NovelToon NovelToon
Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Status: Terminada
Genre:CEO / Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En la vibrante metrópolis de Shanghái, la sangre no solo corre por las venas; es la moneda de cambio de un imperio que ha gobernado desde las sombras durante milenios.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 01

El cielo sobre Shanghái no era negro, sino de un color violeta eléctrico, herido por los haces de luz de los rascacielos y el persistente resplandor de los neones que se reflejaban en el asfalto mojado. Shu Yan apretó el maletín contra su costado, sintiendo el frío del metal de su amuleto —el único recuerdo de su padre— a través de la tela de su traje sastre. El edificio del Grupo Li se alzaba ante ella como un monolito de obsidiana y vidrio, una aguja que parecía perforar las nubes contaminadas para reclamar su dominio sobre el mundo mortal.

Para muchos, ese edificio era el símbolo del éxito económico de China. Para Yan, era un mausoleo.

Al cruzar las puertas giratorias de cristal, el zumbido de la ciudad fue reemplazado por un silencio sepulcral, apenas interrumpido por el eco de sus propios tacones sobre el mármol blanco. El aire acondicionado estaba tan bajo que el vaho de su respiración casi era visible. Se acercó a la recepción, donde una mujer de una belleza simétrica y perturbadora la observó sin parpadear.

—Shu Yan. Para la entrevista final con la junta y el CEO —dijo Yan, forzando una voz firme que ocultara el temblor de su odio.

—Piso 88. La están esperando —respondió la recepcionista. Su voz era melódica, pero carecía de cualquier rastro de calidez humana.

En el ascensor, Yan se miró en el espejo lateral. Sus ojos oscuros estaban rodeados de un ligero cansancio, pero brillaban con una determinación letal. Recordó la última vez que vio a su padre: el titular del periódico acusándolo de fraude, el sonido de los disparos en su despacho y la sombra de un hombre alto, elegantemente vestido, que se alejaba de la escena mientras el mundo de Yan se desmoronaba. El Sindicato Li lo había borrado del mapa como quien tacha un error en una hoja de cálculo.

Cuando las puertas se abrieron en el piso 88, la opulencia la golpeó. No era la opulencia moderna de las startups, sino una elegancia antigua, pesada, llena de maderas oscuras y sedas de la dinastía Qing enmarcadas como trofeos de guerra.

La entrevista fue un borrón de rostros severos y preguntas afiladas sobre macroeconomía y gestión de crisis. Yan respondió con la precisión de un cirujano. Sabía que era la mejor; se había preparado durante tres años para este momento. Sin embargo, sentía que algo faltaba. El aire en la sala estaba cargado, como si hubiera una presión invisible aplastando sus pulmones.

Entonces, la puerta doble al fondo de la sala se abrió.

El silencio que siguió fue absoluto. Los directivos, hombres poderosos que controlaban miles de millones de yuanes, bajaron la cabeza en un gesto instintivo de sumisión.

Li Zixuan entró.

No caminaba; se desplazaba con una gracia depredadora que hacía que el espacio a su alrededor pareciera encogerse. Vestía un traje de tres piezas color gris marengo, cortado con tal precisión que acentuaba su figura alta y atlética. Su piel era de una palidez de porcelana fina, casi traslúcida bajo las luces LED, y su cabello negro azabache estaba peinado hacia atrás, revelando unas facciones que habrían hecho llorar a un escultor: pómulos altos, una mandíbula afilada y unos labios finos que no guardaban ninguna sonrisa.

Pero fueron sus ojos los que detuvieron el corazón de Yan. Eran de un ámbar profundo, casi cobrizos, y parecían contener el peso de siglos de soledad y mando.

Zixuan no se sentó. Se detuvo a unos pasos de ella. Yan sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura. Era una señal de alarma biológica, el grito del instinto de una gacela frente a un león.

—Shu Yan —dijo él. Su voz era un barítono profundo que vibraba en el pecho de ella—. Su currículum es impecable. Su tenacidad por alcanzar este puesto, casi... obsesiva. ¿Por qué el Grupo Li?

Yan sostuvo la mirada, aunque sus palmas sudaban.

—Porque creo en el poder —mintió ella, manteniendo el contacto visual—. Y no hay nadie en este país con más poder que usted, señor Li. Quiero estar donde se decide el destino del mundo.

Zixuan dio un paso más, invadiendo su espacio personal. Yan pudo olerlo: no era perfume barato, sino un aroma a madera de sándalo, lluvia antigua y algo metálico, punzante.

Él inclinó la cabeza ligeramente, aspirando el aire cerca del cuello de Yan. Ella se tensó, esperando un ataque, una denuncia, algo. En ese momento, las pupilas de Zixuan se dilataron hasta casi borrar el color ámbar. Una punzada de hambre milenaria, un vacío voraz que Yan no podía comprender, cruzó el rostro del hombre antes de que recuperara su máscara de frialdad.

—Su fragancia —susurró él, tan bajo que solo ella pudo oírlo—. Es... inusual. Huele a tormentas y a un rencor muy antiguo.

Yan no retrocedió. —Es determinación, señor Li.

Zixuan retrocedió un paso, recobrando su porte imperial. Miró a los otros directivos, que seguían conteniendo el aliento.

—Contrátenla. Será mi asistente personal directa. Que empiece mañana a las seis de la mañana. En el piso 99.

—Señor, el piso 99 es... privado —se atrevió a decir uno de los consejeros.

Zixuan lo miró de reojo y el hombre se encogió como si hubiera sido golpeado físicamente.

—He dicho que empiece mañana —sentenció Zixuan. Se volvió hacia Yan una última vez—. No llegue tarde, señorita Shu. En este edificio, el tiempo es lo único que no se puede recuperar, y yo tengo muy poca paciencia con los que desperdician el mío.

Cuando él salió de la habitación, Yan finalmente soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sus piernas temblaban. Había entrado. Estaba a un solo piso de distancia del hombre que ordenó la muerte de su padre.

Pero mientras salía del edificio, bajo la lluvia que ahora caía con fuerza sobre Shanghái, Yan no podía quitarse de encima una sensación inquietante. No se sentía como una infiltrada. Se sentía como una ofrenda.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play