NovelToon NovelToon
COMPRADA POR 50.000 DÓLARES El Mafioso Y La Estudiante

COMPRADA POR 50.000 DÓLARES El Mafioso Y La Estudiante

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Gino Esparza es el líder mafioso más temido de la ciudad. Frío, implacable y acostumbrado a imponer su voluntad, no acepta un no por respuesta. La piedad no existe en su vocabulario… hasta que una tarde sus ojos se encuentran con los de una joven estudiante de mirada turquesa.

Candance tiene dieciocho años, una deuda que no le pertenece y un sueño que nadie le arrebatará: estudiar Finanzas en Oxford. Cuando unos usureros intentan llevársela para cobrar cincuenta mil dólares, Gino paga la deuda y la lleva a su mansión.

Ella jamás imaginó convertirse en la mujer de un mafioso tan peligroso. Él le ofrece lujos, protección y un amor tan intenso como posesivo. Pero Candance no nació para vivir encerrada ni permitirá que otro decida su destino.

Gino puede comprar su deuda, pero jamás su voluntad. ¿Tendrá Candance el valor de escapar de la jaula del hombre que podría destruirla… y al que ha comenzado a amar?

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lágrimas que le divierten

Pasé la mayor parte de la mañana sentada junto a la ventana de mi habitación, observando cómo la luz del sol se movía sobre el césped sin que yo pudiera cruzar ni un metro más allá de lo que él me había permitido. Cada sonido de un coche que pasaba fuera de los muros me hacía sobresaltarme, cada sombra entre los árboles me parecía alguien que venía por mí. Sabía que no tenía sentido esperar que alguien me rescatara; mi propio padre me había vendido. La policía no sabía que existía. Para el mundo, simplemente había desaparecido. Y el hombre que sabía dónde estaba, el único que podría decir la verdad, era precisamente quien más se beneficiaba de mi desaparición. Así que no tenía a nadie más que a mí misma. Y eso, descubrí esa mañana, era lo más aterrador de todos.

Cuando escuché el coche entrando por la tarde, el corazón se me puso a latir tan rápido que dolía. Me lavé la cara rápidamente para que no notara que había estado llorando, me arreglé el cabello con manos temblorosas y bajé las escaleras justo cuando él cerraba la puerta principal. Me miró de arriba abajo, con esa mirada rápida y evaluadora que ya empezaba a conocer, y arqueó una ceja al notar mis ojos rojos.

—¿Llorando otra vez? —preguntó, quitándose la chaqueta y lanzándola sobre una silla como si fuera algo sin valor—. Eres patética, ¿lo sabías? Llevo fuera apenas unas horas y ya estás hecha un desastre. Qué poca cosa eres.

—No estoy llorando por ti —murmuré, sin atreverme a sostenerle la mirada—. Estoy llorando por mí. Por mi vida. Por todo lo que perdí.

Se rió, un sonido breve y cruel, y dio un paso hacia mí.

—Tu vida ya era nada antes de que yo apareciera. Tu padre te cambió por dinero. No tenías futuro, ni techo, ni seguridad. Deja de actuar como si te hubiera arrebatado algo que realmente fuera tuyo. No te engañes. Solo te di una realidad más clara de la que vivías. Ahora ven aquí. No te quedes ahí parada como si te fuera a comer. A menos que me lo pidas, claro. Entonces quizás lo haga.

Me acerqué despacio, con las manos entrelazadas frente a mí, y él me tomó de la barbilla, obligándome a mirarlo.

—Sabes qué me gusta de ti? Que eres predecible. Tiemblas antes de que yo diga una sola palabra fuerte. Bajas la mirada cuando te acercas a mí. Y lloras cuando te sientes acorralada, como ahora. Es casi divertido verte tan pequeña y asustada. Casi lástima me da… pero luego recuerdo que si fueras más fuerte, no te tendría aquí conmigo. Así que quédate así. Débil. Mía. Obediente. Porque cuanto más necesitas protección, más dependes de mí. Y eso es exactamente lo que quiero.

—No necesito protección —dije, aunque mi voz temblaba al decirlo—. No soy una niña indefensa.

—¿Ah, no? —se inclinó más, su rostro a escasos centímetros del mío—. ¿Quién te sacó de las manos de esos hombres? ¿Quién te da de comer y un techo? ¿Quién decide si sales o te quedas? No seas tonta, Candance. Eres exactamente tan indefensa como yo decida que seas. Y hoy he decidido que lo seas. Así que deja de intentar sonar valiente. No te queda bien. Es gracioso, eso es todo.

Me soltó de golpe y se sentó en el sofá, cruzando una pierna sobre la otra.

—Ven. Siéntate aquí. A mis pies. Y no me mires como si te estuviera pidiendo algo inhumano. Es solo una silla. Es solo tu lugar. Apréndetelo.

Me senté en el suelo, junto a sus pies, sintiendo cómo se me quemaban las mejillas de vergüenza. Nunca en mi vida me había sentido tan humillada, tan pequeña, tan reducida a nada. Él pasó una mano distraídamente por mi cabello, no con cariño, sino como quien acaricia a un perro para ver cómo reacciona.

—Mañana no estaré en casa gran parte del día. Puedes caminar por el jardín, leer lo que quieras de la estantería de abajo, pero no subas a mi estudio. Si abres esa puerta, no solo te castigarás tú. También se lo haré pagar a Elena. ¿Entiendes lo que te digo? No soy tu único vínculo aquí. Así que piensa dos veces antes de desobedecer. Tus acciones tienen consecuencias para otros también.

Lo miré horrorizada.

—No es justo. Ella no tiene culpa de nada.

—La justicia no existe aquí, solo mis reglas. Y si las rompes, el precio lo paga quien yo decida. Así que piensa con la cabeza, no con el orgullo. Es muy fácil ser valiente cuando solo te juegas tú. Pero cuando juegas con la seguridad de alguien más… bueno, veremos si sigues siendo tan valiente. Eres lista, Candy. Úsalo. No intentes ganar batallas que ya has perdido desde el principio.

Pasó el resto de la tarde dándome órdenes pequeñas, innecesarias a veces, solo para ver si las cumplía. Tráeme agua. Recoge esto. Siéntate más cerca. No hables. Y cada vez que dudaba, cada vez que tardaba un segundo de más, me miraba con esa sonrisa burlona que me hacía sentir estúpida. Cuando me tropecé con la alfombra y se me cayó un vaso vacío al suelo, no se enfadó. Se echó a reír abiertamente, señalándome mientras yo me agachaba temblando a recogerlo.

—Mira qué torpe eres. No sirves ni para algo tan simple. Qué bueno que te tengo yo, porque sola no durarías ni una semana. Caerías en la primera trampa que te pusieran. Eres tan… tonta. Tan débil. Tan mía. Me encanta.

Me fui a mi habitación esa noche con el pecho apretado por un nudo de rabia y tristeza que no se iba a ir a dormir conmigo. Me metí bajo las sábanas y abracé mis rodillas, intentando hacerme pequeña, intentando desaparecer. No podía odiarlo del todo porque tenía el control de todo lo que necesitaba para sobrevivir, pero tampoco podía respetarme a mí misma por quedarme callada, por obedecer, por aceptar que mi vida ahora dependía de que él no decidiera devolverme al infierno del que me había Rescatado a su manera. Y lo peor de todo era que él lo sabía. Sabía que no tenía a dónde ir. Sabía que su amenaza funcionaba. Y cada día encontraba una forma nueva de recordármelo, de hacerme sentir menos, de reducirme hasta que solo quedara lo que él quería que fuera: suya. Sin voluntad. Sin voz. Sin futuro más allá de lo que él decidiera para mí. Y no había nadie en el mundo entero que pudiera impedirselo.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play