La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
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Capítulo 16
El despertador sonó, indicando que ya eran las seis de la mañana. Emma se levantó, sintiendo su cuerpo pesado y la mente aún atormentada por los pensamientos sobre Aiden. Sabía lo que él quería de ella, pero esta vez no estaba dispuesta a darle el gusto.
Se dirigió al baño y se dio una ducha con agua fría, buscando despejarse por completo. Al salir, escogió un vestido beige con detalles blancos y un cinturón que había comprado con Daisy. El atuendo tenía mangas semilargas y lo combinó con unos tacones bajos color blanco que armonizaban perfectamente. Dejó su cabello caer en suaves ondas y se aplicó un poco de maquillaje, siguiendo los tutoriales que su hermana le había enviado. No era una experta, pero poco a poco estaba mejorando.
Cuando terminó de arreglarse, miró el reloj de la pared; faltaban treinta minutos para que comenzara su jornada de trabajo. Salió de su apartamento con paso decidido hacia la empresa, sintiendo las miradas de algunas personas, algo a lo que aún no lograba acostumbrarse. Caminó con prisa, cruzó el semáforo en cuanto cambió a verde y llegó a su destino en cuestión de minutos.
Al entrar al edificio, saludó rápidamente a un par de personas, evitando cualquier encuentro fortuito con Dominic, su jefe. Aún no se recuperaba de lo incómoda que había sido su interacción la noche anterior.
—¡Emma! —exclamó Nicole, alcanzándola con rapidez—. Ayer me dejaste con muchas incógnitas sin resolver. ¡Habla ahora o te juro que no te dejaré en paz en todo el día!
Emma, consciente de lo insistente que podía ser su amiga, suspiró y respondió:
—Está bien, ¿qué quieres saber? Pero solo lo que esté a mi alcance, Nicole.
—¿El presidente tiene esposa e hijos?
—No... Tiene dos hijos, Arabella y Dominic.
—¡No puede ser! Dos hijos... ¿Cómo es que nunca se ha hablado de eso?
—Se llama privacidad, Nicole. Si se ha mencionado, ha sido con mucha discreción y la información es reservada.
—Ah, recuerdo haber leído algo al respecto... Espera, ¿cómo sabes los nombres de sus hijos? ¿No me dijiste que no habías preguntado nada? ¿Qué pasó en realidad?
Ya en su oficina, Emma tomó asiento mientras Nicole se acomodaba en un pequeño sillón junto a la puerta.
—Ayer salí a una cita con Aiden —comenzó Emma.
—¿Y ese imbécil qué tiene que ver con todo esto?
—Nicole, por favor, respeta. Como te decía, salí con Aiden, y por casualidad, el presidente estaba cenando cerca de nosotros con sus hijos. Conocí el nombre de Arabella porque ella corrió hacia mí cuando me vio, y Dominic lo mencionó para que se comportara. No te miento, esa niña es una dulzura, y el bebé, Dominic, es un angelito. El presidente tiene hijos hermosos, aunque él mismo sea tan… bueno, ya sabes. —Emma no podía negar que, a pesar de la actitud prepotente de Dominic, era un hombre guapo.
—¿Y su esposa?
—No lo sé, no estaba con ellos. Tal vez están separados. —Emma recordó la mirada intensa de su jefe la noche anterior, lo que la había incomodado profundamente. No entendía por qué se sentía avergonzada si no había hecho nada malo; después de todo, estaba con su novio.
—Por cierto, ¿me acompañas más tarde? Necesito comprar unas cosas.
—Claro, yo también quería ver algunas tiendas.
—Perfecto.
El día transcurrió lentamente hasta que la hora de salida se acercaba. Emma estaba terminando unas hojas de cálculo mientras Nicole la esperaba en el umbral de la puerta, observándola impacientemente. Sintiendo la presión de su amiga, Emma aceleró el paso, apagó su computadora y recogió sus cosas para salir.
Ambas se dirigieron al centro comercial. Nicole, con su entusiasmo habitual, tomaba a Emma del brazo y admiraba las tiendas, aunque solo planeaba comprar lo necesario. Al llegar a la sección de ropa íntima, Emma comenzó a mirar algunas prendas. Su ropa interior ya estaba desgastada, y quería sorprender a Aiden con algo especial.
Mientras Nicole se entretenía con encajes y lencería, Emma encontró un babydoll que le gustó y decidió probárselo. Sin embargo, cuando intentó entrar a uno de los probadores, notó que estaba ocupado por una pareja. Aunque le pareció inapropiado, no le prestó mucha atención. Pero algo la detuvo: una voz familiar provenía del interior.
Al principio pensó que su mente le jugaba una mala pasada, pero su corazón se hundió cuando escuchó claramente el nombre de Aiden. Con manos temblorosas, abrió la cortina del probador, revelando una escena devastadora. Allí estaba Aiden, enredado con una rubia, ambos vestidos en ropa íntima.
—¿Qué te pasa? ¡Esto está ocupado! —gritó la chica, pero Aiden, al verla, se quedó helado.
—Emma... —murmuró, nervioso.
Emma no podía creer lo que estaba viendo. Su corazón se rompió en mil pedazos y las lágrimas comenzaron a correr sin control.
—¿Cómo pudiste, Aiden...? —fue todo lo que logró decir.
Nicole, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, reaccionó de inmediato. Con una furia contenida, se acercó y, sin pensarlo dos veces, le propinó una patada en la entrepierna a Aiden, dejándolo tirado en el suelo. Luego tomó a Emma de la mano y salieron rápidamente de la tienda, dejando las prendas olvidadas.
Subieron a un taxi mientras Emma seguía llorando, incapaz de procesar lo que acababa de suceder. Nicole, aunque furiosa, entendía que en ese momento lo único que podía hacer era estar ahí para su amiga. La abrazó, intentando consolarla de alguna manera.
Al llegar al edificio, Nicole ayudó a Emma a entrar en su apartamento y de inmediato llamó a Daisy para que también viniera. Dejó a Emma en la cama, envuelta en sus lágrimas, mientras iba a la cocina a preparar un té de menta, esperando que eso pudiera calmarla al menos un poco.