Antonio Kühne llega a la ciudad con un único propósito firmar un contrato con la familia Blackmore.
Émily Blackmore, universitaria, hija del empresario Joseph Blackmore. Creció con el amor de sus padres, pero con la llegada del nuevo socio de su padre todo cambiara.
secretos muy oscuros seran revelados, infidelidades, surgirá un amor netamente prohibido.
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capítulo 15
Llegó cansada a mi casa y encuentro a Elaya en mi cuarto.
—¿Dónde estabas, Emily? — sentencia fuertemente.
Yo ruedo los ojos y no le presto atención; solo quiero dormir.
—No hice nada, Elaya, vete, estoy cansada —le digo mirándolo a los ojos, pero no se va.
Me tiro en la cama boca arriba y lo veo sentarse; lo empujo y lo acuesto a mi lado, y lo abrazo con mi pierna.
—No quiero que te pase algo —me confiesa.
—Tranquilo, no me va a pasar nada.
Poco a poco caímos en un sueño profundo, presos del cansancio.
Me estiro en la cama y veo que Elaya ya se fue; son las 5 de la mañana y, producto de que dormí temprano ayer, no tengo más sueño.
Miro unos segundos el techo y me preparo, ya que hoy sí tengo que trabajar.
Hago todo mi aseo personal y veo que ya son las 6:15; salgo de mi habitación y voy a la de invitados, y veo a Magnus durmiendo. Todavía no lo despierto.
Bajo las escaleras de mi casa, caminando con una elegancia en cada paso que doy.
—Buenos días —entro saludando a todos.
Dejo un beso a mi madre y me dirijo a la puerta, ya que hoy no tengo hambre.
Entro, como es ya costumbre, a la empresa y subo al piso que me toca.
—Buenos días —digo algo más fuerte para que todos me escuchen.
Me posiciono en mi lugar y encuentro una que otra cosa que tengo que organizar rápidamente para poder subir al laboratorio.
Listo: los labiales matte, polvos translúcidos, cremas para el cuerpo.
La marca Bioac es la más conocida a nivel mundial, creada por esta empresa; es una de las mejores para el rostro. Sigo viendo que también probaré la vitamina C para el rostro y, por último, una base de la nueva línea: base matte, duración 48 horas.
El día de hoy se acerca Juan, uno de los auxiliares, el cual me va a acomodar el día de hoy.
—Listo, vamos al laboratorio —me indica, y lo sigo.
Camino a pasos firmes hasta que alguien choca conmigo; termino cayendo al piso, dándome duro y no como me gustaría.
—Perdóname —escucho una voz dulce.
—¡Hola! —gira emocionada—. ¿Cómo estás? —me dice.
—Tú eres Hanna, ¿no? —pregunto.
Es la chica que conocí en la repostería. Me levanto de golpe, limpiándome un poco.
—Sí —responde con una sonrisa.
—Tranquila, no pasa nada. No sabía que trabajabas aquí —la miro.
—No trabajo, vine por mi hermano —dice, ordenando el traje que tiene puesto.
El auxiliar me mira impaciente, pero no dice nada; solo lo observo.
—Disculpa, tengo que terminar —digo, girándome para irme.
—Sí, tranquila, ahora hablamos —dice de una manera educada y tierna.
Me encamino al laboratorio sintiéndome un poco cansada; escojo los productos que tengo que probar y este auxiliar es muy callado.
Me irrita la gente que no habla, pero no le digo nada; solo lo ignoro. Él escoge los mismos productos y cada quien vuelve a su puesto.
Por mi parte, empiezo a hacer un informe detallado de los labiales y el resto de productos los llevaré para poder comprobar su funcionamiento durante una semana.
La jefa, Jessi, me trae un café que recibo gustosa; menos mal, porque me está empezando a dar sueño.
—Hola —veo a Hanna emocionada mirándome.
Tan extraña ella.
—Dime —le pregunto mientras se sienta a mi lado.
—Bien, solamente que aburrida de este encierro —confiesa—. No sabía que trabajas acá —me dice mirándome fijamente.
—Entré hace poco, pero me ha ido bien —sonrío—. ¿No estudias? —pregunto.
Dejo de hacer el informe y paso a prestarle más atención.
—Estudié algo, pero no lo terminé; creo que no es lo mío estudiar —dice totalmente relajada.
—Entiendo perfectamente.
Veo mi celular y, de repente, se me ocurre una grandísima idea.
—¿Qué tal si salimos esta semana a una discoteca? —pregunto—. Es como de lujo, tiene tres pisos y es muy linda; de paso nos conocemos mejor —estiro mis brazos.
No tengo amigas mujeres; ya me hace falta una.
—¡Sí! —grita emocionada—. Me parece una gran idea, anota mi número y me envías un mensaje —muestra su celular y yo copio el número.
—Ahora vuelvo —se para corriendo de la silla.
Veo que todos empiezan a moverse más rápido y seguramente es porque ya llegó Antonio; lo siento en el aire.
Trato de concentrarme en lo que estoy haciendo, pero ese día no lo olvido jamás: cómo me tocó, me admiró, y cómo me ve como si fuera algo tan delicado que él no quiere romper; su toque es exquisito.
Me muerdo los labios con tan solo pensar en eso; realmente esa escena en su casa es algo tan digno de admirar. Le cociné y menos mal que no le disgustó; pensé que me iba a echar de su casa por tener tal confianza.
Observo mi celular y veo un mensaje con una foto.
—Yo también puedo hacer lo mismo —dice, y lo siguiente que veo en la foto.
Pero la foto de tu vida: tiene su miembro afuera y me lamo los labios de lo lindo que se ve y de lo bueno que se ve esa punta rosada, Dios mío.
Este hombre me mata; no había tenido un deseo con nadie tan intenso como él.
Subo atrevidamente hasta su oficina; como es de costumbre mía, no toco porque creo que esto es mío. Lo veo sentado trabajando y la vista que me da es demasiado sexy, súper concentrado.
—Señor Kuhne —susurro, acercándome lentamente hasta posicionarme detrás de él.
—Le gusta provocarme —le suelto.
Me agarra fuertemente del cuello, parándose de su lugar y admirándome. Muerdo mi labio y con tan solo esta acción él me besa fuertemente.
Me aprisiona contra la mesa y, en un movimiento rápido, chupa mis pechos.
—Son una maravilla, tan delicados —dice mordisqueándolos.
Con esa acción me derrito; busco sus labios nuevamente mientras él mete sus dedos en mí.
Suavemente va aumentando el ritmo; de un momento a otro saca su miembro y lo posiciona en mi entrada y, como la primera vez, los dos nos quedamos admirando cómo entra para después mirarnos a los ojos y besarnos.
Entra suave el primer minuto, hasta que entra completo y me embiste duro; me pone de espaldas a él y me sostengo, y lo mete todo, lo cual yo me derrito por esa acción, y mis pechos están contra la mesa, y esa acción me excita ya que están rosados con la madera.
Sus dedos encontraron el punto más sensible de mi cuerpo y, junto con sus embestidas, se me nubla la mente. Empiezo a dejar de tener fuerzas y mi orgasmo se acerca y, como si estuviéramos conectados el uno al otro, llegamos al mismo tiempo.
Él se mantiene un rato dentro de mí y besa mi espalda.
—Antonio, ¿por qué tienes la puerta cerrada? —gritan desde afuera.
Reconozco la voz de Hanna.
Arreglo rápidamente mi ropa y me adentro al baño para arreglarme bien sin que se den cuenta de lo que estaba haciendo.
Salgo y disimulo, sentándome en una silla como si me estuviera explicando algo. Él abre y ella entra, me mira y sonríe.
Ajena a la situación.