Nacida como una “maldición”, criada en el desprecio, y renacida con una nueva fuerza. Una princesa diferente está a punto de cambiar el rumbo de su reino.
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Capítulo 17: El Hechizo que No Debió Tocarla
La carroza avanzaba lentamente por el camino empedrado fuera del reino.
El atardecer teñía el cielo de naranja.
Dentro iba la princesa Airi.
Fuera, caminando al costado como siempre, Aster.
No le gustaban las carrozas.
Demasiado lujo.
Demasiada comodidad.
No era lo suyo.
Prefería sentir el suelo bajo sus pies.
El sonido de las ruedas era constante… hasta que dejó de serlo.
Un susurro recorrió el aire.
El viento cambió.
Los caballos relincharon inquietos.
Aster se detuvo.
—Salgan —ordenó con voz firme.
Los caballeros apenas reaccionaron cuando el aire frente a ellos se distorsionó.
Y ella apareció.
La portadora de la Lujuria.
La misma mujer que ya había enfrentado antes.
Sonrisa suave.
Ojos brillantes.
Belleza casi irreal.
—Santo de la Espada… qué alegría volver a verte.
Aster no respondió.
Se puso en guardia.
—No te acerques.
Ella llevó una mano a su pecho fingiendo ofensa.
—Qué frío eres… siempre tan serio.
Los caballeros intentaron avanzar, pero una presión invisible los paralizó.
Ella ni siquiera los miró.
Sus ojos estaban fijos en Aster.
—Solo vine a saludarte.
El aire se volvió pesado.
Un aroma dulce se esparció.
Aster frunció el ceño.
Otra vez ese truco.
La manipulación.
El deseo amplificado.
La distorsión de emociones.
La última vez no funcionó.
Esta vez tampoco.
El aura sagrada de Aster se expandió automáticamente.
La energía corrupta se rompió al tocarlo.
Ella hizo un leve puchero.
—Qué decepción… otra vez inmune.
Pero entonces…
Su mirada cambió.
Se desvió hacia la carroza.
—Pero no vine solo por ti.
El corazón de Aster dio un golpe seco.
La puerta de la carroza se abrió lentamente.
Airi descendió.
Pero algo estaba distinto.
Sus ojos.
Brillaban diferente.
Su respiración era irregular.
La portadora de la Lujuria sonrió.
—Una mente fuerte… pero un corazón joven.
Aster dio un paso al frente.
—No la mires.
—Oh, Santo… ya es tarde.
El aire tembló.
Y la mujer desapareció.
Sin combate.
Sin advertencia.
Solo una risa suave que se desvaneció con el viento.
Silencio.
Los caballeros seguían aturdidos.
Aster sintió el peligro… frente a él.
Airi caminaba hacia él.
Pero no era la misma expresión.
Su mirada no era firme.
Era intensa.
Confusa.
Cálida.
Demasiado cálida.
Aster retrocedió instintivamente.
Se puso en guardia.
No contra un enemigo…
Sino contra algo que no sabía cómo enfrentar.
—Princesa… —su voz salió más tensa de lo que esperaba.
Airi inclinó la cabeza ligeramente.
Una sonrisa distinta apareció en sus labios.
No inocente.
No estratégica.
Sino… cargada de emoción distorsionada.
Dio otro paso.
Aster retrocedió.
—Aléjate, princesa. No te acerques.
Ella no obedeció.
Siguió avanzando.
—Aster… —su voz era suave, casi susurrada— ¿por qué siempre te alejas?
Él apretó los puños.
Sabía lo que era.
Encantamiento de deseo.
No controlaba su voluntad completamente…
Pero amplificaba emociones escondidas.
Las volvía impulsivas.
Peligrosamente sinceras.
—No estás pensando con claridad —dijo Aster con firmeza.
Airi lo miró directo a los ojos.
Y por un segundo…
No parecía hechizada.
Parecía vulnerable.
—Siempre me proteges… —dio otro paso— siempre te pones delante de mí…
Aster retrocedió hasta sentir la rueda de la carroza detrás.
No podía usar fuerza.
No podía herirla.
Y no podía permitir que se acercara más.
—Princesa. Deténgase.
Ella levantó una mano.
Temblaba.
No era solo deseo.
Era conflicto.
El hechizo intentaba dominar.
Pero su mente luchaba.
—Aster… mírame.
Él dudó un segundo.
Error.
Sus miradas se cruzaron.
El hechizo intentó penetrar.
Pero la bendición sagrada lo bloqueó.
Sin embargo…
Lo que vio en sus ojos no era solo magia.
Había algo real allí.
Algo que ella nunca decía.
Su respiración se aceleró.
Airi dio un paso más.
Quedaron demasiado cerca.
Aster tensó el cuerpo por completo.
—Aléjate, princesa… por favor.
Esa última palabra fue casi un ruego.
Ella extendió la mano hacia su pecho.
La tocó.
Aster se quedó inmóvil.
El contacto no era agresivo.
Era suave.
Confuso.
Airi cerró los ojos con fuerza.
—No… no es así…
Su voz tembló.
Luchaba.
El hechizo la empujaba.
Su voluntad resistía.
Aster reaccionó.
Tomó suavemente sus muñecas.
Sin violencia.
Solo firmeza.
—Escúchame —su voz bajó, seria— Respira. Concéntrate. No eres esto.
Ella apretó los dientes.
El aire vibró.
Una lágrima cayó por su mejilla.
—No quiero… que me veas así…
El hechizo comenzó a quebrarse.
La bendición de Aster se expandió.
No como ataque.
Sino como purificación.
Luz cálida envolvió a Airi.
La presión desapareció.
Su cuerpo perdió fuerza.
Aster la sostuvo antes de que cayera.
Silencio.
Solo el sonido del viento.
Airi abrió los ojos lentamente.
Volvieron a ser los de siempre.
Confundidos.
Avergonzados.
Se dio cuenta de la cercanía.
De que Aster la sostenía.
Su rostro se puso rojo al instante.
Se apartó bruscamente.
—¡Yo no… eso no…!
Aster también retrocedió.
Tenso.
Serio.
Pero con el corazón latiendo más rápido de lo habitual.
—La portadora de la Lujuria usó un hechizo —dijo seco— No fue su voluntad.
Airi miró al suelo.
Sus manos aún temblaban.
—Pero… algunas palabras…
No terminó la frase.
Incómodo silencio.
Los caballeros comenzaron a recuperarse.
El momento se rompió.
Pero algo había cambiado.
Aster miró hacia el horizonte.
—Se está volviendo más audaz.
Airi respiró profundo.
—No… —lo miró con determinación renovada— Se equivocó.
Aster la observó.
—¿En qué?
Airi apretó los puños.
—Pensó que podía usar mis emociones como debilidad.
Le sostuvo la mirada.
—Pero ahora sé que debo hacerlas más fuertes.
El viento movió su cabello.
Aster asintió levemente.
Pero en su interior…
Sabía que la próxima vez…
La portadora no se conformaría con jugar.
por eso no entiendo cuando hnos se pelean o son enemigos!!!