegra que Lily lo esté.

Nuestros ojos se sostuvieron un segundo más de lo prudente.

—Deberías descansar —dije finalmente—. Ha sido un día largo.

—Tú también —respondió.

Se levantó despacio. Antes de salir, acomodó una manta sobre Lily con un cuidado exagerado, como si temiera despertarla.

Ese gesto.

Tan simple.

Tan suyo.

—Buenas noches —susurró.

—Buenas noches, Quinn.

La vi irse por el pasillo. Su silueta perdiéndose con la oscuridad de la noche. Sabía que no iría a mi habitación. Nunca lo hacía. Dormíamos en cuartos separados, como dos extraños unidos por una historia que nadie había escrito con honestidad.

Me quedé un momento más junto a la cama de Lily.

Pensé en Quinn.

En cómo se mueve cuando cree que nadie la observa. En cómo se le quiebra la voz solo cuando habla de su hermana. En cómo, sin saberlo, está empezando a ver cosas que yo he ocultado demasiado tiempo a todos.

Para el mundo, ella es solo una mujer fuerte.

Para mí, es una mujer irremplazable que con cada pequeño detalle logra que se acelere el corazón de una manera incontrolable.

Y eso… es precisamente lo que me aterra.

Porque cuanto más la miro, más claro tengo algo que no puedo permitirme decir en voz alta:

No estoy preparado para perderla.

Y tampoco para decirle toda la verdad.

1
Andrea M. Suarez Vallejo
esto va para largo, 42 capitulos y un solo beso, el miedo de ambos es tan grande
Karen
Nena, por favor actualiza 🥹 Está súper bueno el libro!!
Andrea M. Suarez Vallejo
me ha gustado hasta ahora
Karen
♥️
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play