Renace en la novela que estaba leyendo y en el personaje que más odiaba.. Pero, dispuesta a cambiar su destino.
* Historia parte de un universo mágico.
** Todas novelas independientes.
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Sacrificio
Oliver salió de la mansión sintiendo que el aire pesaba más que antes. No esperó carruaje ni distracciones.. fue directo a buscar a Jason. El camino se le hizo eterno, porque cada paso iba cargado de la imagen de Florence, con esos ojos enrojecidos que habían brillado con lágrimas contenidas mientras le confesaba lo más íntimo de su dolor.
Cuando por fin estuvo frente a Jason, no perdió tiempo en cortesías.
—Tenemos que hablar —dijo con la voz tensa.
Jason notó al instante que algo no estaba bien. Oliver rara vez lucía tan alterado. Aun así, intentó mantener la calma.
—Dime —respondió, aunque en su pecho ya empezaba a formarse un nudo.
Oliver respiró hondo… y entonces lo soltó todo.. como Lady Bristol le habia ofrecido a sus hermanos para que fueran Le contó cómo la reunión había empezado tranquila, cómo Florence había mencionado su posible viaje a Mercia para ver a Ginger y al bebé, cómo había bromeado con naturalidad sobre conocer a los Evenhart. Y luego, su tono cambió.
—Le pregunté si no creía que era muy pronto para rehacer su vida —admitió Oliver, casi avergonzado—. Y Jason… ella fue tan serena… tan clara…
Le repitió palabra por palabra cómo Florence había hablado del matrimonio, de cómo siempre aceptó que él no tenía tiempo para ella, de cómo lo amó… pero de un amor que nunca tuvo oportunidad de florecer realmente porque él jamás estuvo. Y que, aun así, le parecía justo volver a amar, porque era joven… porque lo merecía.
Jason apretó la mandíbula, pero se quedó en silencio. Oliver lo miró con rabia creciente.
—Eso no fue lo peor —continuó, con la voz quebrada por la indignación—. Cuando me estaba yendo, le pregunté si había sufrido mucho cuando… cuando “moriste”. Y Jason… ella me lo contó todo.
Le describió cómo Florence lloró hasta quedarse sin fuerzas. Cómo dejó de comer. Cómo pasaba noches enteras rezando, suplicando por una oportunidad más. Cómo en su desesperación llegó a pensar que quizás morir era la única forma de reunirse contigo. Oliver cerró los ojos un instante, recordando el brillo doloroso en la mirada de ella.
—Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras hablaba —dijo en un susurro áspero—. Y aun así me lo dijo con honestidad, sin drama, sin querer manipularme. Solo… verdad.
Entonces lo miró fijamente, ya sin contenerse.
—¡¿Te parece justo lo que hiciste?! —explotó—. ¡La dejaste sola, rota, creyendo que el hombre al que amaba había muerto! ¡Le quitaste cualquier oportunidad de despedirse, de sanar! ¡Y todo por un plan… por un maldito plan!
Jason intentó decir algo, pero Oliver no lo dejó.
—¡No me vengas con que era necesario! —continuó, dolido y furioso—. ¡Tú no viste lo que yo vi hoy! Esa mujer se rehizo sola, aprendió a caminar con la cabeza en alto mientras cargaba una pena, que tú ni siquiera te atreviste a enfrentar a su lado!
Su voz se quebró.
—Jason… ella habría dado la vida por ti. Y tú le pagaste con silencio… y con una tumba vacía.
El ambiente quedó tenso, casi insoportable. Oliver respiró hondo, tratando de calmarse, pero la mirada que posó en su amigo ya no era solo de preocupación… era de reproche.
—No estoy de acuerdo con esto —dijo finalmente, más bajo pero firme—. Nunca lo estuve. Y ahora… menos que nunca.
Y por primera vez desde que comenzó todo, Jason sintió con crudeza el peso real de las consecuencias de su decisión.
Jason escuchó en silencio, con la mirada clavada en algún punto invisible, como si cada palabra de Oliver se le hundiera en la piel. Sus labios se movieron apenas, buscando una defensa, una justificación que sonara menos egoísta de lo que realmente era.
—A veces, en las guerras hay sacrificios que… —empezó, con la voz baja, áspera.
Pero Oliver no le dio oportunidad de terminar.
—¡Sacrificios tuyos! —lo interrumpió con dureza—. Tú decidiste pelear por tu reino. Tú elegiste arriesgar tu vida. ¡Ella no! Florence nunca pidió formar parte de tu guerra ni de tus planes. Lo único que pidió fue a su esposo… y ni siquiera eso tuvo.
Las palabras golpearon como piedras.
—Y te diré algo más —añadió Oliver, clavándole la mirada—. Espero de corazón que Florence sea feliz. Con cualquier otro. Con quien la mire, la cuide, la acompañe… con quien sí esté dispuesto a existir para ella.
Ese fue el punto de quiebre.
Jason se puso de pie de un salto, lleno de una rabia que en realidad era culpa disfrazada. Lo tomó por la solapa de la chaqueta y lo arrastró hacia él, como si fuera a estrellarle el puño en la cara. Sus ojos ardían, no solo de furia… sino de dolor.
—¡Cuidado con lo que dices! —bufó entre dientes, la respiración desordenada.
Pero Oliver… no retrocedió. No pestañeó. No le tembló la voz.
—No —respondió con calma tensa—. Esto no se trata de lo que tú quieras. Ni de tus celos. Ni de tu orgullo. Se trata de lo que ella haga con su vida. Porque, para todos… —hizo una pausa, asegurándose de que Jason lo escuchara bien— y sobre todo para ella, tú estás muerto.
El silencio que siguió fue abrumador.
Jason aflojó lentamente su mano, como si de pronto se diera cuenta de lo que estaba haciendo. La tela volvió a caer en su sitio, pero el golpe que Oliver había dado no fue físico… fue directo al alma.
Porque era verdad.
Florence lo lloró, lo enterró en sus recuerdos, aprendió a vivir sin él. Para el mundo, para su corazón herido… Jason era un fantasma.
Y nada de lo que dijera podía cambiarlo.