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INDELEBLE

INDELEBLE

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Amor prohibido / Amor a primera vista / Amor eterno
Popularitas:707
Nilai: 5
nombre de autor: Andreiina

una chica y un chico

ambos tiene una vida en sus hogares, una familia

pero la pasión y el amor será más fuerte por luchar por lo que sienten o se dejarán vencer y volveran a la realidad en la que viven y renunciarán a este amor.?

NovelToon tiene autorización de Andreiina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: El refugio de las sombras

El martes por la mañana, el apartamento de Elizabeth se sentía como una celda de lujo. El ritual se repitió con una precisión enfermiza: el beso de despedida a Adam, el sonido de la puerta cerrándose, el descenso por las escaleras y la espera agónica de diez minutos en el portal hasta ver el coche de su esposo perderse en la esquina. Cuando regresó a su sala de estar y se quitó el abrigo, Elizabeth sintió que el aire le faltaba. Su teléfono, oculto en el fondo de su bolso, vibró con una insistencia que parecía tener pulso propio.

Era un mensaje de texto. No tenía nombre, pero las palabras quemaban la pantalla: "Sé que estás ahí. Sé que no has ido a la editorial. Si no me respondes en diez minutos, llamaré a tu casa. No me obligues a romper el silencio de una forma que ambos lamentaremos".

Elizabeth se dejó caer en el sofá, cubriéndose el rostro con las manos. Maximiliano no estaba jugando. El hombre que administraba imperios no aceptaba el vacío como respuesta. Con los dedos temblorosos, marcó el número. No pasó ni medio tono antes de que él contestara.

—¿Dónde estás, Elizabeth? —La voz de Maximiliano era un trueno contenido, ronca y cargada de una ansiedad que ella reconoció de inmediato.

—En casa, Maximiliano. Donde debo estar —respondió ella, tratando de que su voz no flaqueara—. No puedo volver a la oficina. Lo que pasó el viernes... no debió ocurrir. He terminado los informes, te los enviaré por correo. Por favor, déjame reconstruir lo que queda de mi vida.

—¿Tu vida? —Él soltó una risa seca, desprovista de humor—. Tu vida es una mentira ahora, igual que la mía. ¿Crees que puedes lavarte las manos y pretender que no fue real? Te busco en cada rincón de esta oficina y solo encuentro fantasmas. No puedo respirar aquí sin ti.

—¡Tienes a Solangel! ¡Tienes a tu hija! —gritó ella en un susurro, temiendo que las paredes pudieran oírla—. No puedes hacerme esto.

—Solangel es una socia, Elizabeth. Valeria es mi corazón, pero tú... tú eres la sangre que lo hace latir. Escúchame bien: no voy a dejar que te desvanezcas. Si no vienes a verme, iré yo. Y no me importa quién esté delante cuando llegue.

El pánico recorrió la columna de Elizabeth. Sabía que él era capaz de cumplirlo. La imagen de Maximiliano presentándose en su puerta frente a un Adam confundido era la pesadilla final.

—Está bien —cedió ella, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies—. Pero no en la oficina. No puedo volver a ese lugar.

Hubo un silencio largo al otro lado de la línea. Maximiliano pareció sopesar las opciones. Sabía que los hoteles eran peligrosos y que su propia casa era un campo minado de cámaras y personal de servicio.

—Julián —dijo él finalmente—. Mi amigo, el que regresó de Londres. Tiene un departamento en el casco antiguo, un lugar que usa para sus negocios privados. Me ha dejado las llaves. Nadie nos buscará allí. Nadie sabe que existe.

—¿Un departamento? —Elizabeth sintió un vértigo nuevo. Aceptar eso era oficializar la doble vida. Era crear un altar para su pecado—. Maximiliano, si acepto esto, no habrá vuelta atrás.

—Ya no la hay, Elizabeth. Cruzamos el puente el viernes. Ahora solo nos queda decidir si vamos a caminar juntos o si vamos a saltar por separado. Te espero a las dos de la tarde. Te enviaré la ubicación. No faltes.

El resto de la mañana fue un borrón de ansiedad. Elizabeth se vistió con una túnica de seda oscura, ocultando su figura, y salió de casa como quien va a un funeral. El trayecto en taxi hacia el casco antiguo se sintió como un viaje a otra dimensión. Las calles empedradas y los edificios coloniales parecían observar su traición con una severidad centenaria.

El departamento de Julián estaba en el último piso de un edificio restaurado, con una puerta de madera maciza y un timbre de bronce. Cuando Elizabeth llegó, la puerta se abrió antes de que pudiera tocar. Maximiliano la tomó de la mano y la atrajo hacia el interior, cerrando con llave tras de sí.

El lugar era un contraste de modernidad y decadencia: paredes de ladrillo visto, techos altos con vigas de madera y grandes ventanales que daban a las cúpulas de las iglesias cercanas. El silencio era absoluto, roto solo por el sonido de sus respiraciones.

Se miraron durante un minuto eterno. Maximiliano se había quitado la chaqueta y la corbata; se veía humano, vulnerable y peligrosamente decidido.

—Viniste —susurró él, acortando la distancia.

—No me dejaste opción —respondió ella, aunque su cuerpo ya se estaba inclinando hacia él, buscando el calor que su alma mendigaba—. Maximiliano, esto es una locura. Estamos creando un mundo que no puede existir fuera de estas cuatro paredes.

—Entonces hagamos que este sea nuestro único mundo —dijo él, tomándole el rostro con ambas manos—. Aquí no hay imperios que dirigir, ni planos que trazar, ni expectativas que cumplir. Aquí solo somos tú y yo.

El acuerdo se selló con un beso que supo a alivio y a condena. En ese departamento, lejos del cristal esmerilado de la oficina y de los ojos inquisidores de Solangel, establecieron las reglas de su refugio. Se verían los martes y viernes. Él inventaría reuniones de directorio; ella mantendría su teatro de salir y entrar de casa.

Se entregaron de nuevo, pero esta vez fue diferente al escritorio. No hubo la urgencia del miedo a ser descubiertos en el acto, sino una entrega lenta, casi dolorosa, donde cada caricia era una forma de grabarse en la memoria del otro. Maximiliano recorrió cada centímetro de Elizabeth con la calma de un hombre que ha encontrado su hogar en territorio prohibido. Ella se perdió en él, permitiéndose olvidar por unas horas que afuera, en la luz del día, un hombre llamado Adam seguía construyendo una cocina para una mujer que ya no existía.

—Prométeme algo —dijo Elizabeth, mientras descansaban en el lecho de sábanas grises, con la luz de la tarde filtrándose por las vigas—. Prométeme que cuando esto termine, cuando no podamos ocultarlo más... protegerás a tu hija. No dejes que mi presencia en tu vida la lastime.

Maximiliano la estrechó contra su pecho, besando su frente.

—Lo prometo. Pero también te prometo una cosa, Elizabeth: no voy a dejar de amarte. Ni aunque el mundo se caiga a pedazos sobre nosotros.

Salieron del departamento por separado, con un intervalo de quince minutos. Elizabeth caminó hacia la estación de tren, sintiendo que el peso del secreto ahora tenía una dirección física. Maximiliano regresó a su oficina, pero ya no miraba el cristal esmerilado con tristeza; lo miraba con la determinación de quien ha encontrado un tesoro en medio de un campo de batalla.

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Yessenys Díaz
❤️❤️❤️
jmlanena
Ya no son sospechas!!! 🧐 Son dudas muy claras!!! 🤷
jmlanena
Cuando la realidad los alcance, arrasará con todo!!!!🤦
jmlanena
No se puede huir de la realidad cuando está golpea tu puerta 🚪!!¡
jmlanena
Se dejaron llevar por la pasión ❤️‍🔥 del momento y el deseo pasajero del sentimiento mutuo!!!🤦
jmlanena
Sucedió lo que tanto temian!!!🤦
jmlanena
El compartir juntos el tiempo y el espacio aún en actividades profesionales, no será fácil para Maximiliano mantener su posición de jefe de hielo?
jmlanena
Es inevitable Maximiliano reflexionar y pensar en la vida que tienes hasta ahora!!!
jmlanena
Tienes años repitiendo la misma mentira una y otra y otra vez!!!!🤦
jmlanena
Dos vidas que creen que teniendo todo lo que soñaron para ser felices, en el día a día viven una realidad totalmente diferente y el destino juega en favor de despertar lo mejor de cada uno y nos motiva a vivir con intensidad cada día!!!🥰🥰🥰🥰
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