Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Ducado Krugher 1
A la mañana siguiente, Rose llegó puntualmente al ducado Krugher, tal como la duquesa le había indicado.
Había pasado buena parte de la noche pensando en aquella invitación.
En realidad, apenas había dormido.
[¿De verdad me van a ayudar?]
[¿Y si ayer fue solo porque estaban en medio de aquella situación?]
[¿Y si hoy cambian de opinión?]
Había considerado incluso la posibilidad de no ir.
Pero entonces recordó las palabras de la duquesa.
"Nadie volverá a hacerle daño."
Así que se levantó temprano.
Se arregló con cuidado y escogió el mejor vestido que tenía.
Era azul.
Sencillo.
Y había sido remendado tantas veces que probablemente tenía más costuras que tela original.
Rose lo observó frente al espejo.
—Bueno...
Tiró suavemente de una de las mangas.
—Al menos está limpio.
Se acomodó el cabello.
[La presentación es importante.]
[Además, si voy a visitar a una duquesa, tengo que comportarme como una persona digna.]
Respiró profundamente.
Y salió.
Cuando llegó al ducado Krugher, sintió inmediatamente que estaba entrando en un mundo completamente diferente.
La propiedad era enorme.
Los jardines estaban perfectamente cuidados.
Los guardias vestían uniformes impecables.
Incluso los caminos parecían demasiado limpios.
Rose caminó por ellos con cierta incomodidad.
Pero mantuvo la espalda recta.
No permitiría que la pobreza de su familia le arrebatara la dignidad.
Una doncella la recibió en la entrada.
—¿Señorita Rose?
—Sí.
—La duquesa la está esperando.
Rose asintió.
—Muchas gracias.
La doncella la condujo hasta un pequeño salón.
Cuando la puerta se abrió, Rose encontró a la duquesa sentada junto a una mesa.
Había té preparado.
Y también varios dulces.
Rose se quedó mirando la mesa durante un segundo.
[¿Dulces?]
[¿Para mí?]
Intentó que no se notara su sorpresa.
Entró y realizó una profunda reverencia.
—Buenos días, su excelencia.
La duquesa sonrió.
—Buenos días.
Luego hizo un pequeño gesto con la mano.
—Aquí solo somos nosotras dos.
Rose levantó la cabeza.
—¿Eh?
—No necesita ser tan formal conmigo.
La duquesa señaló la silla frente a ella.
—Siéntese.
Rose obedeció con cierta timidez.
Se sentó muy derecha.
Tan derecha que parecía estar preparándose para un examen.
La duquesa la observó unos segundos.
—Puede relajarse.
Rose bajó ligeramente los hombros.
—Lo intentaré.
La duquesa sonrió.
—¿Quiere té?
—Sí, por favor.
La doncella sirvió la taza.
Rose tomó un pequeño sorbo.
Sus ojos se iluminaron.
[Está delicioso.]
La duquesa lo notó.
—¿Le gusta?
—Mucho.
Rose miró los dulces.
Luego miró a la duquesa.
Después nuevamente los dulces.
La duquesa empujó el plato hacia ella.
—También puede comer.
Rose tomó uno inmediatamente.
[¡Me encanta esta mujer!]
Y así comenzó la conversación.
Lo que Rose pensó que serían unos pocos minutos se convirtió en una conversación de casi dos horas.
La duquesa quería conocerla.
No solo saber lo ocurrido con Braulio.
Quería saber quién era.
Qué quería.
Qué sabía hacer.
Qué había estudiado.
Qué esperaba de su futuro.
Y mientras Rose hablaba...
La duquesa comenzó a descubrir algo inesperado.
Rose era extraordinariamente inteligente.
Había aprendido a leer y escribir gracias a una antigua maestra del pueblo.
No había tenido una educación formal completa.
Pero había compensado esa falta con curiosidad.
Preguntaba.
Leía.
Investigaba.
Aprendía sola.
Rose incluso había estudiado por su cuenta algunos conceptos básicos de hierbas medicinales.
—¿Cómo aprendió todo eso?
Rose se encogió ligeramente de hombros.
—Leía los libros que encontraba.
—¿Y nadie le enseñaba?
—No.
Pensó un momento.
—Aunque una señora del pueblo me prestaba libros de vez en cuando.
La duquesa sonrió.
—¿Y la magia?
Rose pareció avergonzarse un poco.
—También aprendí sola.
—¿Con libros?
—Sí.
La duquesa permaneció en silencio durante unos segundos.
—Eso es bastante impresionante.
Rose negó rápidamente con la cabeza.
—No soy muy buena.
—¿Por qué dice eso?
Rose levantó una mano.
Una diminuta esfera de luz apareció sobre su palma.
Brilló durante unos segundos.
Luego desapareció.
—Eso es todo lo que puedo hacer.
La duquesa la miró.
—¿Y aprendió eso sola?
Rose asintió.
—Sí.
La mujer sonrió.
—Entonces no diría que es poca cosa.
Rose no supo qué responder.
La conversación continuó.
Rose explicó que trabajaba como asistente en una casa de recaudación de impuestos.
Que había comenzado a trabajar desde muy joven.
Que ahorraba todo lo que podía.
Que por las noches estudiaba teoría mágica con libros prestados.
Y finalmente habló de su sueño.
La Academia.
Cuando terminó de contar su historia, la duquesa permaneció unos segundos en silencio.
Rose bajó la mirada.
[Quizás hablé demasiado.]
Pero entonces escuchó la voz de la duquesa.
—Ingresará a la Academia.
Rose levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué?
La duquesa tomó tranquilamente su taza de té.
—Ingresará a la Academia.
Rose parpadeó.
—Pero...
—Yo cubriré los gastos.
Rose se quedó inmóvil.
—¿Todos?
—Todos.
La duquesa comenzó a enumerar con absoluta tranquilidad.
—Matrícula.
Rose abrió ligeramente la boca.
—Materiales.
Sus ojos se hicieron más grandes.
—Uniformes.
Rose ya no sabía qué decir.
—Y también tendrá un lugar donde vivir.
La duquesa la miró directamente.
—Un lugar donde pueda estudiar sin preocuparse de que alguien vuelva a quitarle lo que gane.
Rose sintió que los ojos comenzaban a arderle.
—Yo...
Intentó hablar.
Su voz se quebró.
Bajó la mirada rápidamente.
[¡No llores!]
[¡No llores ahora!]
Pero las lágrimas comenzaron a acumularse.
—No sé cómo agradecerle...
La duquesa sonrió.
—No tiene que agradecerme.
Rose negó con la cabeza.
—Pero es demasiado.
—No lo es.
La respuesta fue tranquila.
—Usted solo necesita estudiar.
Rose apretó las manos sobre su falda.
Había esperado años por esa oportunidad.
Había trabajado.
Había ahorrado.
Había estudiado de noche.
Había contado monedas una y otra vez.
Y ahora alguien acababa de decirle que podía cumplir su sueño.
Sin condiciones económicas.
Sin deudas.
Sin tener que sacrificar su futuro.
Rose respiró profundamente.
—¿Por qué?
La duquesa sonrió.
—Ya se lo dije ayer.
Rose levantó la mirada.
—Porque alguien me ayudó cuando yo lo necesité.
Durante unos segundos, ninguna de las dos habló.
Entonces la duquesa agregó:
—Pero hay una condición.
Rose se quedó completamente quieta.
[Lo sabía.]
[Algo tenía que haber.]
Levantó inmediatamente la cabeza.
—¿Cuál?
La duquesa sonrió.
—Cuando cumpla su sueño...
Hizo una pequeña pausa.
—Ayude a otra persona.
Rose parpadeó.
Eso era todo.
No le estaba pidiendo obediencia.
No le estaba pidiendo dinero.
No le estaba pidiendo que trabajara para ella.
Solo le estaba pidiendo que, algún día, hiciera por otra persona lo que ella estaba haciendo ahora.
Rose sintió que las lágrimas volvían a llenar sus ojos.
Pero esta vez sonrió.
Una sonrisa enorme.
—Lo prometo.
La duquesa extendió la mano.
—Entonces tenemos un trato.
Rose miró aquella mano durante un segundo.
Después la tomó con ambas manos.
—Sí.
Su voz temblaba de emoción.
—Tenemos un trato.
Y mientras estrechaba la mano de la duquesa, Rose sintió algo extraño.
Era como si su vida finalmente estuviera tomando una dirección.
La Academia ya no era un sueño lejano.
Ahora era un futuro real.
Y, por alguna razón, no podía dejar de sonreír.
[¡Voy a estudiar magia!]
[¡De verdad voy a estudiar magia!]
[¡Y además tendré un lugar donde vivir!]
Se quedó pensando.
[Espera...]
[¿Eso significa que ya no tendré que compartir habitación con nadie?]
Sus ojos brillaron.
[¡Esto es maravilloso!]
Y mientras la duquesa seguía hablando sobre los preparativos para su ingreso, Rose apenas podía contener su emoción.
Había pasado toda su primera vida cuidando de los demás.
Y había comenzado esta segunda vida trabajando para sobrevivir.
Pero ahora...
Por primera vez...
Alguien estaba invirtiendo en ella.
Y Rose decidió que no desperdiciaría aquella oportunidad.
Estudiaría.
Aprendería magia.
Entraría a la Academia.
Y algún día...
Encontraría a alguien que necesitara ayuda.
Entonces recordaría aquella promesa.
Y extendería su mano.
Tal como la duquesa había extendido la suya.
me encanta muy divertida