Desperté años en el pasado con una misión: eliminar al futuro Rey Demonio.
Sin embargo, cuando lo encontré, era solo un bebé.
Un bebé demasiado inteligente.
Un bebé que conocía mi nombre.
Un bebé que me miró con tristeza y susurró:
—Te encontré otra vez, mamá
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El noble de los ojos grises
La peor parte de tener recuerdos de otras vidas...
Era que no siempre aparecían cuando uno quería.
A veces llegaban de golpe.
Sin aviso.
Como una tormenta.
Y aquella mañana Lucien estaba teniendo una muy mala tormenta.
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—¿Lucien?
—¿Sí?
—Estás intentando comer una cuchara.
El pequeño bajó la vista.
Efectivamente.
Estaba sosteniendo una cuchara.
—Ah.
—¿Estás bien?
—No.
—Eso empieza a preocuparme.
—A mí también.
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Lyra suspiró.
Aquello era serio.
Porque normalmente Lucien convertía cualquier situación en una broma.
Cuando dejaba de hacerlo...
Era porque algo realmente lo estaba afectando.
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—¿Quieres hablar?
Preguntó.
Lucien permaneció en silencio.
Luego negó con la cabeza.
—Todavía no.
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Aquella respuesta fue suficiente.
Por ahora.
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Mientras tanto, la Academia Celestia seguía siendo un caos.
Porque la noticia del "niño de la luz roja" ya había llegado a todos los rincones del campus.
Incluso a personas que no estudiaban allí.
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—Esto es tu culpa.
Dijo Lyra.
—¿Por qué?
—Porque existes de forma problemática.
—Eso suena ofensivo.
—Y correcto.
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Cuando llegaron al patio principal encontraron algo inesperado.
Un enorme grupo de estudiantes.
Todos reunidos alrededor de un tablón.
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—¿Qué ocurre?
Preguntó Lyra.
Un alumno respondió emocionado.
—¡La evaluación anual!
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—¿La qué?
Preguntó Lucien.
—Una prueba para medir las habilidades mágicas de los estudiantes.
—Otra prueba.
—Sí.
—Empiezo a pensar que los adultos tienen una obsesión poco saludable con los exámenes.
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El estudiante no supo qué responder.
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—Mamá.
—¿Qué?
—Si algún día soy rey...
—No.
—Ni siquiera sabes qué iba a decir.
—Conociéndote, nada bueno.
—Iba a prohibir los exámenes.
—..
—..
—Continúa.
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Por primera vez en días, Lucien sonrió de verdad.
Y eso alivió un poco a Lyra.
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Pero la tranquilidad duró exactamente cinco minutos.
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Porque apareció él.
El noble de los ojos grises.
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Lucien lo vio antes que nadie.
Y su sonrisa desapareció inmediatamente.
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Era un hombre elegante.
Aparentemente amable.
Respetado por todos.
Incluso algunos profesores lo saludaban con admiración.
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Pero Lucien estaba pálido.
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—Mamá.
—Lo sé.
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No necesitó preguntar.
Sabía exactamente de quién hablaba.
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El noble se acercó a un grupo de estudiantes.
Conversó con ellos.
Sonrió.
Incluso ayudó a una niña que había tropezado.
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Parecía una buena persona.
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Y eso era lo aterrador.
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Porque si Lucien decía la verdad...
Entonces aquel hombre era un monstruo escondido detrás de una sonrisa perfecta.
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—No entiendo.
Murmuró Lyra.
—¿Qué?
—No parece alguien capaz de hacer algo así.
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Lucien soltó una pequeña risa amarga.
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—Nunca lo parece.
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Aquella respuesta la dejó helada.
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Más tarde, mientras caminaban por los jardines de la academia...
Lucien volvió a quedarse inmóvil.
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Otro recuerdo.
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Otra vez.
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Una espada cubierta de sangre.
Un incendio.
Gritos.
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Y aquel hombre.
Siempre aquel hombre.
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—¡Lucien!
La voz de Lyra lo devolvió a la realidad.
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—¿Estás bien?
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—Sí.
Mintió.
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—Mientes horrible.
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—Lo sé.
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—¿Qué viste?
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El pequeño bajó la mirada.
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—Una vida más.
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El corazón de Lyra se apretó.
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—¿Qué ocurrió?
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Lucien tardó varios segundos en responder.
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—Fue una de las peores.
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El viento sopló suavemente entre los árboles.
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—En esa vida...
Comenzó.
—Pensé que finalmente habíamos ganado.
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Lyra escuchó en silencio.
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—Habíamos escapado.
Estábamos lejos.
Tú estabas feliz.
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Una sonrisa triste apareció en su rostro.
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—Incluso me enseñaste a cocinar.
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—¿Y qué pasó?
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Los ojos rojos del pequeño se oscurecieron.
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—Él nos encontró.
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Silencio.
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—¿Y después?
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La voz de Lucien apenas salió.
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—Te atravesó el corazón frente a mí.
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El mundo pareció detenerse.
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Lyra sintió un escalofrío recorrer toda su espalda.
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Porque aquello ya no era una advertencia.
Era un recuerdo.
Uno real.
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—Lucien...
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—Y lo peor es que...
El niño apretó los puños.
—No recuerdo por qué lo hizo.
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Aquella respuesta sorprendió a Lyra.
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—¿No lo sabes?
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—No.
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Y esa era precisamente la parte más aterradora.
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Porque si un hombre había perseguido a Lyra a través de incontables líneas temporales...
Debía existir una razón.
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Y todavía no la conocían.
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Esa noche, algo inesperado ocurrió.
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Mientras cenaban en una pequeña sala de la academia...
El noble de los ojos grises entró.
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Directamente.
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Y caminó hacia ellos.
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El corazón de Lyra comenzó a latir con fuerza.
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Lucien se quedó inmóvil.
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Completamente inmóvil.
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El hombre sonrió cordialmente.
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—Buenas noches.
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—Buenas noches.
Respondió Lyra.
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—¿Usted es Lyra?
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Ella asintió.
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—He oído hablar bastante de usted y del pequeño prodigio.
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Lucien no respondió.
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Ni una palabra.
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Ni una sola.
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Lo cual era extremadamente raro.
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—Soy Lord Valerius.
Se presentó el noble.
—Un placer conocerlos.
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Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
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Lucien se puso de pie.
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Tomó la mano de Lyra.
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Y dijo con una sonrisa tan exageradamente falsa que resultaba casi cómica:
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—Qué interesante.
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Silencio.
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—¿Sucede algo?
Preguntó el noble.
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—No.
Respondió Lucien.
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—¿Seguro?
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—Sí.
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—Pareces nervioso.
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La sonrisa del pequeño se volvió aún más brillante.
Más falsa.
Más aterradora.
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—Y usted parece una persona maravillosa.
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Silencio absoluto.
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Incluso Lyra sintió miedo.
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Porque después de viajar semanas con Lucien...
Sabía exactamente lo que significaba aquella sonrisa.
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Significaba problemas.
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Grandes problemas.
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Y mientras Lord Valerius se alejaba...
Lucien susurró algo tan bajo que solo Lyra pudo escucharlo.
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—Esta vez te vi primero.
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Por primera vez...
El noble de los ojos grises estaba dentro del tablero.
Y por primera vez...
Lucien también.
FIN DEL CAPÍTULO 15