Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.
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Capítulo 14: El Colmo
—Gracias, señor Del Solar —respondió ella, sintiendo cómo un suave sonrojo le cubría las mejillas ante la calidez de su mirada. Para evitar delatarse, Renata bajó la vista rápidamente y ajustó los folletos en la mesa—. Si me permite, le dejo la lista de los clientes que llamaron a primera hora.
—Perfecto, Renata. Muchas gracias —dijo él, tomando la taza de té con una pequeña sonrisa antes de concentrarse en la pantalla de su computadora.
La jornada transcurrió entre llamadas, firmas de documentos y un ambiente de trabajo extrañamente armonioso. Renata demostraba una eficiencia impecable, y cada interacción con Ricardo reforzaba el respeto mutuo que estaba creciendo entre ambos.
Sin embargo, a media tarde, mientras Renata revisaba unos archivos en su escritorio fuera de la oficina presidencial, su teléfono celular comenzó a vibrar. Al ver la pantalla, notó que era Mateo. Temiendo que fuera una emergencia familiar, contestó de inmediato susurrando:
—¿Hijo, qué pasa?
—Mamá, disculpa que te moleste en el trabajo —dijo Mateo al otro lado de la línea, con un tono de voz lleno de rabia y preocupación—. Pero cuando llegué de averiguar lo de la universidad, encontré un sobre de citación para ti.
—¿Para mí? ¿Qué es? —preguntó Renata, sintiendo un frío helado recorrerle la espalda.
—Mamá... la familia de esa mujer está reclamando el dinero de la empresa por la muerte de mi papá. Dice que ese dinero debe ser para su hija, al menos eso es lo que exige esta citación. Dice que es para el asunto de la compensación monetaria que da la empresa, y como ya está por salir...
A Renata se le cortó la respiración. La amante de Fernando no solo le había destruido el matrimonio y le había arrebatado su hogar, sino que ahora pretendía quitarle a sus hijos el único amparo económico que les correspondía por derecho tras la muerte de su padre.
—No puede ser... —murmuró Renata con la voz temblorosa, apretando el teléfono contra su oído mientras las lágrimas de impotencia amenazaban con asomarse a sus ojos—. Ese dinero es de ustedes, es lo único que les dejó...
En ese momento, la puerta del despacho de Ricardo se abrió suavemente. Ricardo salió con unas carpetas en la mano y se detuvo en seco al ver la palidez en el rostro de su asistente y sus ojos inundados de angustia.
—Renata, ¿sucede algo? ¿Está bien? —preguntó Ricardo con tono lleno de autentica preocupación, dando un paso hacia ella.
Renata cortó la llamada bruscamente, apartando el teléfono de su rostro mientras intentaba disimular secándose una lágrima traicionera que se le escapaba por la mejilla.
—Sí, señor Del Solar... todo está bien, no se preocupe —alcanzó a decir con la voz temblorosa, tratando de esbozar una sonrisa profesional.
Pero Ricardo no le creyó en absoluto. La miró fijamente, con esa agudeza que lo caracterizaba.
—Renata, en el poco tiempo que lleva trabajando para mí, créame que sé perfectamente cuándo algo le sucede. Así que por favor, dígame qué pasa.
Renata no soportó más la presión. La mezcla de angustia por la injusticia de la amante de Fernando, la rabia contenida y el cansancio acumulado terminaron por quebrarla. Cubriéndose el rostro con las manos, rompió a llorar de forma silenciosa.
Ricardo, al verla tan vulnerable, sintió una punzada en el corazón. Se acercó a ella sin dudarlo un segundo y le tomó las manos con una delicadeza infinita, apartándolas suavemente de su rostro.
—Por favor, Renata... vamos a mi oficina, por favor —le pidió con voz suave pero firme.
Con amabilidad, la guió hacia el interior del despacho presidencial y cerró la puerta para darle privacidad. Le pidió que se sentara en uno de los cómodos sillones de cuero y, de inmediato, él mismo caminó hacia la pequeña credenza y le sirvió un vaso con agua fresca.
—No, señor, ¿cómo se le ocurre? —interrumpió Renata, tratando de ponerse de pie de golpe—. Yo soy la que debe servirle a usted, no usted a mí.
—Por favor, Renata, ahora no —la detuvo él con dulzura, apoyando suavemente la mano sobre su hombro para que volviera a sentarse—. No esté con esos formalismos ahora, ¿sí? Tome... tome un poco, le va a hacer bien.
Renata tomó el vaso con las manos temblorosas y bebió un sorbo, intentando estabilizar su respiración mientras Ricardo se sentaba en el sillón contiguo, frente a ella.
—Y ahora me va a contar qué es lo que le sucede —agregó Ricardo, mirándola a los ojos con absoluta firmeza y calidez—. Porque sea lo que sea, estoy dispuesto a ayudarla.
Mientras Ricardo y Renata planean su boda y verán dónde hacerla sin pensar que esa diabólica de Cony quiere dañarlos.
Renata en este momento camina entre nubes y es muy feliz.
Ricardo con fuegos artificiales hizo su propuesta de pedirle matrimonio a Renata y por supuesto fue un si rotundo.
Todo muy bien Ricardo pero ya tu familia y tu hija lo saben 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓