Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.
NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Plan siniestro.
Darío había llegado a su límite.
Durante años había soportado vivir en las sombras, aceptar un papel que nunca eligió del todo, fingir sonrisas frente a una sociedad hipócrita que jamás los aceptaría. Lo hizo por amor, por Andrés, por la promesa silenciosa de que algún día todo tendría sentido.
Pero ya no.
Verlo con Katia fue la gota que derramó el vaso.
No era solo una amante. Era una aliada peligrosa, una mujer que entendía perfectamente cómo funcionaba el mundo de Andrés y que estaba dispuesta a usarlo todo a su favor.
Y lo peor… era Keyla.
Keyla estaba atrapada en medio de todo, siendo usada, humillada, quebrada lentamente.
Darío no podía seguir mirando hacia otro lado.
Esa noche, esperó a Andrés en la mansión. Caminaba de un lado a otro en la habitación que compartían desde hacía años, con los puños apretados, el corazón acelerado.
Cuando la puerta se abrió, Andrés entró con gesto cansado, aflojándose la corbata.
—Tenemos que hablar —dijo Darío sin rodeos.
Andrés levantó la vista, molesto.
—No ahora.
—Es ahora o nunca.
Andrés suspiró con fastidio y dejó las llaves sobre la mesa.
—Habla.
Darío lo miró fijamente.
—Ya es suficiente, Andrés. Soporté este matrimonio por conveniencia, soporté fingir que no existía… pero no voy a soportar a una amante.
Andrés soltó una risa corta.
—¿Eso es lo que te molesta? ¿Los celos?
—No me trates como un idiota —respondió Darío, con la voz temblorosa—. Katia no es solo una aventura. Es un problema. Y tú lo sabes.
—No te metas donde no te llaman.
Darío dio un paso al frente.
—Me meto porque soy parte de esto. Porque te amo… o al menos te amé. Pero no voy a seguir aceptando migajas.
Andrés lo observó en silencio.
—¿Y qué quieres? —preguntó con frialdad—. ¿Que la deje?
—Quiero mi lugar —respondió Darío—. Quiero respeto. O me voy.
Andrés arqueó una ceja.
—¿Y si no?
Darío respiró hondo. Sabía que esa era la línea que cambiaría todo.
—Entonces no me iré en silencio.
El ambiente se volvió denso.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Andrés, con un tono peligrosamente bajo.
—Que si me voy, todos sabrán la verdad —dijo Darío, sin apartar la mirada—. Tu matrimonio ficticio. Tus preferencias. El contrato con Keyla. Todo.
El silencio fue absoluto.
Durante un segundo, Andrés no dijo nada. Luego, sonrió.
Pero no era una sonrisa amable.
—¿Me estás amenazando?
—Te estoy advirtiendo.
Andrés se acercó lentamente, hasta quedar frente a él.
—Nadie me dice lo que tengo que hacer —susurró—. Nadie.
Darío sostuvo su mirada, aunque por dentro sentía un escalofrío.
—Entonces ya sabes lo que haré.
Darío salió de la habitación con el corazón hecho pedazos, pero con la conciencia tranquila. Había dicho lo que tenía que decir.
Lo que no sabía… era que acababa de firmar su sentencia.
Andrés no tardó en reaccionar.
Esa misma noche llamó a Katia.
—Tenemos un problema —le dijo apenas ella contestó.
—Déjame adivinar —respondió ella con voz sedosa—. Darío.
—Exacto. Ya no es útil. Se está volviendo un estorbo.
Katia guardó silencio unos segundos.
—¿Qué tan grave?
—Me amenazó —dijo Andrés—. Quiere contarle todo al mundo.
Katia chasqueó la lengua.
—Eso no podemos permitirlo.
—No.
Ella sonrió al otro lado de la línea.
—Entonces habrá que sacarlo del juego.
—¿Cómo?
Katia dudó apenas un segundo.
—Haciendo que parezca un accidente.
Andrés se quedó quieto.
—Eso es demasiado.
—No —corrigió ella—. Es necesario.
Andrés respiró hondo.
—¿Y Keyla?
La sonrisa de Katia se ensanchó.
—Ella será la pieza perfecta.
Andrés frunció el ceño.
—Explícate.
—Darío se hizo cercano a Keyla —dijo Katia—. Todos lo saben. Si algo le pasa… y las circunstancias apuntan a ella, quedará como la villana. Como la esposa inestable, celosa, imprudente. La Esposa que odia al mejor amigo de su esposo y lo mejor es que:
—Ulises la odiaría.
—Exacto.
Andrés sintió una chispa de satisfacción, y con una sonrisa de lado pregunto:
—¿Y yo?
—Tú serás el esposo herido que la protege —respondió Katia—. El hombre bueno que la salva del escándalo.
Andrés sonrió.
—Me gusta.
El plan comenzó a tomar forma.
Detalles minuciosos. Horarios. Testigos indirectos. Todo debía parecer casual, inevitable.
Un accidente.
Nada más.
Mientras tanto, Darío no tenía idea de lo que se avecinaba, pensaba que conocía a Andrés, pero en realidad nunca supo cómo era en verdad.
Había decidido tomar distancia por unos días. Pensar. Ordenar su mente. Por ello tomó sus cosas y se fue hacia su departamento.
Antes de irse, pasó a ver a Keyla.
Ella estaba sentada en el jardín de la mansión, con una taza de té entre las manos, mirando al vacío.
—¿Estás bien? —preguntó él suavemente.
Keyla levantó la vista y sonrió con tristeza.
—Lo intento.
Darío se sentó a su lado.
—Keyla… si algún día necesitas ayuda, de verdad, cuenta conmigo, se que nuestra amistad no empezó bien y dadas las circunstancias tú debías odiarme, pero en vez de eso me diste todo tú cariño y amistad. Eres una mujer muy especial. Mereces toda la felicidad del mundo.
Ella lo miró, conmovida.
—Gracias. Eres la única persona aquí que no me hace sentir sola.
Darío tragó saliva.
—Cuídate mucho —le dijo—. Y cuida a tu bebé.
Keyla asintió, sin saber por qué un mal presentimiento le recorrió el cuerpo.
Días después, el plan se puso en marcha.
Katia se encargó de mover las piezas. Un mensaje anónimo. Una cita falsa. Una ubicación estratégica.
Darío recibió una llamada.
—Necesito verte —dijo una voz distorsionada—. Es sobre Keyla.
El corazón de Darío se aceleró. En su cabeza pasaron miles de pensamientos.
—¿Dónde?
La dirección llegó en un mensaje.
Un lugar poco transitado.
Perfecto para un accidente.
Mientras tanto, Andrés se aseguraba de que Keyla estuviera en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
—Acompáñame —le pidió—. Necesito que veas algo.
Keyla dudó, pero aceptó.
Sin saberlo, estaba caminando directo hacia una trampa.
Una que no solo pondría en peligro a Darío…
sino que la convertiría, ante los ojos del mundo, en la culpable perfecta.