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EL PRECIO DE DESEARTE

EL PRECIO DE DESEARTE

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

EL PRECIO DE DESEARTE

Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.

Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.

Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.

Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.

Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.

Será descubrir por qué él la eligió.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE DETRAS DE LA SOMBRA

La casa quedó completamente a oscuras.

Durante unos segundos, nadie habló.

El silencio era tan profundo que Valeria podía escuchar su propia respiración.

Sintió entonces la mano de Adrián buscar la suya.

—No te muevas —susurró.

Valeria apretó sus dedos.

—Estoy aquí.

—Lo sé.

La voz de Adrián era firme, pero ella percibió algo detrás de aquella seguridad.

Miedo.

No por él.

Por ella.

Gabriel se incorporó lentamente.

—Aléjense de las ventanas.

Esteban miró hacia el pasillo.

—Tenemos compañía.

—¿Cuántos? —preguntó Adrián.

—No lo sé.

Un ruido metálico llegó desde el piso superior.

Todos quedaron inmóviles.

Adrián levantó el arma.

—Quédate detrás de mí.

Valeria obedeció, pero no soltó su mano.

Avanzaron unos pasos.

Entonces ocurrió.

¡Bang!

El disparo rompió el silencio.

El cristal de la ventana estalló y pequeños fragmentos cayeron sobre el suelo.

Valeria gritó.

Adrián reaccionó por instinto.

La sujetó por la cintura y la llevó al suelo, cubriéndola con su cuerpo.

—¡Agáchate!

Otro segundo de silencio.

Nadie disparó de nuevo.

Adrián levantó ligeramente la cabeza.

—¿Estás herida?

Valeria respiraba con dificultad.

—No.

—Mírame.

Ella lo miró.

—Estoy bien.

Adrián recorrió rápidamente su rostro y sus brazos, buscando alguna herida.

—¿Segura?

—Sí.

Solo entonces se apartó un poco.

Valeria pudo ver un pequeño corte en su mano.

—Estás sangrando.

Adrián miró la herida.

—Es solo un rasguño.

—Por mi culpa.

Él negó.

—No vuelvas a decir eso.

—Pero si no estuviera contigo…

—Si no estuvieras conmigo, estarías sola enfrentando esto.

La miró fijamente.

—Y no pienso dejarte sola.

Valeria sintió que aquellas palabras le dolían más que el miedo.

Porque por primera vez entendía cuánto había arriesgado Adrián por ella.

Gabriel se acercó a la ventana sin exponerse demasiado.

Observó el agujero en el cristal y después la pared del fondo.

—No intentaron alcanzarnos.

Adrián se levantó lentamente.

—¿Cómo estás tan seguro?

Gabriel señaló la trayectoria del disparo.

—La bala pasó por encima de nosotros.

Esteban se acercó.

—Fue demasiado preciso para ser un error.

Adrián comprendió.

—Fue una advertencia.

—Exactamente —respondió Gabriel.

Valeria se incorporó.

—¿Por qué alguien dispararía solo para asustarnos?

Gabriel la miró.

—Para demostrar que puede hacerlo cuando quiera.

El silencio volvió a caer.

Entonces Esteban señaló el marco de la ventana.

—Hay algo ahí.

Todos miraron.

Un pequeño sobre negro había quedado atrapado entre los restos del cristal.

Adrián levantó una mano.

—Nadie se acerque.

Se aproximó con cautela.

—Podría ser una trampa —dijo Valeria.

—Lo sé.

—Entonces no lo toques.

Adrián la miró.

—Necesitamos saber qué quieren.

Tomó un objeto largo que estaba sobre la mesa y lo utilizó para acercar el sobre.

Nada ocurrió.

Esperó unos segundos.

Después lo recogió.

Lo abrió lentamente.

Dentro había una sola hoja.

Adrián la leyó.

Su expresión cambió.

—¿Qué dice? —preguntó Valeria.

Él no respondió.

—Adrián.

Le entregó el papel.

Valeria lo tomó.

Solo había una frase:

“La habitación siete nunca estuvo vacía.”

El corazón le dio un vuelco.

La habitación siete.

Sintió un fuerte dolor en la cabeza.

La casa desapareció.

Por un instante volvió a ser una niña.

Escuchó la lluvia.

Vio una lámpara.

Una mesa.

El libro.

Su padre discutiendo con alguien.

Después apareció una mujer.

Vestía de blanco.

Estaba junto a la ventana.

Valeria abrió los ojos de golpe.

—La mujer…

Adrián se acercó.

—¿Qué mujer?

Valeria se llevó una mano a la cabeza.

—La recuerdo.

Gabriel se quedó completamente inmóvil.

—¿A quién?

Valeria lo miró.

—Había una mujer en la habitación siete.

Gabriel palideció.

—No puede ser.

—¿La conoces?

Él no respondió.

—Gabriel —insistió Valeria—. ¿Quién era?

Gabriel bajó la mirada.

—Alguien que estuvo allí aquella noche.

—Eso ya lo sé.

—No sabes lo que significa.

Valeria dio un paso hacia él.

—Entonces explícamelo.

Gabriel respiró profundamente.

—Esa mujer conocía a tu padre. También conocía a Alejandro.

Adrián intervino.

—¿Y a mí?

Gabriel lo miró.

—Sí.

Adrián frunció el ceño.

—¿Cómo puede conocernos a los dos?

Gabriel guardó silencio.

—Respóndeme.

—Porque estaba presente cuando Alejandro te encontró aquella noche.

Adrián quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Ella te vio sacar a Valeria de la casa.

Valeria miró a Adrián.

—Entonces sabe lo que ocurrió.

—Sabe una parte —respondió Gabriel.

—¿Qué parte?

Gabriel miró la fotografía que Valeria todavía sostenía.

—Sabe quién estaba realmente detrás de todo.

Adrián observó la imagen.

—El hombre del anillo.

Gabriel asintió.

—Ella lo vio.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Y por qué nunca habló?

Gabriel tardó unos segundos en responder.

—Porque intentaron matarla.

—¿Quién?

—Los mismos que mataron a tu padre.

Valeria apretó la fotografía entre sus dedos.

—¿Está viva?

Gabriel levantó la mirada.

—Hasta donde sé.

—¿Dónde está?

Gabriel negó.

—No lo sé.

—¡Tú sabes más de lo que estás diciendo!

La voz de Valeria se quebró.

Gabriel permaneció en silencio.

—Toda mi vida me han ocultado cosas —continuó ella—. Mi padre. Alejandro. Tú. Adrián…

Miró a Adrián.

Él no apartó la mirada.

—Y ahora aparece una mujer que puede explicarlo todo.

Se acercó a Gabriel.

—No voy a permitir que vuelva a desaparecer.

Gabriel la observó durante unos segundos.

—Entonces tendrás que encontrarla antes que ellos.

—¿Quiénes?

—La organización.

Esteban soltó una respiración nerviosa.

—No tenemos mucho tiempo.

Adrián giró hacia él.

—¿Qué sabes?

Esteban miró hacia la ventana.

—El disparo no fue solamente una advertencia.

—¿Qué quieres decir?

—Querían comprobar si estábamos aquí.

Gabriel asintió lentamente.

—Y ahora saben que sí.

Valeria sintió que el miedo volvía a recorrerla.

—¿Entonces qué hacemos?

Adrián se acercó.

—Nos vamos.

—¿Adónde?

—A un lugar donde no puedan encontrarnos fácilmente.

Gabriel negó.

—No tenemos tiempo para escondernos.

Adrián lo miró.

—¿Qué propones?

Gabriel tomó la fotografía de las manos de Valeria.

La observó durante unos segundos.

Después señaló la mujer que aparecía parcialmente al fondo.

—Ella dejó algo aquella noche.

Valeria se acercó.

—¿Qué?

—Una dirección.

—¿Dónde?

Gabriel dio vuelta a la fotografía.

En la parte posterior había una inscripción que ninguno había visto.

Una serie de números.

17 — 42 — 7

Adrián frunció el ceño.

—La dirección del sobre.

Gabriel asintió.

—Calle 17, número 42.

Valeria sintió un escalofrío.

—Y habitación siete.

—Exactamente.

Esteban negó con la cabeza.

—Eso no es una coincidencia.

Valeria miró a Adrián.

—La dirección que dejó Samuel…

—Es una trampa —dijo Adrián.

Gabriel lo contradijo.

—O una invitación.

—¿Para quién?

Gabriel miró a Valeria.

—Para ella.

Valeria sintió que el corazón se aceleraba.

—Entonces voy.

—No —dijo Adrián inmediatamente.

—Sí.

—Valeria, no sabemos quién estará allí.

—Precisamente por eso.

Adrián se acercó.

—Podrían estar esperando que aparezcas.

—Lo sé.

—Podrían utilizarte para llegar hasta mí.

Ella sostuvo su mirada.

—También lo sé.

—Entonces, ¿por qué quieres ir?

Valeria respiró profundamente.

—Porque llevo toda mi vida viviendo dentro de una historia que otros escribieron por mí.

Se acercó un poco más.

—Ya no quiero eso.

Adrián la observó en silencio.

—Quiero saber quién era mi padre realmente.

—Lo sabrás.

—Quiero saber qué pasó aquella noche.

—Lo sabremos.

—Y quiero saber por qué alguien decidió borrar mis recuerdos.

Adrián tomó su rostro entre sus manos.

—Y yo voy a estar contigo.

Valeria cerró los ojos un instante.

—Eso es lo único que no quiero que cambie.

Adrián apoyó su frente contra la de ella.

—No va a cambiar.

Gabriel se apartó.

—Hay algo más.

Ambos lo miraron.

—¿Qué?

Gabriel señaló nuevamente la fotografía.

—La mujer de blanco no era una testigo cualquiera.

Valeria abrió los ojos.

—¿Entonces quién era?

Gabriel respondió lentamente:

—Era la persona que Alejandro protegía.

Adrián sintió un golpe en el pecho.

—¿Mi padre la protegía?

—Sí.

—¿De quién?

Gabriel miró hacia la ventana rota.

—Del hombre del anillo.

Valeria sintió que una nueva imagen cruzaba su mente.

La mujer de blanco arrodillada frente a ella.

Una mano acariciándole el cabello.

Y aquellas palabras:

“Algún día tendrás que saber quién eres.”

Valeria abrió los ojos.

—Me dijo algo.

Adrián la miró.

—¿Qué?

—Que algún día tendría que saber quién era.

Gabriel se quedó pálido.

—Entonces ella sabía algo.

—¿Qué?

Gabriel respondió con dificultad:

—Algo sobre tu nacimiento.

Valeria se quedó inmóvil.

—¿Mi nacimiento?

Nadie dijo nada.

Y entonces escucharon un ruido afuera.

Un motor.

Después otro.

Adrián apagó la pequeña linterna.

—Tenemos que irnos.

Esteban se asomó apenas por una rendija.

—Dos vehículos.

Gabriel tomó su abrigo.

—Nos encontraron.

Valeria miró una última vez la fotografía.

La mujer de blanco.

El hombre del anillo.

Su padre.

Alejandro.

Todos estaban unidos por aquella noche.

Y ahora ella estaba a punto de descubrir por qué.

Adrián tomó su mano.

—¿Lista?

Valeria lo miró.

Tenía miedo.

Mucho.

Pero esta vez no retrocedió.

—Sí.

Salieron por la puerta trasera.

Sin saber que, a varios kilómetros de allí, una mujer observaba la misma fotografía.

La fotografía de aquella noche.

Sus dedos temblaron al reconocer el rostro de Valeria.

Entonces tomó el teléfono.

—Ya la encontraron.

Escuchó una voz al otro lado.

—¿Y ella recuerda?

La mujer miró hacia la ventana.

—Todavía no.

—Entonces no intervengas.

Ella cerró los ojos.

—¿Y si recuerda antes de que lleguen?

Hubo un breve silencio.

Después la voz respondió:

—Entonces tendrás que hacer lo que debiste hacer aquella noche.

La mujer apretó el teléfono.

—No puedo volver a hacerlo.

—No tienes elección.

La llamada terminó.

La mujer volvió a mirar la fotografía.

Una lágrima recorrió su rostro.

Y susurró:

—Perdóname, Valeria.

Porque sabía algo que nadie más sabía.

Ella había sido la mujer de blanco.

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Lau
está intrigante autora 🙆😅
FOAR: Me alegra
total 1 replies
Lau
interesante
Lau
comenzando 🥰
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