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Tu Nombre En Mi Pasado

Tu Nombre En Mi Pasado

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Amor prohibido
Popularitas:234
Nilai: 5
nombre de autor: Leo Rg

Tu nombre en mi pasado
En la ciudad de Vareth, donde el poder se mueve en silencio y la lealtad se paga con sangre, Adrián Voss vive atrapado en un pasado que nunca logró enterrar.
Años después de la muerte de su padre, una sola pista aparece de la nada: un nombre que no debería existir… Elena Rivas.
Ella es todo lo que no encaja en su mundo: tranquila, normal, aparentemente ajena a la oscuridad que domina la ciudad. Pero en Vareth, nadie es inocente… y nadie aparece por casualidad.
Mientras Adrián se acerca a ella buscando respuestas, lo que encuentra es algo mucho más peligroso: una conexión que no entiende, una atracción que no puede controlar… y un secreto que podría destruirlos a los dos.
Porque alguien más ya los está observando.
Y esta vez…
el pasado no viene a recordarse.
Viene a cobrarse.

NovelToon tiene autorización de Leo Rg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que no dijimos

El callejón quedó atrás.

Pero la sensación… no.

Caminaron sin hablar durante varios minutos.

No porque no tuvieran cosas que decir… sino porque había demasiado. Y cuando hay demasiado, a veces lo único que sale es silencio.

La ciudad seguía igual de oscura.

Igual de viva.

Igual de peligrosa.

Elena iba al lado de Adrián.

Esta vez… no lo soltaba.

Su mano seguía entrelazada con la de él, como si soltarlo fuera hacer todo más real.

Mateo iba unos pasos adelante, revisando cada esquina, cada sombra. Pero incluso él sabía que algo había cambiado.

No era solo la persecución.

No era solo el sistema.

Eran ellos dos.

—Tenemos que parar un momento —dijo finalmente Mateo.

Adrián asintió.

—Pero no mucho.

Encontraron refugio en un lugar pequeño… casi escondido entre dos edificios. Una especie de pasillo cubierto, con tuberías viejas y paredes húmedas. No era cómodo. No era seguro.

Pero servía.

Elena apoyó la espalda contra la pared.

Cerró los ojos.

Respiró.

Adrián la observó.

—¿Estás bien?

Ella abrió los ojos lentamente.

—No.

Silencio.

—Pero sigo aquí.

Eso le sacó una pequeña sonrisa a él.

Corta.

Pero real.

Mateo se mantuvo de espaldas, vigilando.

—Tienen unos minutos.

Elena miró a Adrián.

—¿Siempre es así?

—¿Así cómo?

—Correr… disparos… gente queriendo matarte…

Adrián dudó.

—No siempre.

—Pero casi.

—Sí.

Ella bajó la mirada.

—Y aun así sigues.

—No tengo opción.

Silencio.

Elena volvió a mirarlo.

—Siempre hay opción.

Adrián negó levemente.

—No en este mundo.

Ese “mundo”…

ya no era algo lejano para ella.

—Entonces… —dijo ella— supongo que ahora es mi mundo también.

Adrián no respondió de inmediato.

Porque eso… era verdad.

Y no le gustaba.

—No quería que esto te alcanzara —dijo finalmente.

Elena sonrió un poco.

—Ya me alcanzó.

Pausa.

—Hace rato.

Silencio.

Pero no incómodo.

Más bien… honesto.

Adrián se acercó un poco más.

—Lo que pasó allá arriba…

—¿El beso? —dijo ella, directa.

Él soltó un leve aire.

—Sí.

—¿Qué pasa con eso?

Adrián la miró.

De verdad.

—Que no fue por el momento.

Silencio.

—Ni por la presión.

Elena no apartó la mirada.

—Lo sé.

Eso lo tomó por sorpresa.

—¿Lo sabes?

Ella asintió.

—Sí.

Pausa.

—Porque yo tampoco lo hice por eso.

Silencio.

Uno distinto.

Más profundo.

El ruido lejano de la ciudad parecía desaparecer por un segundo.

Como si todo se hubiera reducido a ese espacio.

A ellos dos.

Adrián pasó una mano por su rostro.

—Esto no es… normal.

—Nada de esto lo es —respondió ella.

—No me refiero a eso.

Pausa.

—Me refiero a nosotros.

Elena dio un pequeño paso hacia él.

—Entonces dime qué es.

Adrián dudó.

Y eso… ya decía mucho.

—No lo sé explicar —admitió.

Ella lo miró.

—Pues inténtalo.

Silencio.

Adrián respiró hondo.

—Desde que apareciste…

Pausa.

—Todo se volvió más complicado.

Elena alzó una ceja.

—Qué romántico.

Él soltó una leve risa.

—No terminé.

Se acercó un poco más.

—Pero también… más claro.

Silencio.

—Como si en medio de todo esto…

La miró.

—tú fueras lo único que tiene sentido.

Eso la dejó sin palabras un segundo.

Pero no retrocedió.

—Eso suena peligroso —dijo.

—Lo es.

—¿Y aún así…?

Adrián no dudó esta vez.

—Sí.

Elena lo sostuvo.

Más suave ahora.

—Entonces estamos en problemas.

—Hace rato.

Y sin pensarlo mucho…

se acercaron otra vez.

Este beso…

fue distinto.

Más lento.

Más consciente.

No había prisa.

No había disparos.

Solo… ellos.

Pero incluso en ese momento…

la oscuridad no se fue.

Elena se separó primero.

Su respiración un poco agitada.

—Hay algo que no encaja…

Adrián la miró.

—¿Otra vez?

Ella asintió.

—Sí…

Pausa.

—Lo del agua.

Silencio.

Mateo, sin girarse, habló:

—Sabía que volveríamos a eso.

Elena lo ignoró.

—No es solo una imagen…

Miró a Adrián.

—Es como si me estuviera llamando.

Eso hizo que el ambiente cambiara.

Otra vez.

—¿Llamando cómo? —preguntó Adrián.

—No sé…

Se llevó la mano al pecho.

—Pero lo siento aquí.

Pausa.

—Como si tuviera que ir.

Silencio.

Pesado.

Mateo se giró esta vez.

—Eso ya no me gusta nada.

Adrián frunció el ceño.

—No vamos a ir a ningún lado sin entender.

Elena negó.

—No creo que tengamos que entender…

Lo miró.

—Creo que tenemos que encontrarlo.

Silencio.

—¿Y si es una trampa? —preguntó Mateo.

—Probablemente lo es —respondió ella.

—¿Y aún así quieres ir?

Elena miró a Adrián.

No dudó.

—Sí.

Ese “sí”…

no fue impulsivo.

Fue decidido.

Adrián la observó unos segundos.

Evaluando.

Pensando.

Pero en el fondo…

ya sabía la respuesta.

—Entonces vamos juntos.

Mateo soltó aire.

—Genial… otra mala decisión.

Elena sonrió un poco.

—Ya es costumbre.

Adrián entrelazó su mano con la de ella otra vez.

—Pero esta vez…

La miró.

—no vamos a ir a ciegas.

A lo lejos…

el sonido de sirenas volvía.

Más cerca.

Más rápido.

Mateo se giró de nuevo.

—Se acabó el descanso.

Elena respiró hondo.

—Entonces vamos.

Adrián la miró una última vez antes de moverse.

—A donde sea que eso nos esté llevando…

Pausa.

—no te suelto.

Ella apretó su mano.

—Más te vale.

Y así…

volvieron a moverse.

Pero ahora no estaban huyendo sin rumbo.

Ahora tenían algo.

Una pista.

Un llamado.

Algo que no entendían…

pero que los estaba guiando.

Y lo más peligroso de todo…

es que por primera vez…

ellos estaban dispuestos a seguirlo.

Porque hay caminos que no eliges…

pero cuando decides caminar por ellos…

ya no hay forma de volver atrás.

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