Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
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Capítulo 13: Volver sin ser la misma
Habían pasado seis meses.
Seis meses desde que mi vida cambió por completo. Ya no era la misma Katherine que llegó con miedo, con chorros y sin saber qué iba a pasar. Poco a poco me fui acostumbrando: a la casa, a la ropa elegante, a las reuniones, a la forma de hablar… a todo.
Esa mañana estaba organizando unas cosas cuando Benjamín entró.
—Katherine —dijo.
—¿Sí?
—Vaya a visitar a sus padres.
Me sorprendí.
—¿En serio?
—Sí —respondió—. ya ha pasado tiempo.
Sonreí un poco.
—Gracias…
Él asintió.
—Ortega la va a llevar.
—¿Ortega?
—El conductor —dijo—. no la voy a dejar ir sola.
—Ah… bueno.
No discutí. Ya entendía cómo era él.
Un rato después bajé, ya lista.
Afuera estaba el carro.
Negro, brillante… un carro de lujo. Ortega abrió la puerta.
—Buenos días, señora.
—Buenos días…
Me subí.
Durante el camino miraba por la ventana… todo se sentía diferente. Era como volver a una parte de mí que había dejado atrás.
Cuando llegamos al barrio… todo volvió a la realidad.
Las calles, las casas sencillas, los niños jugando…
Mi casa.
Bajé del carro despacio.
Ortega se quedó ahí, respetuoso.
—La espero, señora.
—Sí… gracias.
Caminé hacia la puerta.
Antes de tocar… respiré profundo.
—Ya no soy la misma… —murmuré.
Toqué.
La puerta se abrió.
Era mi cuñada.
Me miró de arriba abajo… y soltó una sonrisa medio burlona.
—Ay vea pues… la que no iba a cambiar —dijo—. y mírela… llegando en carro de lujo.
Sentí ese comentario como una punzada.
—Es un Mercedes Benz —añadió, mirando hacia afuera—. bien bonito, ¿no?
Respiré profundo.
—Hola… —le dije, tranquila.
—Hola… señora —respondió con ironía.
La miré.
—Sigo siendo la misma —dije.
Ella soltó una risa.
—¿Sí? Porque no parece.
—Lo soy —respondí firme—. solo que ahora tengo otras oportunidades.
Se quedó mirándome.
—¿Y ahora sí se acuerda de la familia?
Esa me dolió un poco.
—Nunca me he olvidado —dije—. solo que mi vida cambió.
En ese momento salió mi mamá.
—¡Mija! —dijo emocionada.
Corrí a abrazarla.
—Ma…
Sentí ese abrazo… y casi se me salen las lágrimas.
—Qué bonita está —dijo—. toda elegante.
—Ay ma… —sonreí.
Mi papá también salió.
—Mija —dijo.
Lo abracé fuerte.
—Pa…
—Se ve bien —dijo.
—Estoy bien —respondí.
Mi cuñada seguía ahí, mirando.
—Claro… con esa vida quién no —dijo.
La miré.
—No todo es fácil —respondí—. pero sí… estoy mejor.
Se hizo un pequeño silencio.
Entré a la casa.
Todo seguía igual… pero yo no.
—Siéntese, mija —dijo mi mamá.
Me senté.
—¿Y cómo le ha ido? —preguntó mi papá.
—Bien… trabajando, aprendiendo…
—¿Trabajando? —dijo mi cuñada—. si seguro.
La miré.
—Sí, trabajando —respondí—. acompañando, aprendiendo de negocios… no es solo “estar bonita”.
Se quedó callada.
—Me alegra —dijo mi papá.
—Sí… he cambiado —añadí—. pero no por dentro.
Mi mamá sonrió.
—Eso es lo importante.
Miré alrededor.
—Los extrañaba…
—Nosotros también —dijo ella.
Se hizo un momento tranquilo.
Mi cuñada suspiró.
—Bueno… al menos no se olvidó del todo.
La miré.
—Nunca lo haría.
Y en ese momento lo entendí.
Podía tener otra vida…
Otra ropa, otro mundo…
Pero mis raíces…
Esas no se cambiaban.
Y yo…
Seguía siendo Katherine.