NovelToon NovelToon
Reencarne Como La Princesa Tonta En El Mundo De Los Orcó

Reencarne Como La Princesa Tonta En El Mundo De Los Orcó

Status: En proceso
Genre:Edad media / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Huellas que no se borran

La salida del castillo no fue anunciada.

Ni preparada como un evento.

Ciel simplemente se fue, sin escolta visible, sin ruido, solo con Flora.

El aire de la capital era distinto. Más vivo, más cargado, más real. No era como el castillo donde todo estaba contenido; aquí las miradas pesaban, los rumores corrían y el dinero hablaba más que los títulos.

—No esperaba que vinieras tan pronto —dijo Flora mientras caminaban entre los negocios de la zona alta.

Ciel observaba todo sin distraerse.

—Si no lo veo, no sirve.

Flora sonrió apenas.

—Entonces te va a gustar.

Se detuvieron frente al local.

“La Buti de Ciel”.

No era el más grande, pero sí uno de los más concurridos. Mujeres entrando, probando productos, susurrando entre ellas… interesadas.

Ciel no habló de inmediato. Solo miró.

Analizó.

Cómo tocaban los productos.

Cómo dudaban.

Cómo terminaban comprando.

—Está funcionando —dijo al final.

—Mejor de lo esperado —respondió Flora—. Y apenas empieza.

—Quiero números reales después.

—Ya los tengo.

—Te va a sorprender.

Y lo hizo.

Las ventas iban mejor de lo esperado. La gente hablaba del producto, regresaban, recomendaban. No era solo suerte.

Era estrategia.

Ciel revisó cuentas, escuchó reportes, hizo preguntas que nadie más hacía. Ajustó precios, cambió rutas, reorganizó entregas.

Eso le bastó.

Dentro del local, una mujer se acercó con calma. No vestía como noble, pero su presencia no era común.

Segura.

Observadora.

—Así que tú eres la dueña.

Ciel la miró directo.

—Depende de quién pregunte.

La mujer sonrió.

—Me gusta.

Flora intervino.

—Ciel, ella es Lira.

Pausa breve.

—Trabaja con información.

Ciel no cambió su expresión.

—¿Compra o vende?

—Ambas —respondió Lira—. Pero contigo… prefiero invertir.

Interesante.

—¿En qué?

—En lo que estás creando.

Pausa.

—Porque no es solo belleza.

Ciel sostuvo su mirada.

—No lo es.

Lira inclinó levemente la cabeza.

—Entonces nos vamos a llevar bien.

Al salir del local, el movimiento de la calle seguía igual.

Pero Ciel no estaba relajada.

Desde hacía rato lo sentía.

Se detuvo.

—¿Vas a salir o vas a seguir escondiéndote?

Flora la miró, confundida.

Draven.

De pie, firme, observando sin ocultarse.

Flora notó el cambio.

—¿Lo conoces?

—Un poco.

Ciel caminó hacia él.

Sin prisa.

Sin duda.

—No pensé que te vería aquí.

Draven habló primero.

—El mundo es pequeño —respondió ella.

—No tanto —dijo él—. Este lugar no es para cualquiera.

Ciel se detuvo frente a él.

—Y aun así estoy aquí.

Silencio.

No era incómodo.

Era reconocimiento.

Draven la observó con más detalle que en el pueblo.

—Entonces no eras una simple viajera.

—Nunca lo fui.

Respuesta limpia.

Sin rodeos.

Eso le confirmó algo.

—¿Quién eres realmente?

Ciel sonrió apenas.

—Alguien que tampoco debería estar aquí.

Pausa.

—¿Y tú?

Draven sostuvo su mirada.

—General Draven Kaelor.

Flora abrió los ojos ligeramente.

Ciel no.

—Entonces sí eres más de lo que aparentas.

—Siempre lo fui.

El aire entre ellos cambió.

No era hostilidad.

Era interés.

—¿Por qué me observabas en el pueblo? —preguntó Ciel directamente.

Draven no se sorprendió.

—Porque no encajabas.

—¿Y ahora?

—Ahora encajas menos.

Ciel soltó una leve risa.

—Eso significa que estoy haciendo algo bien.

Draven dio un paso atrás.

—Ten cuidado.

—¿Advertencia?

—Hecho.

Pausa.

—La capital no es como ese pueblo.

—Lo sé.

Sus miradas se sostuvieron un segundo más.

—Nos volveremos a ver —dijo él.

—Seguro.

Esta vez no fue despedida.

Fue promesa.

Después de eso, el día continuó.

Ciel y Flora siguieron con el negocio, pero ahora con más cuidado. Ajustaron rutas, cambiaron contactos, filtraron información.

Dos días pasaron.

Y con ellos…

la duda se volvió certeza.

Pero alguien respondió.

Un hombre dio un paso al frente.

Alto.

Presencia firme.

—No era mi intención molestar.

Ciel lo observó sin emoción.

—Pero lo hiciste.

El hombre inclinó apenas la cabeza.

—Tienes razón.

Silencio.

—General Kaelion.

Se presentó.

Ciel lo evaluó.

—¿General… o espía?

No se ofendió.

—Depende del punto de vista.

Eso no le gustó.

—¿Por qué me sigues?

Pausa breve.

—Curiosidad.

Respuesta simple.

Demasiado simple.

Ciel lo sostuvo con la mirada unos segundos más.

Pero lo dejó pasar.

—Si vuelves a hacerlo, no voy a preguntar.

—Entendido.

No insistió.

Y eso… lo hacía más sospechoso.

Los siguientes días pasaron sin ruido.

Dos.

Tres.

Ciel no atacó.

Investigó.

Porque ya tenía una sospecha.

Pero no era suficiente.

Necesitaba pruebas.

Y las encontró.

Primero, un registro alterado. Una sirvienta que no debía estar en esa ala… pero estuvo.

Segundo, un pago indirecto. No externo.

Interno.

Alguien dentro del castillo.

Tercero, el error.

Siempre hay uno.

Una tela.

Un bordado específico.

Un hilo que solo se usaba en ciertas habitaciones.

En cierto círculo.

Ciel sostuvo la tela entre sus dedos.

—…como pensaba.

No fue sorpresa.

—Demasiado silenciosa…

—Demasiado ausente…

—Demasiado perfecta…

Levantó la mirada.

—Mi querida hermana.

Cuando regresó al castillo, no fue a su sala.

No esa vez.

Fue directo a ver a sus hermanas.

Entró sin anunciarse.

Rosa y Laura estaban ahí. La conversación se detuvo al verla.

Ciel no rodeó nada.

—¿Alguna vez fui mala con ustedes?

Las dos se miraron brevemente.

Rosa respondió primero.

—No.

Laura continuó.

—Molesta, sí. Arrogante también.

Pausa.

—Pero mala… no.

Ciel no apartó la mirada.

—¿Entonces?

Rosa cruzó los brazos.

—Teníamos envidia.

—De tu posición —añadió Laura.

—Aunque no quisieras, eras la heredera.

Silencio.

—Esperábamos que cayeras sola —dijo Laura.

—Pero cambiaste —añadió Rosa.

Laura inclinó la cabeza.

—Volviste a ser como antes…

—Pero más firme.

—Más decidida.

Ciel absorbía cada palabra.

—Ya no hay nada que pelear —dijo Rosa.

—No te alcanzamos así —añadió Laura.

Pausa.

—Ya no es envidia.

—Es celo.

—Pero no odio.

Rosa la miró directo.

—Nunca nos hiciste daño.

Laura negó suavemente.

—Y nosotras tampoco lo haremos.

Ciel las observó en silencio.

No encontró mentira.

—Entiendo.

Y se fue.

No se detuvo.

Fue con su hermano.

El ambiente era distinto. Más silencioso.

Más frágil.

Lucio estaba rodeado de frascos de hierbas. No era descanso.

Era resistencia.

Al verla, sonrió.

—Viniste.

Ciel se acercó.

—Después del accidente… ¿te traté mal?

Lucio pensó un momento.

—No.

Pausa.

—Pero te alejaste.

Silencio.

—Y eso dolió más.

La miró directo.

—Eras mi hermana.

—La que me mimaba.

—La que me daba todo.

Sonrió levemente.

—Y me gustaba.

Ciel no reaccionó.

Lucio continuó.

—Antes del lago…

Pausa.

—me estabas ayudando.

Ciel frunció el ceño.

—¿En qué?

—En subir mi primer anillo.

Silencio.

—Dijiste que tenía potencial.

—Que faltaba poco.

Su voz bajó.

—Pero el accidente lo arruinó todo.

Ciel no apartó la mirada.

—Ahora me enfermo fácil.

—Pierdo energía.

Pausa.

—Para recuperarme…

Señaló un frasco.

—Necesito algo más fuerte.

—¿Qué?

—Un núcleo de bestia nivel 9… ya lo tengo.

Eso no era el problema.

—Pero las hierbas…

Negó levemente.

—Están desapareciendo.

Ciel se tensó apenas.

—Cada vez hay menos.

—Y son difíciles de conseguir.

Silencio.

—Por ahora solo tomo esto…

—Para no caer en cualquier momento.

Ciel se quedó en silencio.

Muchas cosas encajaban.

El ataque.

Las bestias.

Las hierbas.

No era separado.

Era lo mismo.

Levantó la mirada.

—Lo voy a arreglar.

No fue impulso.

Fue decisión.

Lucio no preguntó cómo.

Porque esta vez…

sí creyó en ella.

La calma seguía en el castillo.

Pero ya no era paz.

Era preparación.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Aqui estas los hermanos de ciel lindos 😘

1
karolina Oquendo
Hola antes pensaba no seguir con la historia aqui pero me dijeron , que hera bueno por que al fin alcabo esta le va bien , pensaba sacar un nuevo arco diferente, pero lo sacaré en la misma historia perdón por las molestias 😭☺️
Olga Lidia Leal
maravillosa, gracias
karolina Oquendo: gracias por gustarte mi historia, el segundo arco de esta historia tambien te espera para que la leas
total 1 replies
Annyely
👏👏👏me gusto
karolina Oquendo: ☺️Gracias☺️
total 1 replies
Ɣëįîśöñ Ďéťťö
estuvo myu buena esta historia y me dejo con ganas de mas y con la curiosida de que pasara mas adelante
karolina Oquendo: gracias por tu comentario ☺️
total 1 replies
Leticia Camacho
me encanta tu historia enganchada desde el primer capítulo ❤️❤️
karolina Oquendo: espero que te sigan gustando los demas episodios ❤️
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play