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Hielo Y Alquitrán

Hielo Y Alquitrán

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor-odio / Completas
Popularitas:12.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Zen, el gélido estratega Grimhand, y Hendrik, el indomable lobo De Vries, desafiaron la biología y el poder corporativo. Tras huir, fundaron un imperio. Su amor prohibido, transformó la guerra en una dinastía inquebrantable.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Es nuestra condena

La sala de juntas de la residencia de la frontera era una habitación tecnológica, fría y rodeada de cristales que daban al bosque denso. En el centro, una mesa de metal y vidrio sostenía el equipo de proyección de alta definición. Zen Grimhand se encontraba sentado en un extremo, con su traje gris perfectamente entallado. Nadie, al verlo, podría imaginar que hace apenas unas horas ese mismo hombre estaba gimiendo bajo el cuerpo de su mayor rival.

Zen revisó su reloj. Faltaba un minuto para la conexión. Su corazón latía con una calma fingida. Había repasado cada cifra y cada gráfico. Estaba listo para ser el profesional impecable que su familia exigía. Entonces, la puerta se abrió.

Hendrik entró en la sala. Llevaba la camisa blanca ligeramente desabotonada y las mangas enrolladas, exponiendo los antebrazos donde Zen había dejado marcas la noche anterior. Su aroma a abedul alquitranado inundó la estancia de inmediato. Hendrik no se sentó lejos; se sentó justo a su lado, en el ángulo donde sus rodillas quedaban peligrosamente cerca.

—Te dije que te cubrieras el cuello —susurró Zen, fingiendo leer unos documentos.

—Y yo te dije que las reglas no se hicieron para mí —respondió Hendrik con una sonrisa—. Además, a nuestros padres les gustará ver que estamos "unidos".

La pantalla gigante se encendió, mostrando los rostros de Arthur Grimhand y Viktor De Vries. La videollamada había comenzado.

—Buenos días —dijo Arthur, observando a los dos herederos con ojos de halcón—. Espero que su primera noche haya sido productiva.

Zen tomó la palabra con su voz perfectamente modulada. Explicó las fases del proyecto, los márgenes de beneficio y la arquitectura financiera. Pero, mientras hablaba con una fluidez envidiable, sintió algo que lo hizo congelarse por dentro. Bajo la mesa, oculta de la cámara, la bota de cuero de Hendrik rozó la pierna de Zen.

Zen no se inmutó. Continuó hablando de intereses fijos. Pero Hendrik decidió subir la apuesta. Al ver que Zen no reaccionaba, estiró su pierna y presionó su rodilla firmemente contra el muslo de Zen.

—Como dice Zen —intervino Hendrik, mirando a la cámara con una seguridad desbordante—, la logística está bajo control. No habrá retrasos.

Mientras Hendrik hablaba de barcos y aduanas, su mano izquierda se deslizó hacia la pierna de Zen. Fue un toque lento que comenzó en la rodilla y empezó a subir por la tela del pantalón. Zen sintió que el aire se le escapaba. Sus dedos se apretaron contra la pluma que sostenía, pero su rostro permaneció como una máscara de piedra.

La mano de Hendrik llegó a la parte interna del muslo, justo donde la sensibilidad era mayor. Los dedos de Hendrik apretaron con fuerza, provocando. Zen podía oler el aroma de Hendrik intensificándose; el abedul se estaba volviendo denso, cargado de una picardía que solo Zen podía entender. Era una declaración de guerra en plena reunión.

—¿Zen? —la voz de su padre lo sacó de su trance—. ¿Estás prestando atención?

—Sí, padre —respondió Zen, aunque su voz sonó un poco más aguda—. El fondo está asegurado.

La mano de Hendrik subió un poco más, rozando la entrepierna de Zen. Hendrik disfrutaba del suplicio de su compañero. Miraba a la cámara discutiendo presupuestos de millones de dólares, mientras su mano exploraba el cuerpo del hombre que tenía al lado. Era un juego de poder brutal.

Cuando la pantalla finalmente se apagó, el silencio que quedó en la sala era ensordecedor. Zen se quedó mirando la mesa, tratando de que sus manos dejaran de temblar. De repente, se puso de pie, apartando la silla con violencia.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —le gritó Zen—. ¡Podrían habernos descubierto!

Hendrik se levantó con calma, rodeando la mesa como un depredador.

—Pero no lo hicieron. Te gusta el riesgo, Zen. Te gusta que sea yo quien te ponga en peligro.

Hendrik lo acorraló contra la pared de cristal. Sujetó las muñecas de Zen contra el vidrio frío.

—Dije que había reglas, Hendrik. ¡Nada de tocamientos aquí!

—Las reglas se hicieron para romperse —susurró Hendrik antes de capturar los labios de Zen en un beso que sabía a victoria.

El deseo, alimentado por la adrenalina de la reunión, estalló. Hendrik no esperó a llegar a la cama. Empujó a Zen hacia el suelo, sobre la alfombra de lana espesa que cubría el centro de la sala de juntas. Zen cayó de espaldas, jadeando, mientras Hendrik se deshacía de su cinturón con movimientos desesperados.

—Aquí no... Hendrik... —intentó protestar Zen, pero sus propias manos ya estaban tirando de la camisa de Hendrik, arrancando un botón en el proceso.

—Aquí mismo. Quiero marcarte sobre los informes de tu padre —gruñó Hendrik.

Hendrik despojó a Zen de sus pantalones y ropa interior con una crudeza que no admitía delicadezas. Abrió las piernas de Zen y se colocó entre ellas, su aroma a abedul inundando los pulmones del rubio. Zen, con la espalda rozando la textura áspera de la alfombra, sentía una excitación eléctrica. La humillación de ser tomado en el suelo de la oficina se mezclaba con un placer oscuro que solo un Alfa podía provocar en otro.

Hendrik comenzó a entrar en él sin preámbulos. Zen arqueó la espalda, clavando las uñas en los hombros de Hendrik, soltando un grito que rebotó en los cristales.

—¡Hendrik! —gemía Zen, con la cabeza moviéndose de un lado a otro.

El ritmo de Hendrik era salvaje, rítmico, golpeando con la intención de dejar una marca interna. Zen sentía que cada embestida lo elevaba más hacia un abismo de sensaciones. No había suavidad, solo el choque de dos cuerpos musculosos que luchaban por la supremacía. Hendrik sujetó las manos de Zen sobre su cabeza, obligándolo a recibir cada golpe, cada empuje.

—Mírame —ordenó Hendrik, con el sudor goteando de su frente—. Mira quién te está rompiendo el hielo.

Zen abrió los ojos, su mirada nublada por la lujuria absoluta. Veía la ferocidad en el rostro de Hendrik y se daba cuenta de que ya no había vuelta atrás. Estaba perdido. La fricción constante contra la próstata de Zen lo llevó al límite rápidamente. Zen sintió que su cuerpo se tensaba, sus músculos se volvieron rígidos y, con un último gemido desgarrador, eyaculó con fuerza, manchando el abdomen de Hendrik y su propia camisa de diseñador.

Al sentir el líquido caliente de Zen contra su piel, Hendrik perdió el último rastro de cordura. Sus instintos se dispararon. Su ritmo se volvió frenético, casi doloroso para Zen, pero el rubio lo envolvía con sus piernas, pidiendo más. Hendrik hundió los dientes en el cuello de Zen y, con un rugido que parecía provenir de lo más profundo de su ser, eyaculó profundamente dentro de Zen.

La sensación de ser llenado por el semen caliente de otro Alfa hizo que Zen temblara de pies a cabeza. Hendrik no se detuvo ahí; se quedó enterrado en él, dejando que cada pulso de su orgasmo reclamara el interior de Zen como su territorio personal.

Se quedaron allí, tirados en la alfombra, jadeando con fuerza. El sudor mezclaba sus aromas en una fragancia embriagante de victoria y entrega. Zen tenía el cabello desordenado y el traje arruinado, pero por primera vez, no le importaba la imagen.

Hendrik se separó lentamente y se dejó caer al lado de Zen, con el brazo tapándose los ojos.

—Esto es un desastre —murmuró Hendrik con una voz cargada de agotamiento.

—Es nuestra condena —respondió Zen, mirando el techo de la sala de juntas—. Y lo peor es que mañana querremos hacerlo otra vez.

La oficina, que hace un momento era un centro de negocios frío, ahora era el escenario de su verdadera alianza. Una escrita con fluidos y marcas en la piel, mucho más poderosa que cualquier contrato firmado por sus padres.

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ISABELRUIZDIAZ[BETA]😈🖤
Hola escritor como siempre no me defraudas la verdad que Estoy sumamente complacida con la obra que has creado y agradezco tener la oportunidad de siempre tener la grata sorpresa de encontrar una más de tus locuras de mi agrado me impresiona la realidad que puedes llegar a causar en una obra utilizando la biología el amor El Poder el sacrificio y la evolución en una sinfonía espectacular creando así una nota perfecta Gracias escritor nos veremos más adelante y espero poder seguir siendo participe de sus obras como uno de los invitados a ver
Skay P.: ¡Mi Chikis! Gracias por tus elogios, me llenan el alma🤟🌈
Te recomiendo "Sol de la Bahía". Es una historia de amor muy hermosa.
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isisM.
tiene mucha razón lo que le dijo al hombre de hielo
isisM.
pues bruton, bruto no es jajaj
Skay P.: Pobre bebé 🫦
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isisM.
fuera yo le agarro una chichi jajajaj
isisM.
fuera el zen le digo pendeme fuego jajaj🤣
isisM.
intensoooo🤭
Skay P.: ¿Lo querías así o no?😈
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isisM.
de muchas más 🤭
isisM.
todo comenzó mal y Meda miedo que termine mal
Skay P.: ¡Sin miedo al éxito, mi amor!🫣🫠
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isisM.
uuuy esto va a dolor un chingo cuando llegue el momento de salir de esa casa 😭😭😭
Skay P.: ¡Habrá sorpresas!🫰✨️
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isisM.
eso significa " tocame tocame " jajaj
Skay P.: Significa ¡que duela, pero rico!🙈
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isisM.
susurros del diablo jajajja
Skay P.: Estamos en sintonía, mi amor🫰
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isisM.
cielo si te traía ganas desde antes de ese fallo ahora que puede acercarse más vos crees que se irá otro lado
Skay P.: ¿Qué harías en su lugar?🫣
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isisM.
wooooaaaw quedé 🤨🤨🤨🤨
Skay P.: Y lo que falta, mi cielo...🧚‍♂️✨️🌈
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isisM.
vuelvo y repito que quieren Aser esos viejos zorros
Skay P.: Ya te expliqué hace un rato, cariñito📲🌈😈🤟
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isisM.
el diablo y de cristal en la primera estalla esa casa jajajaj
Skay P.: ¡Tu mente es diabólica!😈🤟
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isisM.
viejos zorros que tiene en la cabeza de juntar a dos catástrofes nucleares juntos
Skay P.: jajajaja 😈🌈
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isisM.
por esos pensamientos que inculcaron ahora hay dos bestias una impulsiva y la otra muy serena que aún así sabes que es peligrosa
Skay P.: Bestias peligrosas y sabrosas 🫦
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isisM.
es terrible que el " enemigo " te conosca también 🤣
isisM.
zen lograste herir fuerte el orgullo de ese macho
isisM.
uuuy me encanta la manera de provocarlo
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