Un mundo por gobernar
Una alianza que crear
Enemigos más que amigos, sin esperanza en una historia mal contada.¿Podrá tener un comienzo en paz? O¿ será un final sin sueños de libertad?
⚠️ Contenido con relación poliamorosa
NovelToon tiene autorización de Milagros Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El mejor alumno
Llegando a toda prisa al salón de reuniones, Amira corrió lo más rápido que pudo; su cuerpo era cada día más veloz, y apenas tardó tres minutos en llegar. Eso la emocionó: realmente este cuerpo guardaba muchos secretos.
Esperó pacientemente en el salón, descansando mientras miraba por la ventana y reflexionaba por dónde empezaría sus investigaciones. Si bien su secuestro era el hilo conductor principal, algo no encajaba en su mente; había algo más que le dejaba un sabor amargo en la boca.
Un ligero golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos.
– Ami – dijo Isack – Tu maestro ya llegó – concluyó con una sonrisa.
– Príncipe Silvios – exclamó Amira sorprendida – Veo que usted es el mejor discípulo de la reina hada – añadió extendiendo la mano, quien esta vez respondió el saludo con una sonrisa cálida.
– Mi madre realmente está orgullosa de mí; ella fue mi maestra, y espero poder cumplir con su entrenamiento, diosa emperatriz – dijo realizando una reverencia.
Gley pasaba justo en ese momento, vio la reverencia y la sonrisa de Amira hacia Silvios, siguió caminando sin detenerse pero apretó los dientes con intensidad.
– Solo llámame Amira, o Emperatriz por ahora. No quiero que nadie se entere de mis poderes divinos – pidió Amira con una leve sonrisa.
– Claro que sí; mi madre me informó sobre sus facultades, y no se preocupe por su secreto: soy una tumba cerrada – respondió con la compostura de un verdadero caballero.
«Sí que tiene modales», pensó Amira mirándolo con ganas de apretarle los cachetes; parecía un lindo pastelito.
– ¿Comenzamos? – preguntó Amira.
Silvios le indicó el camino y Amira lo siguió; Isack sonrió antes de despedirse. Los dos se dirigieron hasta la ladera de la isla, cerca de la playa: el gran océano lucía más azul que nunca.
Silvios explicó a Amira que su poder de vida debía proyectarse hacia el exterior, por lo que tendría que evocar un recuerdo que le generara profunda tristeza para que su energía aflorara. Amira se sentó con los ojos cerrados y se sumergió en aquellos momentos difíciles del pasado.
– Siente cómo tu poder invade tu interior, intensifícalo y sacalo como si lo estuvieras empujando con tu mente hacia el espacio frente a ti. No evites el dolor: todo aquello que guardas en ese recuerdo es lo que te hace sentirte realmente viva – instruyó Silvios con seriedad, observando cómo su concentración era tan fuerte que logró hacer emerger un aura de maná alrededor de ella.
– Bien, ahora empuja ese poder como si estuviera directamente frente a ti. Mantenlo estable; cuando estés lista, te avisaré para que abras los ojos – dijo.
Amira revivió todos los maltratos que sufrió; su cuerpo sintió la furia acumulada, pero escuchó atentamente las indicaciones de Silvios. Sacó aquel poder de su interior y sintió cómo algo cálido brotaba de su ser, mientras sus manos experimentaban una ligera cosquilla.
– Abre los ojos – ordenó Silvios.
Frente a Amira brillaba una luz blanca tan intensa que iluminó aún más el día; el poder desprendido era enorme, dejándola boquiabierta de sorpresa.
– Ahora completarás el proceso: debes darle un sentido a esos recuerdos, una razón para vivir y superarlos – explicó Silvios mirándola fijamente.
Amira lo miró y reflexionó: «Todo el mal que una vez me hicieron, se lo devolverán. Viviré como toda una diosa: seré humilde y de gran corazón, me temerán y respetarán, haré que el mundo me reconozca hasta mi último día». Agarró la luz con su mente, y su profundo sentimiento de propósito le dio un significado trascendental a su poder.
Su energía y su ser se unieron completamente, envolviendo todo su cuerpo en un resplandor blanco que iluminó el lugar y la hizo elevarse del suelo. Cuando la luz se apagó y sintió que caía, Silvios la atrapó en el aire con destreza.
– ¡Eso estuvo increíble, mi rey! – exclamó con entusiasmo, riendo con una sonrisa de oreja a oreja.
– Me alegro, emperatriz… ¡Felicidades! Has completado tu poder; es extraordinario – dijo aún sosteniéndola en sus brazos – Nunca vi a nadie lograrlo en el primer intento: realmente eres una diosa.
– ¿Interrumpo algo? – se oyó una voz gruesa detrás de ellos; alguien con los brazos cruzados bloqueaba el paso.
Amira lo miró con una sonrisa, que desapareció al darse cuenta de que seguía en brazos del príncipe. Le hizo una señal a Silvios, quien mostraba una expresión seria al ver a Gley interrumpiéndolos.
– Disculpe, emperatriz – dijo bajándola con mucha delicadeza y una leve sonrisa.
– ¿Necesita algo, príncipe Gley? – preguntó Silvios con tono formal.
– Sí, y es con la emperatriz – respondió serio, con una mirada llena de tensión.
Amira los observó y no le agradó lo que veía. «No tengo tiempo para líos amorosos», pensó pasándose una mano por la frente.
– Estoy ocupada en este momento; puede esperarme en la academia dentro de una hora – dijo Amira mirándolo directamente.
– Bien – contestó Gley, fijándose en ella antes de dirigir una última mirada a Silvios y retirarse.
Amira suspiró profundamente. – Por favor, dime qué sucede entre ustedes – pidió.
– Solo puedo decir que se trata de una cuestión de mano en matrimonio – respondió Silvios.
Amira alzó una ceja, lo agarró de la camiseta para acercar su rostro al suyo. El rubor invadió el rostro de Silvios al instante.
– Sería mejor que solucionen eso; no quiero nada que ver con matrimonios arreglados – susurró suavemente al oído.
Silvios tragó saliva; su cuerpo se puso eufórico al sentir su voz sensual y su delicioso aroma lo dejó desconcertado.
– Eso no está en mis manos, emperatriz – respondió agarrándola por la cintura para acercarla aún más – Su mano está comprometida en un acuerdo mayor, pero solo diré que mis intenciones son puras: no la obligaré a nada que no desee. Solo tenga eso en cuenta – dijo antes de dejar un suave beso en su mejilla, haciendo que Amira se sonrojara.
Amira solo apretó los dientes. – Por ahora no tengo tiempo para ello, príncipe, pero podemos mantener una relación muy cercana – dijo con una sonrisa picarona.
Silvios sonrió y soltó su agarre. – Por favor, diosa, no haga eso… Su corazón me lo ganaré con mucho amor; no permitiré que su pureza sea arrebatada sin valor – afirmó antes de besarle suavemente la mano.
«Sí que me lo comería como un pastelito», pensó Amira mordiéndose el labio inferior, mientras sus mejillas ardían y su estómago revoloteaba. Suspiró para calmarse y solo asintió con la cabeza.
Continuaron con su entrenamiento por un rato más; el poder de Amira era tan fuerte que logró hacer emerger varias luces simultáneas, incluso pudo dividir la energía asociada a la envidia y el miedo en dos resplandores distintos.
Al finalizar, Amira estaba cansada pero llena de entusiasmo por aprender más. Silvios la guió con gran paciencia, explicando cada detalle con cuidado; su forma de enseñar era realmente extraordinaria.
Silvios la acompañó hasta la academia, y en el camino hablaron sobre lo que aprendería al día siguiente. Amira estaba feliz y le agradeció su ayuda, despidiéndose con un suave beso en la mejilla. Gley y Cedric presenciaron la escena, y su enojo era palpable en sus rostros..
••
📍El príncipe Silvios
LOS OTROS ALEN HIERBA MUERTA, POR COBARDES E INÚTILES 🙄