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El Bully Que Se Enamoró

El Bully Que Se Enamoró

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Escuela / Romance
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: Febrero

Febrero es más calor todavía y la cuenta regresiva para volver al colegio. Thiago rindió Matemática el 18. Me mandó mensaje a las diez de la mañana: “salí. creo que apruebo.”

Le contesté: “estudiaste?” Me puso: “más o menos.”

A la tarde me llamó.

—Un seis —dijo.

—¡Bien!

—Gracias a vos.

—No, gracias a que te sentaste a hacer ejercicios en mi casa tres veces.

—Bueno, gracias a que me aguantaste.

Nos reímos.

—¿Nos vemos? —preguntó.

—Sí.

Nos vimos en la plaza porque en mi casa estaba mamá y en la de él estaba la madre con la hermana chica. Llevamos Coca y nos sentamos en el banco de siempre, el que está bajo el jacarandá.

Me dio un alfajor.

—Te debo como diez —dijo.

—No me debés nada.

—Sí te debo.

Me lo comí igual.

Hablamos de que faltaba poco para volver. Él a quinto, yo a cuarto. Me preguntó si me seguía gustando Literatura. Le dije que sí. Me dijo que a él le seguía gustando fútbol.

—¿Y yo? —preguntó después, mirando para otro lado.

—¿Qué?

—Si te sigo gustando.

Lo miré.

—Sí. Más.

Se le movió la boca. —Bueno.

—¿Y yo?

—Obvio que sí, Ríos. Te dije te amo en diciembre, ¿te pensás que era joda?

Me reí.

—No.

—Bueno.

Nos quedamos en silencio un rato. Pasó un chico en bici y nos gritó “tortolitos”. Thiago le hizo fuck you con la mano pero se reía.

—Che —dijo después.

—¿Qué?

—¿Tu vieja ya te deja ir a mi casa?

—No sé. No le pregunté.

—Preguntale.

—¿Para qué?

—Para que vayas. Para que no nos veamos solo en la plaza como si fuéramos escondidos.

Tenía razón. Desde el día que fue a casa no había vuelto. Yo no había ido a la suya más que esa vez.

—Bueno —le dije.

—Bueno qué.

—Le pregunto.

Esa noche, cuando mamá lavaba los platos, me paré al lado.

—Mamá.

—Qué.

—¿Puedo ir a la casa de Thiago el sábado?

Dejó de lavar. Me miró.

—¿Está la madre?

—Sí.

—¿A qué hora?

—No sé. A la tarde.

Se secó las manos.

—Volvés antes de las ocho.

—Bueno.

—Y me decís cuando llegás.

—Bueno.

No dijo nada más. Pero no dijo que no.

Le mandé a Thiago: “puedo el sábado.”

Me contestó con tres signos de exclamación.

El sábado fui a las cuatro. La madre me abrió.

—Emilia, pasá.

—Gracias.

Thiago estaba en el living con Cacho echado a los pies. Se paró cuando entré.

—Viniste —dijo, como si no lo creyera.

—Te dije que sí.

—Ya sé.

Nos sentamos a tomar mate con la madre. Ella hablaba de todo: del calor, de la verdulería, de que Thiago no juntaba la ropa. Él ponía los ojos en blanco cada dos minutos. Yo me reía.

A las seis la madre dijo “voy a lo de mi hermana” y se fue.

Nos quedamos solos. Cacho se fue atrás.

—Al fin —dijo Thiago.

—¿Al fin qué?

—Al fin sin nadie.

Me agarró de la mano y me llevó a la pieza. No me preguntó. Yo no dije que no.

No pasó nada de eso. Nos tiramos en la cama, con la ropa puesta, y él me abrazó de costado y me puso la cabeza en el hombro.

—Estoy transpirado —dijo.

—Yo también.

—Bueno.

Nos quedamos así un rato largo, escuchando el ventilador y a Cacho rascando la puerta.

—¿Te gusta venir? —preguntó.

—Sí.

—¿Venís más?

—Si me dejan.

—Yo quiero que vengas más.

Me di vuelta y lo miré. Tenía los ojos cerrados.

—Thiago —le dije.

—¿Qué?

—Nada.

Abrió los ojos. —Decí.

—No, nada. Me gusta estar acá.

Se sonrió. —A mí me gusta que estés.

Me besó. Despacio. Después más fuerte. Le pasé la mano por el pelo porque lo tenía todo revuelto y él me agarró la cintura abajo de la remera. No nos sacamos nada. Solo nos besamos hasta que me quedé sin aire.

Cuando me fui eran las siete y media. Me acompañó hasta la esquina de mi casa.

—Gracias por venir —dijo.

—Gracias por invitarme.

—Te amo, Ríos.

—Yo también, Benítez.

Entré. Mamá estaba en la cocina.

—¿Todo bien? —preguntó.

—Sí.

—¿Te trató bien?

—Sí.

—Bueno.

No me preguntó más. Pero a la noche me dejó el cargador en la mesa de luz sin que se lo pidiera.

En el cuaderno nuevo, en la segunda hoja, escribí: 15/2. Fui a su casa. La madre me dio mate. Él me dijo te amo otra vez. Yo también. No pasó nada más y pasó todo.

Lo cerré y lo guardé en el cajón con el otro.

El lunes me mandó: “faltan 15 días para verte todos los días.”

Le contesté: “te veo igual.”

Me puso: “ya sé. pero en el colegio es distinto.”

Tenía razón.

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Veronica Asuncion Caglia Mongelos
me encanto la historia de los dos.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia
Melu♡: muy buena sugerencia 🥰 la voy a tener en cuenta. besos
total 2 replies
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