El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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La pieza que faltaba
El día pasó tan rápido que ni siquiera pude pensar con claridad. Simplemente hice lo que debía hacer como profesor de la clase de inglés. Di la lección, corregí algunos ejercicios, respondí preguntas. Lo de siempre. Pero algo se sentía diferente.
Quizás era la forma en que los estudiantes me miraban. Como si esperaran algo más de mí. O quizás era yo, que esperaba algo más de ellos.
Ya estaba en mi apartamento, solo y en silencio. El eco de mis pasos resonaba en las paredes vacías. Qué extraño. Si hoy fue un día fantástico, ¿por qué me siento tan vacío? Es como si me faltara algo en mi vida. Una pieza que no encaja, un hueco que no logro llenar.
Yo, de verdad, soy un problema.
El sueño inundó mi mente como un tsunami. Mis párpados pesaban como plomos y sentía que mi cuerpo pesaba veinte kilos más. Me recosté en la cama, sintiendo cómo el colchón se hundía bajo mi peso. Una extraña sensación de incomodidad mental hizo que mi cuerpo temblara.
Y entonces, el mundo se desvaneció.
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Parpadeé varias veces. Mis ojos se abrieron de par en par. El color blanco familiar y lo grande que era la habitación me envolvieron como un abrazo cálido.
Dejé escapar una risita suave. Ya veo. Después de todo, no era un sueño. Me siento tan bien ahora mismo. Es tan extraño. Es como si volver aquí fuera la pieza que faltaba en mi alma, el engranaje que hacía que todo funcionara.
La puerta se abrió, dejando escapar un golpe ridículamente fuerte que resonó en todo el pasillo. Frente a mí estaba Sinahi, viéndome con unos ojos que desprendían... ¿desesperación?
—¿Eh? Ho... Hola—Dije con una sonrisa incómoda, sintiendo que mi rostro se tensaba.
Ella se acercó a mí y me inspeccionó con la mirada. Levanté mis manos en señal de rendición, y ella empezó a tocarme y a mirar todo mi pequeño cuerpo, como si buscara heridas ocultas.
—Pervertida—Dije sin pensar. Después de decir eso, Sinahi me dio un zape en la cabeza, dejándome un chichón ridículamente grande.
—N-No es eso, idiota. Me dijeron que te cuidara. Estaba realmente preocupada de que no despertaras... Llevabas alrededor de tres días dormido. Claro que estaría preocupada por ti—Sus manos temblaron un poco mientras hablaba, y su expresión se volvió decaída. Podía ver cómo sus ojos se humedecían ligeramente.
Ella empezó a jugar con su cabello de forma nerviosa. Su cara se empezó a sonrojar, y un silencio incómodo llenó la habitación por unos dos minutos. No sabía qué decir. Yo, que siempre tengo una respuesta para todo, me quedé en blanco.
Después, ella se fue rápidamente del lugar, casi tropezando con la puerta.
No dije nada porque realmente no sabía qué decir. Había pasado un buen tiempo desde que una chica linda se preocupara por mí. Dejé escapar un leve suspiro, sintiendo cómo el peso en mi pecho se aliviaba un poco.
Del resto del día no hice muchas cosas importantes. Solo comer, leer algo de los libros que me traje de la biblioteca. Pero el resto del día se fue en la nada. Qué irónico es el tiempo. Cuando quieres que pase lento, vuela. Cuando quieres que vuele, se arrastra.
—TOC TOC—La puerta sonó con varios toques. Qué extraño. Sinahi pasa sin tocar la puerta.
—Adelante—Dije mientras me inclinaba hacia adelante. Me senté, estirando la cintura y acomodando mi ropa, que estaba un poco arrugada.
El rey de cabello amarillo y ojos dorados pasó. Sus pasos eran firmes, haciendo que el cuello resonara en el silencio de la habitación. Tenía una estatura de 1,80 centímetros, un cuerpo bien definido y un aura penetrante. Pero su rostro hermoso lo hacía parecer alguien indefenso, casi vulnerable.
—Lo siento...—Se disculpó mientras se inclinaba, haciendo una reverencia.
—No tienes que disculparte. No es tu culpa, ni tampoco la culpa del rey Arturo—El me miró un poco desconcertado, como si no esperara esa respuesta. Rápidamente asintió y abandonó el lugar.
Se nota que es alguien que no sabe expresarse. Bueno, es de la realeza. Seguro que la ha pasado difícil, con todas las normas y protocolos.
La noche se dio, y dejé caer mi cuerpo a la cama.
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El sol salió iluminando la gran habitación. Después de lavar mi cuerpo, que tenía cuatro días sin bañarme, y cepillar mis dientes, salí a desayunar. La comida era típica de los ricos en este mundo. No entiendo por qué les gusta tanto la sopa de cordero. ¿Será porque es un mundo medieval? O quizás solo es cuestión de gusto.
Después de comer, la familia real nos escoltó hasta el carruaje de regreso a nuestro reino. Sinceramente, todo esto me parecía incómodo. Estar con una familia que no habla. ¿Acaso no les enseñaron modales o cómo tratar a un invitado?
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Punto de vista de Elías (Rey de Mirath)
El chico con el mechón blanco se fue después de subir al carruaje. Sentí una gran sensación de incomodidad emanando de él. Pero sus ojos eran los de alguien que ya hubiera muerto o rendido. Es absurdo que un rey se disculpe ante un noble, pero no fue por mi orgullo que me le acerqué. Tengo la sensación de que él esconde algo.
—¿Tú también lo notaste, cierto? Ese chico no es humano...—Escuchar estas palabras de mi esposa Emily fue bastante grandioso y confuso a la vez. Ella es una maga de agua bastante hábil, y su sentido es demasiado agudo.
Quizás se deba a los años de experiencia. Yo soy más de la espada que de la magia, por eso no sentí mucho sobre el cuerpo de ese chico. Solo una extraña sensación de incomodidad. Tengo la extraña sensación de que lo volveré a ver en el futuro. Ojalá que sea en mejores circunstancias.
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Punto de vista de Joshua
Ya estábamos de camino de regreso. Pero, por alguna extraña razón, sentía que algo se me estaba olvidando. Me pregunto qué será. Estaba viendo a Sinahi, que curiosamente evitaba mi mirada. Oye, no hagas eso. Me hace sentir incómodo. Es como si estuviera evitando a un insecto.
—¿En... Entonces pasaras para ver a esa sirena?—La cara de Sinahi se puso roja como un tomate mientras miraba por la ventana. ¿Por qué actúa así? ¿Tan feo soy para que evite mi mirada?
—Supongo que sí—Dije mientras ponía mi mandíbula en mi mano, observando el paisaje que pasaba velozmente por la ventana.
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Llegamos a un lugar parecido a la playa, solo que esta tenía plantas alrededor. Me bajé del carruaje por un momento, mientras que Sinahi se quedó dentro del coche.
Sinceramente, es extraño. En mi mundo, estábamos a una buena distancia del mar. Aquí, el mar parece estar en todas partes.
Una brisa refrescante chocó con mi cuerpo, haciendo que mi cabello se moviera bruscamente. Observé el horizonte. El sol debería marcar como las dos de la tarde.
Antes de que volviéramos, el rey Elías me dio unas cosas que van en el carruaje y también una carta que tengo que entregar al rey Arturo. Qué fastidio. Siempre hay algo que hacer.