Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 15- Articulo de familia
#NICOLAS
Conteste el teléfono con una rapidez inusitada.
-¡Gracias a Dios!. Murmure.
Me aleje de Eva.
#Oso, dime que es una emergencia.
#¿Emergencia? ¡Pues claro que sí, maldito traidor! (La voz de Mario sonaba estruendosa al otro lado de la línea) ¡Me dejas por venir a ver a Eva y ahora me dices que estás libre! ¡Estoy abajo! ¡Ya llegué!
Senti un frío recorrerme la espalda. Había olvidado por completo la conversación con Mario en el bar. Mi amigo, que había tenido la oportunidad de ver a Eva en persona, esa vez que le pedi que la cuide por mi y ahora estaba en la puerta de mi departamento nuevamente.
Su primera impresión había sido tan visceral solo con la descripción… Luego de verla no dejaba de atosigarme por lo que evitaba hablarle y ahora me tenia donde queria... A su merced.
-¿Qué? ¡No, Oso, espera!
Intentó frenarlo, pero era demasiado tarde.
Un golpe fuerte resonó en la puerta del apartamento. Mario no esperaba.
Lanzo una mirada desesperada a Eva, que me observaba, aún esperando mi explicación sobre la "semilla".
-Tengo que… Tengo que abrir.
Dije, resignado.
Al abrir la puerta, Mario entró como un torbellino, sus ojos buscando algo en el apartamento.
-¿Dónde está la diosa? ¿La Barbie de laboratorio? Empezó Mario, con su humor habitual, pero sus palabras se cortaron en seco.
Sus ojos, que antes buscaban con curiosidad, se fijaron en Eva, que estaba de pie en la cocina, con el paño de cocina en la mano, observando a Mario con su habitual calma. La luz de la mañana la envolvía, resaltando su piel impecable, sus ojos profundos y la perfecta simetría de su rostro.
La boca de Mario se abrió ligeramente. Su expresión, antes de burla, se transformó en una de asombro mudo. Se quedó inmóvil, como petrificado. Las palabras que había usado en el bar, las descripciones gráficas, ahora parecían groseras, vulgares, patéticas frente a la serena presencia de Eva.
-Con lo sucedido la vez pasada... No tuve la oportunidad de decirte que es más que "una figura de arena", más que "un coche de lujo". Es… es hipnotizante... Y no solo eso... Se ve mucho mejor en una segunda vista.
La tensión en la cocina era palpable. Senti un nudo en el estómago. La llegada de Mario, su presencia, su mirada, su comentario, todo complicaba las cosas de una manera que ni la "semilla" ni las explicaciones más inverosímiles podrían arreglar.
El mundo de Eva, ese mundo de paz y descubrimiento, acababa de ser invadido por la cruda realidad de la fascinación masculina.
Yo sabía que la verdadera batalla por su inocencia apenas había comenzado.
El estruendoso abrazo de Mario y el subsiguiente silencio se rompió con un alarido de alegría.
-¡Tío Mario!
Clara salió disparada de su habitación, una explosión de energía con coletas revueltas, y se lanzó a los brazos de su "tío" favorito.
Mario, que segundos antes había estado hipnotizado por la presencia de Eva, reaccionó al instante. La alzó en el aire, emitiendo una sonrisa ensordecedora que llenó la habitación, una de esas sonrisas que solo un niño puede arrancar a un tipo como él.
-¡Mi terremoto favorito! ¡Qué grande estás!
Mario la hizo girar, recuperando su aplomo con la familiaridad de su sobrina. Sus ojos, sin embargo, no tardaron en volver a posarse en Eva.
Clara, sin perder un segundo, soltó su siguiente bomba.
-Tío, ¿le puedes explicar a Eva lo de la semilla? Papi no pudo. Dice que los papás ponen una semilla en las mamás para hacer bebés, y ella quiere saber cómo es. Papi se puso rojo y tiró el café.
Desee que la tierra me tragara. Mire a Mario, que ahora tenía una sonrisa pícara, de esas que no presagiaban nada bueno para mi. El Oso tenía una oportunidad de oro para devolverme las suyas.
Mario bajó a Clara, la miró con complicidad y le guiñó un ojo.
-Ah, ¿La semilla, dices? Pues claro que sí, campeona. Pero ese es un tema… Muy especial.
Luego, miró a Eva, que lo escuchaba con su curiosidad habitual.
-Verás, Eva. Nicolás tiene un artículo muy, muy especial para eso. Un artículo de… Familia. Y ese artículo, ese secreto de cómo se planta la semilla, solo puede enseñárselo a su futura esposa. Y a nadie más. Es un código secreto, ¿sabes?
Abri la boca para protestar, pero Mario me interrumpió, volviendo a enfocarse en Clara.
-¿Sabes qué, princesa? El tío Mario y tú nos vamos a ir a tomar un helado. ¿Quieres? De chocolate, de fresa, del que quieras. Para que papi tenga tiempo de enseñarle a Eva lo del artículo especial y la semilla, ¿eh?
Clara saltó de alegría.
-¡Sí! ¡Helado! ¡Así papi puede enseñarle a Eva a ser mi mamá!
Mario me guiñó un ojo por encima de la cabeza de Clara.
-Anda, campeón. No te quejes. Te doy una hora. Aunque viendo a Eva, seguro que en un segundo terminas la explicación.
Antes de que pudiera articular una sola queja, Mario ya estaba arrastrando a una feliz Clara hacia la puerta.
-¡Y que no se te ocurra entrar sin avisar, Oso!
Grite, en un hilo de voz, mientras veía cómo mi amigo me arruinaba la vida con una sonrisa.
Mario se rió, su voz retumbando por el pasillo.
-¡Tranquilo, hermano! ¡Llamaré!
La puerta se cerró, dejandome solo en el salón, rojo como un pimiento, con la respiración entrecortada y un torbellino de emociones en su interior. La idea de explicar "la semilla" a Eva, con la presión de la espera de Mario, era peor que cualquier tortura de la mafia.
Me gire lentamente hacia Eva, que ahora me miraba con una curiosidad aún más intensa. Sus ojos ámbar, de una pureza abrumadora, me estaban taladrando.
-¿El artículo especial?
Preguntó Eva, su voz tan dulce que casi era dolorosa.
-¿Y el código secreto? ¿Me lo enseñarás, Nicolás? ¿Para que pueda tener un bebé?
Trague saliva, deseando que el suelo se abriera bajo mis pies. Esto iba a ser la hora más larga de mi vida.