Clara Estrella enviada a un internado por sus padres que solo favorecen a su gemela, Clarisa. Es traida nuevamente solo para ocupar el lugar de Clarisa en un matrimonio arreglado. Lo que todos ignoran que Clara fue tomada por una organización secreta y entrenada como asesina. Por lo que ya no es esa chica retraida y complaciente, que a pesar de no querer casarse acepta al considerar a su nuevo esposo la mejor pantalla para cumplir con sus misiones. Solo debe fingir ser una esposa complaciente. ¿Podrá Clara soportar fingir? ¿Lograra cambiar la actitud libertina de su esposo? ¿Qué pasara cuando sepan lo que ella es en verdad?
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14- Enojo
♥️CLARA
Su actitud era desconcertante. Lo veia más enojado conmigo que con su amigo. Seguro que por ser la extraña aqui, me culpa de lo sucedido. Aunque le dije que fue para salvarle la vida, no parece creer en mis palabras. No me gusta aclarar las cosas. Menos si significa gastar energia, sabiendo que no me va a creer y solo lo que supone tendra validez. Por lo que hice lo mas sensato que considere en ese momento. Le extendi el contrato que firmamos al casarnos y señale el artículo donde ponía sobre negro y blanco que cada uno haría su vida sin interferir en la del otro.
—Mira... Aquí está muy claro... Negro sobre blanco.
Mi voz salió calma, plana, sin una pisca de emoción.
Adrián que estaba como un perro rabioso a punto de saltarme en la yugular, entrecerró los ojos, frunció la boca, su mano se extendió agarrando el contrato y lo estrujo entre sus manos.
—Con mi amigo te dije que no... Te lo aclaré. Pero resultaste ser una arpía venenosa, que no tiene códigos, no tienes integridad filial.
Pronuncio esas palabras de manera pausada, como conteniéndose de gritar.
—No me metí con él... Si no me crees revisa las cámaras de seguridad... Tienes contactos, puedes conseguir las imágenes. Lo atacaron un par de grandotes. Si no lo salvaba no tendrias un amigo ahora.
Insisti, al no querer perder mi pantalla.
—¿Tú?... Salvarlo. Con esa carita, con esa fisonomía... No me mientas, no me tomes por estupido. No somos un matrimonio de verdad, solo en papeles, por el interes de nuestras familias, por eso firmamos ese acuerdo y al firmar te deje claro que con Marcos no.
En ese momento mi celular negro vibro. El zumbido viajo a mis oídos. Solo yo lo escuché.
—Debo viajar para una sesion de fotos. Lo escuche decir.
Me habia concentrado en el sonido de mi celular que deje de prestar atención a lo que él planteaba.
—Clara... Alejate de mi amigo.
Agrego como advertencia.
Yo solo sabía que si no respondia a ese mensaje, la cosa se pondria dificil. Mire la habitación alrededor, los puntos claves donde podrian ingresar los de la organización. Habia un ventanal y una rejilla debajo de la misma que de seguro era la ventilación del aire acondicionado interno.
—Necesito que me respondas que lo entendiste... No sere tan apacible la próxima.
Adrian hizo sonar sus dedos ante mis ojos, para capturar mi atención, al verme distraida observando la ventana.
—Lo entiendo. Le respondi.
—Bien. Acostemonos... Tu en ese extremo.
Señalo el lado izquierdo de la cama. No le di una respuesta positiva ni negativa. Solo tenia la certeza que en pocos minutos los del proyecto estarían sobre nosotros.
En ese momento se corto la luz.
—Maldición.
Escuche decir a Adrián.
—Seguro el generador de emergencias falló.
Exclamo molesto Adrian usando la linterna de su celular.
—¿A fallado antes?
Le pregunte.
—Si... Es un problema común.
Lo escuche decir.
—No salgas. Ire a ver.
El sonido de la puerta cerrandose cuando él se alejo rompio ese silencio profundo que nos envolvio unos minutos.
En ese momento escuche un sonido seco, un pequeño crujido. Mis latidos se aceleraron, mis sentidos auditivos y olfativos estaban en alerta. Un aroma humedo, mezclado con un amiscle particular, mentolado a cigarro. No era de Adrian, ni de Marcos.
Por inercia mi mano se alargo atajando una figura enorme, me deslice hasta estar sobre su grueso cuello.
—Soy yo.
Una voz ronca, por mi apriete con mis piernas a punto de romperle el cuello.
—¿Quién?
Indague sin aflojar mi agarre.
—Tres.
Apenas dijo.
—¿Leo?
—Si, siete. Susurro casi inaudible.
Senti su mano deslizarce sobre mi pierna hasta colocarla en mi mano, al tocar sus dedos gruesos como chorizos senti la cicatriz de su dedo mayor izquierdo de un corte que le provoque en un entrenamiento. Afloje mis piernas. Era uno de los pocos del proyecto que sobrevivieron. Él tenia la fuerza bruta y la agilidad. Yo tenia la sangre que curaba ademas de ser letal al matar sin sangre. Él daba presencia, intimidaba con su tamaño. Por mi parte tenia una cara angelical, nadie desconfiaria de una chica con una carita asi.
—Te vine a buscar. Tenemos un tema que tratar ahora.
Suspire y lo segui en dirección a la ventana. Él tiene una agilidad para trepar en lugares impensables, me prendí en su espalda como garrapata, salto de un balcon a otro, hasta llegar a la planta baja del callejón.
—Si que aprietas fuerte. Se quejo fregandose el cuello.
—Dime que hay que hacer.
—Ponte mi abrigo... Tiemblas.
—No es nada.
—Conmigo no te hagas la fuerte.
Me coloco su campera, me quedaba grande y suelta.
Lo segui a pasos presurosos hasta la esquina. Subi a su camioneta.
—Ponte este disfraz, haremos de una pareja millonaria.
Me informo pasandome una caja con un vestido elegante, con brillos, zapatos de taco fino. No me gusta usarlos, no son practicos.
—¿Hay que eliminar a alguien?
Indague.
—Espero que no... Segun lo que te envie.
Respondio seco.
—No vi el mensaje.
—Un juego de collar y aros de oro y diamantes fue hurtado de un museo y lo venderan en una subasta en Recoleta segun la fuente.
Me pase a la parte de atras y me vesti, coloque un poco de brillo labial. Me veia radiante, pero la verdad a mi no me gusta.
Leo me miro de reojo y note que sus labios se curvaron, sabe que no me gustan los zapatos, y se divierte a mi costilla.
—¿Qué?
Le pregunté molesta.
—Nada, te ves bien. Respondió y vi como se colocó una camisa, corbata y un sacó.
Sus musculos se marcaban tanto que parecia que esa tela de algodon fino sederia en cualquier momento.
Llegamos al lugar de la subasta. Las personas de un nivel economico alto desfilaban luciendo prendas esquisitas y de diseñador. Parecian pavos reales exhibiendo sus plumas.
Leo bajo y me abrio la puerta, me tomo la mano con delicadeza. Me prendi de él usandolo de bastón. Los tacos me hacian alta, pero ante él seguia siendo de baja estatura. No me pasa lo mismo con Adrian que apenas me gana en unos pocos centimetros cuando endereza su postura.
—¿Estas bien?
Indago mirandome a los ojos como si fuera su mundo. Para actuar era un experto.
No me quedaria atras, le sonreí con ternura y asenti.
***
🔵ADRIÁN
Pierdo el control con Clara. Menos mal se corto la luz o no se cuanto aguantaria las ganas de robarle un beso, celoso de que Marcos fue el unico en probar sus labios, sali del cuarto usando la excusa de buscar la manera en que regrese la luz.
En el pasillo choque con Marcos que me atajo de los barzos.
—Amigo, no tengo nada con tu esposa... En verdad ella me salvo la vida... Redujo a esos hermanos.
—Me crees idiota o que... ¿Cómo podria ella?... Es delgada, con esa carita no mata una mosca... Y tu eres enorme, puro musculo. Una roca... Te volviste asi para acabar con los que te intimidaban en el colegio.
—Lo se, pero ante ellos me congelo, ese temor regresa. Si no fuera por Clara estaria muerto. Ella no usa la fuerza, es agil con sus piernas. No se como, pero fue asi. Y no me beso, me hizo respiración artificial, me dio de probar su sangre y al segundo me senti renobado.
—¿Su sangre?
—Hable de más. Solo debes saber que ella no te engaño. Me salvo la vida, es lo que importa.
—Supongamos que te creo. Vamos a ver si es aqui nada mas el corte de luz.
Le sugerí, sintiendo que me asfixiaba en el departamento y tenía que despejar mi mente, con la brisa de la noche podría aclarar las ideas. Me resultaba increíble lo que me decía Marcos.
Al salir me quede congelado al ver a Clara de la mano de un grandote de dos metros en dirección a la esquina.
¿Será su novio?
¿Por eso no le importo el trato y acepto sin dudar?
Seguro era eso.
La curiosidad invadió mi ser.
—¿Es Clara?
Señalo Marcos.
Lo miro molesto señalando la camioneta, no me quedaría quieto, la seguiría y le pediría que me aclare de una vez todo.
No sé por qué me molestaba, tanto a ella como a mí nos casaron obligados. Yo mismo impuse el acuerdo y ahora renegaba del mismo. Por una loca razón no quería que tenga ningún hombre en su vida. Pero si era su novio ¿Qué podía hacer?
Llegamos en un sector de la Recoleta, había una subasta de joyas. Desde que nos casamos no le regale nada a Clara.
¿Cómo olvide que a las mujeres les gusta eso?
¿Por qué me importa eso ahora?
Si puedo le comprare la mas cara y haber si sigue eligiendo a ese que al parecer no tiene nada de patrimonio, solo maneja una camioneta vieja, por mas que este bien cuidada, no se compara a la mia de último modelo.