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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

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Capítulo 14: El Nacimiento de la Loba Blanca

La habitación de Lyra olía a fiebre, a sudor y a hierbas medicinales. Las velas parpadeaban en sus candelabros, proyectando sombras danzantes en las paredes mientras la tormenta seguía rugiendo afuera, como si el cielo mismo estuviera esperando algo.

Eryndor no se había movido de su lado en horas. Sostenía su mano, le susurraba palabras de ánimo, le secaba el sudor de la frente con paños húmedos. Pero la fiebre no cedía. El cuerpo de Lyra se arqueaba de vez en cuando, sacudido por espasmos que helaban la sangre, y luego volvía a quedar inmóvil, como si estuviera reuniendo fuerzas para la siguiente batalla.

—No puede seguir así —dijo Nana Elle desde la puerta, con el rostro surcado de preocupación—. Necesita algo más que paños y plegarias.

Eryndor la miró. En sus ojos azules, profundos como el hielo, había una determinación que la anciana no supo interpretar.

—Lo sé —respondió—. Por eso vamos a sacarla.

—¿Sacarla? —Nana Elle se llevó una mano al pecho—. ¡Está nevando, príncipe! ¡Hace un frío que mata! La princesa morirá si la sacan de su cama.

—No morirá —dijo Eryndor con una calma que helaba más que la tormenta—. Necesita espacio. Necesita el aire. Necesita la luna, aunque no se vea. Su loba está luchando por nacer, y este cuarto es demasiado pequeño para contenerla.

Antes de que Nana Elle pudiera protestar, Eryndor se inclinó, deslizó sus brazos bajo el cuerpo de su hermana y la levantó con una suavidad infinita.

Lyra gimió, sus ojos se abrieron un instante.

—¿Eryndor?

—Estoy aquí, pequeña. Vamos a sacarte de aquí. Vas a estar bien.

Ella asintió, demasiado débil para preguntar, demasiado confiada en su hermano para dudar.

El Patio Nevado

La noticia de que el príncipe había sacado a su hermana de la cama y se dirigía al patio se extendió como la pólvora. Alaric e Isolda, que velaban junto a Adrián frente a la chimenea, corrieron hacia allí sin pensarlo.

Cuando llegaron, Eryndor ya estaba en el centro del patio, arrodillado en la nieve con Lyra en brazos. La tormenta rugía a su alrededor, pero él parecía no sentirla. Su cabello gris plateado se cubría de copos blancos, su aliento formaba nubes de vapor, pero no se movía.

—¿Qué hace? —susurró Alaric, a punto de intervenir.

Isolda lo detuvo con una mano en el brazo.

—Espera —dijo—. Él sabe lo que hace. Es su hermana. Y es un Lobo de Luna.

Adrián, aún débil por el viaje pero recuperado gracias al calor del fuego, se acercó cojeando ligeramente. Sus ojos grises observaban la escena con una mezcla de fascinación y preocupación.

—Tiene que ocurrir al aire libre —murmuró—. Mi padre me contó que algunos de los primeros Lobos de Luna siempre nacían bajo el cielo, sintiendo la nieve, la lluvia, el viento. Es parte del vínculo.

Eryndor, como si hubiera escuchado sus palabras, alzó la voz por encima del rugido de la tormenta.

—¡Lyra! ¡Escúchame! ¡Tu loba está aquí! ¡Siente el frío! ¡Siente la nieve! ¡Déjala salir!

Lyra, en sus brazos, abrió los ojos. La fiebre ardía en sus mejillas, pero sus ojos castaños miraban a su hermano con una claridad que no había tenido en días.

—Duele —susurró—. Duele mucho.

—Lo sé —respondió Eryndor, con lágrimas congelándose en sus pestañas—. Pero no estás sola. Estoy aquí. Y ella está esperando. Déjala salir, Lyra. Déjala salir.

Lyra asintió débilmente. Cerró los ojos.

Y entonces, comenzó.

La Transformación

El primer crujido resonó en el patio, seco y brutal, como una rama que se parte. Alaric dio un paso adelante, instintivamente, pero Isolda lo sujetó con fuerza.

—No —dijo ella, con voz firme—. No puedes. Tiene que pasar.

El segundo crujido fue más fuerte. Lyra gritó, un grito desgarrador que atravesó la tormenta y llegó al corazón de todos los presentes. Eryndor la sostuvo con más fuerza, sus propios brazos temblando, pero sin soltarla.

—¡Respira, Lyra! ¡Respira!

Crac.

Los huesos de su columna comenzaron a reacomodarse. Su espalda se arqueó de una manera imposible, y Lyra gritó de nuevo, un sollozo entremezclado con el dolor.

Crac. Crac.

Sus piernas se retorcieron, sus brazos se estiraron. Los dedos se acortaron mientras las uñas se oscurecían y se curvaban, transformándose en garras que se clavaron en la nieve.

Alaric no podía apartar la mirada. Veía a su hija, su pequeña, retorciéndose de dolor, y una parte de él quería correr, detenerlo, abrazarla y decirle que no hacía falta. Pero otra parte, la que había visto a su hijo transformarse, sabía que esto era necesario.

Isolda, a su lado, apretaba su mano con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Sus ojos azul pálido estaban fijos en Lyra, y por primera vez en mucho tiempo, rezaba. Rezaba a los dioses de Aurelia, a la luna, a quien quisiera escucharla.

Adrián observaba en silencio, sus ojos grises brillando con una mezcla de asombro y comprensión. Él también había pasado por una transformación, aunque la suya había sido diferente. Más oscura. Más solitaria. Pero el dolor... el dolor lo entendía perfectamente.

Crac. Crac. Crac.

El cuerpo de Lyra se convulsionó una última vez. Su mandíbula se alargó, sus dientes se afilaron, y un pelaje blanco como la nieve comenzó a brotar de su piel, cubriéndola por completo en cuestión de segundos.

Luego, el silencio.

Solo la tormenta rugiendo. Solo la nieve cayendo. Solo los corazones de los presentes latiendo con fuerza.

Eryndor, aún arrodillado, miró hacia abajo.

En sus brazos, ya no estaba Lyra.

Una loba blanca yacía sobre la nieve, su pelaje tan puro que parecía fundirse con el paisaje invernal. Era del tamaño de un lobo adulto, aunque se notaba que aún era joven, con una elegancia en sus formas que quitaba el aliento. Sus orejas, erguidas y atentas, temblaban ligeramente. Su cola, esponjosa y blanca, se enroscaba a su costado.

Y sus ojos... sus ojos eran color miel.

Dos joyas cálidas en medio de tanta blancura, que se abrieron lentamente y miraron a su alrededor con una mezcla de confusión y asombro.

La loba blanca parpadeó. Movió las orejas. Olfateó el aire.

Y luego, sus ojos encontraron a Eryndor.

"¿Hermano?"

La voz en la mente de Eryndor era la misma de Lyra, pero también diferente. Más profunda. Más... animal. Pero inconfundiblemente ella.

"Lyra", respondió él, con lágrimas cayendo por sus mejillas—. "Lo lograste. Bienvenida."

La loba blanca se incorporó lentamente, sus patas temblorosas por el esfuerzo. Dio un paso vacilante, luego otro. La nieve parecía acariciar sus patas, como si la recibiera con alegría.

Alaric no pudo contenerse más. Dio un paso adelante.

—¿Lyra? —susurró, con la voz quebrada.

La loba blanca lo miró. Y entonces, con una torpeza tierna, se acercó a él y apoyó su enorme cabeza contra su pecho.

Alaric la abrazó. Abrazó a su hija, abrazó a la loba, abrazó a ambas. Y lloró. Lloró sin vergüenza, sin importarle quién lo viera.

—Mi niña —susurró—. Mi pequeña.

Isolda se acercó lentamente, con respeto, y extendió una mano temblorosa para tocar el pelaje blanco. Era suave, increíblemente suave, y cálido a pesar del frío.

—Es hermosa —dijo, con lágrimas en sus ojos—. Es lo más hermoso que he visto.

La loba blanca giró la cabeza y lamió suavemente la mano de Isolda. Un gesto de agradecimiento. Un gesto de aceptación.

Adrián, desde atrás, sonrió. Una sonrisa auténtica, de esas que pocas veces mostraba.

—Bienvenida al club —dijo en voz baja—. Aunque el tuyo es mucho más bonito que el mío.

La loba lo miró, y si los lobos pudieran reír, Adrián juraría que ella lo estaba haciendo.

El Reencuentro

Esa noche, a pesar de la tormenta, a pesar del frío, nadie quiso volver al interior.

Eryndor se transformó en lobo y se acurrucó junto a su hermana, su pelaje gris contrastando con el blanco de ella. Alaric e Isolda se sentaron en la nieve, abrazados, observando a sus hijos lobos con una mezcla de asombro y amor infinito. Adrián se sentó a su lado, envuelto en una manta que alguien le había traído, pero con la mirada fija en sus amigos.

—Nunca había visto algo así —dijo Isolda en voz baja—. Es... mágico.

—Lo es —respondió Alaric—. Y es mi hija.

La loba blanca levantó la cabeza y aulló.

No fue un aullido triste. Fue un aullido de libertad, de alegría, de nacimiento. Un sonido puro que atravesó la tormenta y llegó hasta el cielo, donde la luna, oculta tras las nubes, pareció brillar un poco más fuerte en respuesta.

Eryndor, a su lado, se unió al aullido. Su voz grave y profunda se mezcló con la de su hermana en una armonía perfecta.

Y desde el interior del palacio, desde las habitaciones de los sirvientes, desde las cuadras, desde las cocinas, todos los que escucharon ese aullido supieron, sin necesidad de explicación, que algo había cambiado para siempre.

El Regreso al Interior

Cuando finalmente el frío pudo más y tuvieron que regresar, Lyra volvió a su forma humana con una facilidad que sorprendió a todos.

Un momento era loba, y al siguiente era una niña de siete años, desnuda y temblorosa, pero con una sonrisa radiante en el rostro.

Eryndor la envolvió en su capa antes de que nadie pudiera verla, y la cargó de vuelta al palacio.

—¿Cómo te sientes? —preguntó.

—Diferente —respondió Lyra, con los ojos brillantes—. Más fuerte. Más completa. Como si hubiera estado incompleta toda mi vida y ahora, por fin, estuviera entera.

Eryndor sonrió.

—Sé exactamente lo que quieres decir.

Ya en el interior, Nana Elle los esperaba con mantas calientes, chocolate humeante y una expresión que iba del susto al alivio.

—Princesita —dijo, abrazándola—. Nos has dado un susto de muerte.

—Lo sé, Nana Elle —respondió Lyra, acurrucándose en sus brazos—. Pero ya pasó. Y ahora... ahora soy más.

La anciana la miró largamente, y luego sonrió.

—Sí —dijo—. Lo eres.

La Promesa

Más tarde, cuando todos se retiraron a descansar, Lyra se sentó junto a la ventana de su habitación. La tormenta había amainado, y a través de los cristales podía ver la luna, brillante y hermosa, bañando la nieve con su luz plateada.

"¿Loba?", pensó.

"Estoy aquí", respondió una voz en su mente, cálida y familiar. "Siempre estaré aquí."

"¿Cómo te llamarás?"

Hubo una pausa. Luego, la respuesta llegó, clara como el agua.

"Lunaria."

Lyra sonrió.

"Lunaria. Es perfecto."

Apoyó la cabeza en el marco de la ventana y miró la luna.

"Selene", pensó. "Gracias. Gracias por mi loba. Gracias por mi hermano. Gracias por mi familia. Gracias por esta segunda oportunidad."

Y en algún lugar, en lo más profundo de la noche, la diosa luna sonrió.

Su elegida había llegado a casa.

Y ahora, la verdadera batalla podía comenzar.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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