milena es una princesa que luchara por el trono
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Fuego en la frontera
El galope de los caballos retumbaba como un tambor de guerra en el pecho de Milena.
El viento frío golpeaba su rostro mientras el escuadrón avanzaba hacia la frontera norte.
A lo lejos, el cielo comenzaba a teñirse de rojo, no por el amanecer… sino por el fuego.
—¡Más rápido! —ordenó Milena, apretando las riendas.
Al llegar, el caos era absoluto. Las murallas exteriores estaban parcialmente destruidas, y los soldados luchaban por contener a los invasores.
El sonido del acero chocando, los gritos y el humo creaban una escena brutal.
Milena no dudó.
Saltó de su caballo y desenvainó su espada.
—¡Defiendan la línea! —gritó mientras se lanzaba al combate.
Sus movimientos eran precisos, letales.
Cada golpe tenía propósito.
Derribó a un enemigo, luego a otro, avanzando entre el campo de batalla como si el miedo no existiera. Pero en su mente, el conflicto seguía presente.
Darian.
¿Estaba detrás de todo esto?
Un soldado cayó cerca de ella.
—¡Nos superan! —gritó, herido.
Milena apretó los dientes.
—¡Resistan!
De pronto, algo llamó su atención.
Un grupo de enemigos avanzaba con formación organizada, protegiendo a alguien en el centro. No era un ataque desordenado… era estratégico.
—Eso no es un asalto común… —murmuró.
Sin pensarlo, comenzó a abrirse paso hacia ellos.
El choque fue violento.
Apenas logró acercarse lo suficiente cuando uno de los soldados enemigos se interpuso con fuerza.
Milena lo enfrentó con rapidez, desarmándolo en pocos movimientos.
Entonces lo vio.
Entre las sombras del humo… una figura conocida.
Su corazón se detuvo por un instante.
Darian.
Estaba allí.
Vestido con armadura oscura, luchando… pero no contra los invasores.
Sino junto a ellos.
—No… —susurró Milena, sintiendo cómo el mundo volvía a tambalearse.
Darian giró, como si sintiera su presencia. Sus miradas se encontraron otra vez, en medio del caos.
Por un segundo, todo desapareció: la guerra, los gritos, el fuego.
Solo quedaban ellos.
—¡Milena, espera! —gritó él, avanzando hacia ella.
Pero esta vez, ella no dudó.
Corrió hacia él con la espada en alto.
El choque entre ambos resonó con fuerza. Sus armas se cruzaron, y por primera vez… luchaban el uno contra el otro.
—¡Escúchame! —insistió Darian, bloqueando su ataque.
—¡Ya te escuché suficiente! —respondió ella, atacando de nuevo.
Cada golpe llevaba rabia, dolor, traición.
—¡No soy tu enemigo!
—¡Entonces demuéstralo!
Darian retrocedió, evitando herirla.
—Todo esto es parte de algo más grande, Milena. No puedo explicarlo aquí.
—¡Siempre tienes excusas!
Un estruendo interrumpió la pelea. Una explosión sacudió la muralla cercana. Ambos perdieron el equilibrio.
Milena cayó al suelo, aturdida.
Cuando levantó la mirada, vio a un arquero enemigo apuntando directamente hacia ella.
No tuvo tiempo de reaccionar.
La flecha salió disparada.
Pero no la alcanzó.
Darian se interpuso.
El impacto fue seco.
El cuerpo de Darian se tensó… y luego cayó de rodillas.
Milena abrió los ojos, en shock.
—¿Por qué…? —susurró, acercándose.
Darian la miró, débil, pero con una leve sonrisa.
—Porque… nunca… fuiste mi enemiga…
La batalla seguía rugiendo alrededor, pero para Milena… todo se había detenido.
Y en ese instante, comprendió algo aterrador.
Tal vez había estado luchando… en el lado equivocado.