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La Frecuencia Del Barro

La Frecuencia Del Barro

Status: En proceso
Genre:Apoyo mutuo / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados / Sci-Fi
Popularitas:122
Nilai: 5
nombre de autor: Pluma Magna

Ji-Hoon Kang, un genio de la acústica de Seúl, vive atrapado en una corporación que produce buen sonido. Se cansa del mundo frío y artificial de León, Nicaragua, y vive en un universo diferente que está vivo, es imperfecto y está lleno de recuerdos de estos lugares y de cada uno de ellos. Allí Xiomara Aguilar, arquitecta que lidia con su memoria emocional de los espacios, y tanto ella como Ji-Hoon lo ayudan a reconstruir el Teatro de la Merced, un lugar donde el barro y la madera forman un sonido fantástico. Pero su antigua corporación quiere usar esa esencia para comercializarla. Entre los viejos túneles y el poder de la tierra, Ji-Hoon debe decidir qué camino elegir: regresar a lo artificial o quedarse como el "Ingeniero de Barro" y proteger una frecuencia que puede cambiar la forma en que el mundo escucha la vida.

NovelToon tiene autorización de Pluma Magna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15: La Frecuencia de la Sangre y el Retorno de las Grullas

Dos años en León no son solo setecientos treinta días; son dos ciclos de cosechas, dos temporadas de lluvias torrenciales que limpian las tejas y miles de atardeceres que tiñen la Catedral de un rosa encendido. El Teatro de la Merced ya no era solo un edificio restaurado; era el corazón palpitante de la cultura centroamericana.

Ji-Hoon caminaba por el patio interno del nuevo Conservatorio de Música Natural "Ámbar y Adobe". El espacio, que antes era un almacén en ruinas, ahora albergaba aulas de techos altos donde el aire circulaba gracias a un diseño de ventilación cruzada que él y Xiomara habían perfeccionado. No había aire acondicionado, pero el frescor era natural, mantenido por gruesas paredes de tierra compactada.

Se detuvo frente al aula principal. A través de la puerta de madera calada, vio a un grupo de doce jóvenes. Seis eran nicaragüenses, hijos de obreros y campesinos locales; los otros seis eran estudiantes de intercambio de la Universidad de las Artes de Seúl. Estaban sentados en círculo, estudiando la vibración de una cuerda de violonchelo sobre un bloque de madera de guayacán.

El Idioma del Sonido—No busquen el decibelio exacto —decía Ji-Hoon, entrando al aula—. Busquen la respuesta de la veta. La madera de este país ha crecido bajo el sol del trópico; tiene una densidad diferente a la del pino coreano. Si aprenden a escuchar la madera, ella les dirá cómo ecualizar la sala sin usar un solo software.

Los estudiantes coreanos tomaban notas frenéticamente. Para ellos, Ji-Hoon era una leyenda viva: el ingeniero que "venció al cristal". Uno de ellos, un joven llamado Min-Ho, levantó la mano.

—Seonsaengnim (Maestro), ¿es cierto que el Director Kang ha incluido sus estudios sobre el adobe en el manual oficial de acústica de la corporación?

Ji-Hoon sonrió con una sombra de melancolía. —Mi padre es un hombre de negocios, Min-Ho. Si algo funciona, lo usa. Pero ustedes están aquí para aprender lo que el manual no dice: que el sonido es un acto de amor entre el material y el músico. Sin eso, solo es ruido organizado.

El Milagro de la VidaAl salir del aula, Ji-Hoon sintió un tirón en la manga de su guayabera. Era Xiomara. Estaba radiante, aunque caminaba con una lentitud nueva. Su vientre de siete meses de embarazo se pronunciaba bajo un vestido de manta blanca bordado con flores coloridas.

—El pequeño ingeniero ya está pateando de nuevo, chele —dijo ella, tomando la mano de Ji-Hoon y poniéndola sobre su vientre—. Creo que va a ser percusionista. Tiene un ritmo de 120 pulsos por minuto.

Ji-Hoon cerró los ojos, sintiendo el movimiento de su hijo. En ese contacto, toda la física del universo cobraba sentido. Ya no eran frecuencias de radio o ondas de presión; era la vida resonando contra su palma.

—¿Cómo está la acústica en el auditorio de ensayos? —preguntó ella, apoyando su cabeza en el hombro de su esposo.

—Perfecta. Los paneles de fibra de coco que instalamos ayer absorbieron exactamente las frecuencias medias que nos daban problemas. Mañana los estudiantes coreanos darán su primer concierto de ensamble con los muchachos de aquí.

El Regalo de las GrullasEsa tarde, llegó un paquete especial desde el aeropuerto. No traía sellos de aduana complicados, sino una etiqueta de "Frágil" escrita a mano. Al abrirlo en la oficina del teatro, Ji-Hoon y Xiomara encontraron dos cosas.

La primera era una caja de madera de laca coreana negra, con incrustaciones de nácar que formaban dos grullas volando sobre un mar de plata. Dentro, había un juego de ropa de seda pura para bebé, de color blanco y azul real, el traje tradicional coreano (hanbok).

La segunda era una nota breve, escrita en una caligrafía firme pero con trazos que denotaban una mano cansada:

"Para mi nieto. Que su voz sea tan fuerte como el adobe y su mente tan clara como el cristal. Dile que el abuelo espera escucharlo llorar por videollamada. PD: El presupuesto para el ala este del conservatorio ha sido aprobado como donación anónima de 'Un Amigo de la Acústica'. No me hagas quedar mal, Ji-Hoon."

Ji-Hoon sintió una lágrima correr por su mejilla. El Director Kang no había venido en persona, y quizás nunca lo haría, pero el puente estaba construido. El odio se había transformado en un respeto distante, y la distancia en una promesa de continuidad.

El Concierto del AtardecerAl caer la noche, el teatro se llenó para el concierto de clausura del curso de intercambio. Los estudiantes coreanos tocaban instrumentos tradicionales de cuerda (gayageum) junto a las marimbas de arco nicaragüenses.

El sonido era algo nunca antes escuchado. No era una fusión forzada; era un diálogo. Las notas delicadas de la seda coreana se entrelazaban con el golpe terroso de la madera de granadillo nicaragüense. El teatro, ese centinela de adobe, parecía abrazar las dos culturas, borrando los diez mil kilómetros de distancia.

Ji-Hoon y Xiomara se sentaron en el último balcón, lejos de los flashes y las autoridades. Él la rodeó con el brazo, y ella descansó su cabeza sobre su hombro, ambos observando cómo su sueño se multiplicaba en las manos de los jóvenes.

—¿Te imaginaste esto aquel día en el aeropuerto, Ji-Hoon? —susurró Xiomara.

—Aquel día solo quería escapar del ruido —respondió él, besando su frente—. No sabía que iba a encontrar mi propia música.

—León te cambió, chele.

—No, Xiomara. León me permitió ser quien siempre fui. Tú solo me diste el plano para encontrar el camino.

El concierto terminó con un estruendoso aplauso que hizo vibrar los cimientos del edificio. Pero para Ji-Hoon, el sonido más hermoso fue el susurro de la respiración de su esposa y el latido rítmico de su hijo por nacer.

En su cuaderno, en la última página disponible, Ji-Hoon escribió las palabras finales, cerrando para siempre el diario que lo había acompañado desde Seúl:

"Final del Diario: La acústica perfecta no existe en un laboratorio. Existe en el silencio compartido después de una gran obra, en el abrazo de una familia que se eligió a sí misma y en el eco de una ciudad que se niega a olvidar su historia. Mi herencia no es una empresa; es este aire que vibra entre el volcán y el mar. Mi nombre es Ji-Hoon Kang, y por fin he dejado de medir el mundo para empezar a sentirlo."

Cerró el cuaderno, tomó la mano de Xiomara y juntos bajaron las escaleras del teatro, perdiéndose en la noche de León, donde las estrellas brillan más fuerte para aquellos que han aprendido a escuchar el silencio del barro.

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