La noche de quince años debía ser simplemente una celebración inolvidable, llena de música, alegría y sueños. Sin embargo, todo cambia cuando una conexión inesperada surge entre la festejada y su elegante chambelán.
Entre ensayos, bailes, miradas discretas y momentos compartidos, nace un sentimiento que ninguno de los dos esperaba. Lo que parecía una simple amistad comienza a convertirse en algo mucho más profundo, poniendo a prueba sus emociones y enseñándoles que el amor puede aparecer en los momentos más inesperados.
Pero no todo será fácil. Los rumores, las diferencias y los desafíos de la vida pondrán a prueba aquello que sienten. ¿Será suficiente para mantenerse unidos o terminará siendo solo un hermoso recuerdo?
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Capítulo 15: La gran noche
Después de meses de preparación, ensayos y emoción, finalmente llegó el día de mis quince años.
Desde muy temprano la casa estaba llena de movimiento. Maquillistas, estilistas, decoradores y familiares iban de un lado a otro terminando los últimos detalles.
Pero lo más impresionante era el salón.
Cuando llegué y vi la decoración por primera vez, me quedé sin palabras.
Todo estaba decorado en tonos lila, lavanda y violeta, mis colores favoritos.
Desde el techo colgaban miles de flores artificiales que parecían cascadas moradas. También había enormes lámparas de cristal que iluminaban todo el lugar con una luz cálida y elegante.
Las mesas estaban cubiertas con manteles claros y centros de mesa llenos de rosas, hortensias y flores lilas.
Pequeñas velas decorativas brillaban alrededor del salón creando un ambiente mágico.
Al fondo se encontraba el escenario principal.
Detrás había un enorme letrero iluminado con mi nombre:
ARIANA
Las letras brillaban con luces doradas y violetas que podían verse desde cualquier parte del salón.
A los lados del escenario había arreglos florales gigantes que parecían sacados de un cuento de hadas.
La pista de baile reflejaba las luces del techo como si fuera un espejo.
Y junto a una de las esquinas estaba el pastel.
Era enorme.
Tenía varios pisos decorados con detalles dorados y flores moradas que combinaban perfectamente con el resto del salón.
Parecía una obra de arte.
Pero si el salón era hermoso, el vestido era todavía más impresionante.
Mi vestido era de color lavanda brillante.
La falda era enorme y tenía muchas capas de tul que le daban volumen y elegancia.
Por toda la tela había pequeñas flores bordadas y detalles brillantes que reflejaban la luz cada vez que me movía.
La parte superior estaba decorada con pedrería y aplicaciones florales que hacían que pareciera sacado de una película de princesas.
Las mangas eran delicadas y esponjosas, hechas de tul suave que caía sobre los hombros.
Cuando caminaba, el vestido parecía flotar.
Muchas personas se quedaron observándolo apenas entré al salón.
El peinado también había tomado varias horas.
Mi cabello estaba recogido parcialmente en un elegante moño alto.
Algunos mechones ondulados caían suavemente a los lados del rostro.
Pequeños accesorios brillantes decoraban el peinado y reflejaban la luz de los candelabros.
Sobre mi cabeza llevaba una hermosa tiara plateada con piedras brillantes.
Parecía una verdadera princesa.
El maquillaje era delicado y natural.
Lo suficiente para resaltar mis ojos y mi sonrisa sin exagerar.
Cuando terminé de arreglarme y me vi en el espejo, por unos segundos no podía creerlo.
Después de tanto tiempo soñando con ese día, finalmente había llegado.
Los invitados comenzaban a llenar el salón.
Las luces brillaban.
La música sonaba suavemente.
Las flores decoraban cada rincón.
Y todo estaba listo para una noche que jamás olvidaría.
Era la noche de Ariana Salazar.
La noche que había esperado durante años.
Mientras los invitados seguían llegando, podía escuchar las conversaciones, las risas y el sonido de las copas chocando suavemente. Muchos familiares habían viajado desde otras ciudades para acompañarme en un día tan importante. Algunos tomaban fotografías del salón, otros admiraban la decoración y varios no podían creer lo hermoso que había quedado todo. Mi papá caminaba saludando a los invitados con una gran sonrisa, orgulloso de ver que todo estaba saliendo exactamente como lo había planeado.