Lois y Cristopher se conocieron a los catorce años, sin imaginar que ese primer encuentro cambiaría sus vidas para siempre. Años después, cuando por fin están juntos, personas muy cercanas harán todo lo posible por separarlos. Entre el amor, las traiciones y las decisiones más difíciles, descubrirán que algunos corazones jamás dejan de elegirse.
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Capítulo 15 El regalo que guardó durante años
El último acorde de la música se desvaneció lentamente.
Cristopher seguía abrazándome en medio de la pista mientras los aplausos llenaban el salón.
Yo apoyé mi cabeza sobre su pecho.
Podía escuchar su corazón.
Latía tan fuerte como el mío.
Pensé que la noche ya no podía regalarme nada más.
Estaba equivocada.
Las luces se apagaron por completo.
Un único reflector iluminó el escenario.
Cristopher tomó mi mano y sonrió con esa sonrisa que siempre lograba acelerar mi corazón.
—Mi amor... todavía queda una última sorpresa.
Lo miré confundida.
—¿Otra más?
Él asintió.
—La más importante de todas.
Una pantalla gigante comenzó a proyectar fotografías de nosotros desde los catorce años.
Nuestra primera conversación.
Nuestro primer abrazo.
Nuestro primer beso.
Las tardes después del colegio.
Las risas.
Las lágrimas.
Los sueños que compartimos cuando apenas éramos unos adolescentes.
Cuando el video terminó, apareció una frase escrita sobre un paisaje del Cajón del Maipo.
"Todos los sueños necesitan un lugar donde comenzar."
El salón quedó completamente en silencio.
Cristopher respiró hondo.
Tomó el micrófono.
—Lois... desde que era un niño soñé con tener un hogar lleno de amor.
Pero cuando te conocí entendí que ese sueño tenía tu nombre.
Hizo una pausa.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Durante mucho tiempo guardé un secreto. Trabajé, ahorré y planifiqué cada detalle pensando en este día.
Muchas veces imaginé este momento, preguntándome si lograría sorprenderte.
Se acercó a una mesa donde descansaba una elegante caja de madera.
La tomó con cuidado.
Volvió hasta donde yo estaba.
Se arrodilló frente a mí.
Todo el salón contuvo la respiración.
Abrió lentamente la caja.
Dentro descansaba una hermosa llave plateada, acompañada por una pequeña placa grabada.
La tomó entre sus dedos.
Después levantó la mirada.
—Mi amor...
Esta llave no abre un sueño...
Abre nuestra casa.
Una casa que compré para ti.
Nuestra primera casa.
En el Cajón del Maipo.
Sentí que el aire desaparecía.
Lo miré sin poder creer lo que acababa de escuchar.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
Cristopher sonrió.
—Quería regalarte un lugar donde cada amanecer comenzara con un beso. Donde cada cumpleaños dejara nuevos recuerdos. Donde nuestros hijos aprendieran a caminar. Donde en cada rincón se escucharan nuestras risas.
Tomó mi mano.
Colocó la llave sobre mi palma.
La cerró con muchísimo cuidado.
—Este es mi regalo de cumpleaños... y mi primer regalo como tu prometido.
No son ladrillos.
No son ventanas.
No son paredes.
Es el lugar donde quiero amarte toda la vida.
Donde quiero despertar contigo cada mañana.
Donde quiero abrazarte cuando tengas miedo.
Donde quiero envejecer de tu mano.
Porque no compré una casa...
Compré el lugar donde quiero escribir nuestra historia.
Ya no podía contener el llanto.
Caí de rodillas frente a él.
Lo abracé con todas mis fuerzas.
—No sé cómo agradecerte...
Él secó mis lágrimas con la yema de sus dedos.
—No tienes que agradecerme nada.
Verte feliz siempre ha sido el sueño más grande de mi vida.
El salón entero rompió en un aplauso interminable.
Mis papás lloraban abrazados.
La mamá de Cristopher tenía las manos sobre el pecho, completamente emocionada.
Nuestros hermanos y amigos aplaudían sin parar.
Entonces, detrás del escenario, apareció una enorme fotografía de la casa.
Una cabaña maravillosa en medio del Cajón del Maipo, rodeada de montañas, árboles y el sonido del río.
Debajo de la imagen podía leerse una frase:
"Bienvenida a casa, a mi futura esposa."
No pude decir una sola palabra.
Solo levanté la llave hacia mi corazón.
Y entendí que aquel regalo no tenía precio.
Porque Cristopher no me había regalado solamente una casa.
Me había regalado el lugar donde nacerían nuestros recuerdos, nuestras risas, nuestras celebraciones, nuestros abrazos después de los días difíciles y todos los sueños que aún nos quedaban por vivir.
Lo besé con todo el amor que existía dentro de mí.
Y mientras el cielo se iluminaba con fuegos artificiales y todo el salón celebraba con nosotros, comprendí que aquella llave no abría una puerta cualquiera.
Abría el capítulo más hermoso de nuestras vidas.
El capítulo llamado hogar.