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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:28.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

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CAPÍTULO 11: Espinas imperiales y fragancias de engaño

El carruaje del Ducado de Valerius, escoltado de cerca por Sir Galahad y un escuadrón de caballeros de armadura reluciente, cruzó los portones de hierro dorado del Palacio Imperial de la capital. Alissa miraba por la ventana, respirando hondo para calmar los latidos de su corazón. El lujo de la capital era deslumbrante, pero las lecciones que Cédric le había enseñado en la penumbra de su despacho funcionaban como una armadura invisible en su mente. No iba a permitir que nadie pisoteara el nombre de su nueva familia.

Al descender del carruaje en los jardines reales, la primera figura en recibirla no fue un rígido sirviente de protocolo, sino el mismísimo heredero al trono.

—¡Pero si es la mismísima reina de la primavera en persona! —exclamó el príncipe Christopher, avanzando con los brazos abiertos y una sonrisa cargada de picardía—. Alissa, querida, debo decir que la vida matrimonial te asienta de maravilla. Aunque, conociendo a Cédric, me sorprende que no hayas llegado aquí con la mitad del rostro congelada por sus suspiros de general.

Alissa no pudo evitar soltar una risita limpia, la tensión abandonando sus hombros de inmediato gracias al humor del príncipe.

—Su Alteza, no sea injusto —replicó ella con timidez pero con complicidad—. El duque ha demostrado tener un corazón mucho más cálido de lo que usted le da crédito.

—Oh, no me digas eso, que me arruinas la diversión de molestarlo —bromeó Christopher, ofreciéndole el brazo con elegancia—. Ven, acompáñame. Las víboras ya están en el jardín trasero tomando el té, y se están quedando sin veneno esperándote.

El príncipe la guio hacia los majestuosos cenadores de cristal donde se celebraba el evento de beneficencia. En cuanto Alissa entró, un silencio pesado cayó sobre las mesas. Las damas de la alta sociedad la observaron de arriba abajo, buscando desesperadamente una mancha de harina en su vestido o un tropiezo en su postura.

No tardó en acercarse un grupo de aristócratas de alto rango. Una de las marquesas de la capital, con una sonrisa fingida, alzó la voz para que las mesas cercanas escucharan:

—Sea bienvenida, Duquesa Alissa. Nos alegra que haya podido encontrar el camino desde las lejanas provincias del sur. Estábamos justamente comentando que debe ser un shock tan tremendo para alguien de su... humilde origen, adaptarse a las complejidades de un palacio de verdad. ¿No extraña la vida sencilla del campo?

Alissa sostuvo la mirada de la mujer. En su mente resonaron las palabras de Cédric: "No muestres miedo. Ataca con elegancia".

—Para nada, Marquesa —respondió Alissa, manteniendo una voz suave pero arrastrando las palabras con una seguridad aplastante—. En el sur aprendemos que un palacio no lo definen las piedras preciosas ni los títulos pomposos, sino la lealtad y la pureza de quienes lo habitan. Además, administrar el Ducado de Valerius ha resultado ser una tarea de lo más natural, especialmente ahora que el pequeño Theo y el duque disfrutan tanto de mi compañía. Es una lástima que en la capital pasen tanto tiempo preocupadas por las apariencias en lugar de cultivar un hogar real.

Un murmullo de sorpresa corrió entre los invitados. La marquesa abrió la boca, indignada, pero se quedó completamente sin palabras al ver el rostro imperturbable de Alissa. Les había cerrado la boca a todas juntas en un solo movimiento. Christopher tuvo que morderse el labio inferior para no soltar una carcajada de orgullo en medio del jardín.

Sin embargo, el ambiente cambió cuando una mujer de porte aristocrático, cabello castaño perfectamente peinado y un vestido de seda oscura de luto atenuado se abrió paso entre la multitud. Su rostro guardaba un parecido sutil pero innegable con los retratos antiguos que Alissa había visto en los pasillos del norte.

—Vaya, la nueva duquesa realmente tiene garras —pronunció la mujer con una sonrisa fría, dando un paso al frente—. Un placer conocerla formalmente. Soy Lady Elene, hermana de la difunta esposa de Cédric. Es decir... su cuñada.

Alissa sintió un vuelco en el estómago, pero mantuvo la compostura y extendió la mano por cortesía.

—Lady Elene. Cédric me ha hablado de la familia de su anterior esposa —mintió Alissa con elegancia.

—Me lo imagino —replicó Elene, sus ojos fijos en ella de una forma calculadora—. He estado muy preocupada por mi pequeño sobrino, Theo. Desde la trágica muerte de mi hermana, ese pobre niño ha estado rodeado solo de soldados y frialdad. Me enteré de que ha estado interfiriendo en sus horarios y en su educación. Como su tía biológica, exijo verlo. Deseo visitarlo en el Ducado lo antes posible para asegurarme de que esté recibiendo la crianza que le corresponde a un verdadero Valerius.

Alissa notó la sutil provocación y la insistencia en las palabras de la mujer, quien intentaba usar su lazo de sangre para imponer autoridad sobre el niño. Pero Alissa ya no era la joven sumisa del sur; era la madre que Theo había elegido.

—Agradezco profundamente su preocupación por el bienestar de nuestro heredero, Lady Elene —respondió Alissa con una serenidad cortante como el hielo—. Sin embargo, el ducado se encuentra actualmente en un proceso de reestructuración y el duque y yo estamos manejando personalmente su agenda. Le confirmaré los días disponibles para una visita formal más adelante, a través de cartas oficiales. Buenas tardes.

Sin darle tiempo a replicar, Alissa hizo una sutil inclinación de cabeza y se dio la vuelta, dando por terminada la conversación y dejando a Elene con la palabra en la boca en medio del salón.

Minutos después, cuando lograron apartarse del bullicio de las mesas y caminaban por los pasillos laterales del Palacio Imperial hacia el carruaje, el príncipe Christopher se colocó al lado de Alissa, perdiendo por completo su tono bromista. Su rostro se había vuelto serio y analítico.

—Hiciste un trabajo impecable allá adentro, Alissa, les diste donde más les duele —comenzó el príncipe, bajando la voz—. Pero quiero que me escuches con mucha atención. No te fíes ni un solo cabello de esa mujer, de Elene.

Alissa lo miró, intrigada por el repentino cambio de actitud del heredero.

—¿Por qué lo dice, Su Alteza? Es la tía de Theo.

Christopher soltó un bufido despectivo, cruzándose de brazos mientras caminaban.

—Esa mujer tiene y huele a puro olor a zorra, Alissa. Créeme, mi olfato para la escoria de la corte nunca falla. Cuando la hermana de Elene murió en el parto, ella hizo hasta lo imposible por intentar ocupar el puesto de duquesa. Cédric la rechazó una y otra vez porque sabe perfectamente qué tipo de arpía es. Si ahora quiere acercarse a Theo y meterse en tu palacio, no es por amor al niño, es porque busca una forma de desestabilizar tu matrimonio y meter sus garras en el norte. Piensa muy bien antes de enviarle esa carta, y si me preguntas a mí, no la invites nunca. Es un peligro.

Alissa apretó los puños bajo su capa, recordando la mirada fría de Elene y comparándola con el abrazo sincero que el pequeño Theo le había dado la noche de las pesadas sombras.

—No se preocupe, Christopher —respondió Alissa, sus ojos dorados brillando con una nueva y protectora intensidad—. Nadie va a volver a usar a Theo como una pieza de ajedrez. No mientras yo sea la Duquesa de Valerius.

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Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
Maria Garrido
el papá de ella no se supo nunca de él.
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