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UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Embarazo no planeado / Romance
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mckasse

Un alfa embarazado de un Omega dominante

Dante Lombard Sanford siempre vivió a la sombra de su familia, hasta que conoció a Trébol Armstrong, un omega dominante que desafía todas las reglas. Lo que comienza como una atracción imposible termina convirtiéndose en un amor capaz de romper las leyes de la biología y los prejuicios de la sociedad.

Cuando Dante descubre que está embarazado de un omega, ambos deberán enfrentarse al rechazo, las ambiciones familiares y a quienes intentarán separarlos. Juntos demostrarán que el verdadero amor no entiende de jerarquías, solo de la valentía para elegir a la persona correcta.

NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una dulce invitación

Su casa olía a café recién hecho, a suavizante de ropa y ese aroma suyo a manzanas verdes que ya empezaba a parecerme un problema clínico. El interior era sobrio, bonito, ordenado sin volverse frío. Muebles de líneas simples, tonos claros, madera oscura, plantas grandes, algunos cactus en miniatura, una estantería llena de libros y una sala amplia que daba al jardín trasero por unos ventanales enormes. Lastima que no se veía desde mi habitación.

Me hizo pasar hasta el sofá y me señaló el asiento.

—Siéntate.

—Qué autoritario.

—Siempre me dices lo mismo, señor averiado.

Su tono bastó para que me callara y obedeciera.

Se agachó frente a mí, no del todo, solo lo suficiente para revisar el yeso sin tocarlo al principio. Llevaba una camiseta gris de manga corta y pantalón deportivo. El cabello lo tenía suelto, apenas húmedo en las puntas, como si acabara de bañarse. De cerca, su expresión estaba más cerrada de lo habitual. Me arreglé los lentes por inercia nerviosa.

Mi corazón chocaba contra mi caja torácica al verlo de frente. Les juro que si en ese momento me dijera desnùdate que te voy a hacer mio, lo haría en un segundo. (autora: Hasta yo)

—¿Qué pasó? —preguntó.

—Nada importante.

Me puse a contar ovejitas para que no se me parara.

Trébol levantó la vista despacio.

—No me hagas perder la paciencia.

—No sabía que la tuvieras.

—La tengo. Y se reduce mucho cuando un cliente desaparece dos semanas y luego aparece con un brazo fracturado diciendo “nada importante”.

Quise responder con una broma.

No me salió.

Me limité a mirar el yeso como si fuera un objeto ajeno.

—Me caí.

—Eso ya lo veo. ¿Cómo?

—Fue en una fiesta.

—¿En la bulla que había semanas atrás en tu casa?

Exhalé por la nariz.

—Era el cumpleaños de Deivid.

—Ohh...

—Había alcohol. Dimitri y yo discutimos.

Los ojos de Trébol no se movieron de mi cara.

—¿Y?

Me reí sin humor.

—Y resulta que las escaleras son enemigas naturales del equilibrio.

Él siguió en silencio.

Ese silencio suyo era insoportable porque nunca era vacío. Siempre parecía una invitación a seguir hablando o una advertencia de que podía esperar allí toda la noche hasta que uno dijera la verdad completa.

—Nos peleamos —admití al fin—. Yo estaba borracho, él también había bebido. Dije cosas que llevaba tiempo guardándome. Él respondió. Yo avancé, luego retrocedí. Perdí el equilibrio. Fin de la historia.

Trébol se enderezó despacio y se sentó frente a mí, en la mesa baja de centro, lo bastante cerca para que nuestras rodillas casi se tocaran.

—Eso no es el fin de la historia.

—Es la versión corta.

—No quiero la corta.

Lo miré.

Había algo peligrosamente suave en su voz. No lástima. No compasión fácil. Más bien firmeza. La clase de firmeza que te obliga a escoger entre seguir mintiendo o rendirte un poco. Me dije a mi mismo, si me abrió la puerta de su casa y me invitó a pasar ¿puedo hacer lo mismo con mi corazón?

Yo estaba cansado y solo quería ser consolado, que alguien como él me arrullara.

Más cansado de lo que había querido admitirle a nadie.

—Estoy harto de mi familia —dije de pronto, antes de pensarlo demasiado—. ¿Eso cuenta como versión intermedia?

Trébol no sonrió.

—Sigue.

Bajé la vista a mi mano buena.

—Estoy cansado de que Dimitri siempre sea el referente. El hijo perfecto. El alfa perfecto. El heredero perfecto. Estoy cansado de que todo lo que hago tenga valor hasta que él entra en la habitación. Cansado de que mi padre siga comparándonos incluso cuando ya somos adultos. Cansado de que Deivid actúe como si yo tuviera que soportarlo todo solo porque él es “el pequeño”. Cansado de ser funcional, útil, competente y aun así sentir que nunca es suficiente en esa maldita casa.

Mi voz salió más baja al final.

Más honesta.

Más rota de lo que me habría gustado.

Trébol me escuchó sin interrumpir.

Así que seguí.

—Y lo peor es que no puedo ni odiarlos bien. Porque también los quiero. A mi manera, supongo. Dimitri me ha sacado de muchos problemas. Deivid, cuando no está siendo un demonio con skincare, puede ser increíblemente cariñoso. Mi madre me adora en su versión controladora del amor. Mi padre… —solté una risa seca—. Bueno, mi padre al menos recuerda mi nombre la mayoría del tiempo.

Trébol dejó caer los codos sobre las rodillas.

—Eso no fue una broma.

—No. Pero si no lo digo riéndome, me dan ganas de romper algo.

—¿Te comparaban mucho?

Levanté la vista hacia él.

No sabía por qué esa pregunta, dicha tan simple, me apretó algo dentro del pecho.

—Desde siempre —respondí—. Dimitri era el primero en todo. El más estable. El más fuerte. El más diplomático. El más parecido a mi padre. Yo era el segundo, el que también servía pero con menos brillo. Y Deivid… —negué con la cabeza—. Deivid era el omega de la casa. Se robó el show desde que nació. El consentido. El especial. El que había que proteger, malcriar, justificar.

—¿Y tú qué eras luego?

La pregunta me dejó callado.

Miré el yeso. La sala. El reflejo de la luz en el ventanal. Cualquier cosa menos sus ojos.

—El que resolvía, el ejemplar —dije al final—. El que no debía dar demasiado problema porque ya había suficiente atención repartida. El que podía arreglárselas solo. El que sacaba buenas notas, hablaba varios idiomas, ganaba becas, hacía maestrías, cerraba casos, se comprometía con la omega correcta y sonreía en las fotos familiares. El que funcionaba.

Trébol no apartó la mirada de mí.

—Y estás cansado de funcionar.

No fue una pregunta.

Sentí un nudo estúpido en la garganta.

—Sí. Desearía ser invisible.

La palabra salió tan baja que casi me dio vergüenza.

No lloré. No iba a llorar. Pero por primera vez en semanas sentí el cuerpo ceder un poco, como si el simple hecho de decirlo en voz alta le quitara peso a algo que llevaba demasiado tiempo encima.

— Ummm...

— Bueno... Ya me viste, ya me voy. Necesito comprar analgésicos.

La vergüenza me invadió.

— ¿Puedes esperar un momento?

Trébol se levantó sin decir nada más y fue a la cocina. Regresó con un vaso de agua y una caja de analgésicos.

—Toma esto —dijo, dejándolo frente a mí—. Y luego me enseñas qué te recetaron, porque si estás automedicándote como un idiota voy a enfadarme.

—Qué romántico.

—No coquetees. Estás emocionalmente vulnerable y físicamente estúpido.

Lo miré con una media sonrisa cansada.

—Esa es, sin duda, la descripción más sexy que me han hecho.

—Me alegra mantener el nivel.

Tomé el vaso con la mano izquierda y bebí un poco. El me ayudó a abrir la caja y puso una pastilla en la boca.

Trébol se quedó de pie frente a mí, con los brazos cruzados, observándome con esa mezcla suya de dureza y paciencia.

—¿Te duele mucho? —preguntó al fin, señalando el brazo.

—Menos que el orgullo.

—Eso no responde nada.

—Sí. Duele.

—¿Dormiste bien estos días?

Solté una risa breve.

—¿Eso es una evaluación médica o un interrogatorio doméstico?

—Ambas.

—Duermo mal.

—¿Comes bien?

—A veces.

—Dante.

—Sí, sí, ya sé. Eso también te ofende profesionalmente.

Trébol se pasó una mano por el cabello y exhaló despacio.

—No me ofende. Me preocupas.

La frase cayó entre nosotros con una suavidad tan brutal que me dejó inmóvil.

Lo miré.

Él también pareció darse cuenta de lo que acababa de decir, porque su expresión cambió apenas, como si hubiera soltado más de la cuenta.

Pero no lo retiró.

No lo corrigió.

Y yo, que ya estaba bastante cerca del borde, sentí que esa simple frase me golpeaba mucho más fuerte que cualquier cosa que hubiera oído en la última semana.

—No tienes por qué preocuparte por mí —murmuré.

Trébol me sostuvo la mirada.

—Ya lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo haces?

Se hizo un silencio corto.

Luego se sentó otra vez frente a mí, más cerca esta vez, con los antebrazos apoyados sobre las piernas.

—Porque, aunque seas insufrible, terco y tengas una tendencia alarmante a disfrazar el agotamiento de sarcasmo, sigues importándome un poco más de lo que sería cómodo. Y me di cuenta en estos días que no estabas.

Mi corazón hizo una cosa violenta, estúpida y completamente indigna de un abogado adulto.

—¿Un poco más de lo cómodo? —repetí.

—No te emociones —dijo enseguida—. Sigues teniendo el cuerpo débil y ahora estás atrasado en tu entrenamiento.

Me reí.

Y esta vez la risa salió limpia. Cansada, sí, pero real.

Trébol bajó la vista al yeso otra vez.

—No vas a entrenar hasta que el traumatólogo te autorice. Pero no vas a desaparecer. Puedes venir igual, hacer movilidad de piernas, trabajo suave si te dejan, o simplemente sentarte a fastidiarme desde una esquina del gym mientras entreno a otros. Lo que no vas a hacer es encerrarte en tu casa a pudrirte.

—Vaya oferta.

—No te estoy preguntando.

—Eso ya lo noté.

—Bien.

Lo miré un momento, apoyado en el respaldo del sofá, con el vaso en la mano buena y el dolor todavía latiendo debajo del yeso, pero bastante más llevadero que cuando había llegado.

—Trébol.

—¿Qué?

—Gracias.

Él se encogió de hombros, como si no acabara de sostenerme la cabeza fuera del agua con dos frases y una caja de analgésicos.

—No me agradezcas todavía. Si vuelves a pelear borracho en una escalera, te voy a insultar en tres idiomas.

—Yo hablo cinco. Puedo seguirte el ritmo.

—Perfecto. Así practicas.

Sonreí.

Trébol se levantó y tomó mi teléfono de la mesa lateral donde lo había dejado.

—Dame el contacto de tu fisioterapeuta cuando te lo asignen.

—¿Vas a supervisar mi recuperación?

—Voy a asegurarme de que no hagas estupideces.

—Eso suena peligrosamente parecido a cuidar de mí.

—No confundas vigilancia con ternura.

—Nunca.

Me tendió el móvil.

Nuestros dedos se rozaron apenas al tomarlo y el gesto fue tan breve que cualquiera diría que no significaba nada.

Para mí significó demasiado.

Porque no fue el roce.

Fue la forma en que se quedó allí un segundo más de lo necesario, mirándome como si estuviera evaluando algo que todavía no quería decir.

No tuve ganas de romper el momento con un chiste.

Solo quise quedarme.

Respirar un poco más en esa casa. Escuchar su voz. Aceptar, aunque fuera por una noche, que no tenía que resolver nada. Que podía estar roto, cansado, furioso, confundido y aun así sentarme en el sofá de un omega que olía a manzanas verdes y me miraba como si todavía valiera la pena arreglarme.

Tal vez ese fue el instante exacto en que entendí que ya no estaba jugando.

No era un capricho. No era deseo pasajero. No era el reto de conquistar a alguien difícil.

Era peor.

Mucho peor.

Porque, con un brazo fracturado, el ego hecho polvo y la cabeza llena de problemas, lo único que me dio un poco de paz aquellas semanas fue estar en la casa de Trébol Armstrong fingiendo que iba a revisar mi yeso cuando en realidad lo que necesitaba era que me viera.

Y lo hizo.

Maldición, sí que lo hizo.

1
Mckasse Escritora
🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Shu! Shu! alejate, tengo un 🔪 y no temer en usarlo Dimitri! * saco el 🔪*
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Ah no, deja a la parejita quita!!
Dalia Lara
q trebol se ponga celoso🤣🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]: Siii, sería epico!!
total 1 replies
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Jajajajaja
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
¡¡¡ME-EN-CAN-TA!!!
(⁠~⁠ ̄⁠³⁠ ̄⁠)~
(⁠人⁠*⁠´⁠∀⁠`⁠)⁠。⁠*゚⁠+
(⁠。⁠♡⁠‿⁠♡⁠。⁠)
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por éstos hermosos capitulos autora!! 🖤🤭
Patricia Polo
bueno Trébol a luchar contra la ex y el hermano envidioso de Dante 🤣😂🤭
Teresa Perez
autora hermosa felicidades cuando vas a seguir haciendo capitulo xfa gracias
Mckasse Escritora: prepara café para las dos casi los voy subiendo. díganme de dónde me leen.🥰
total 1 replies
Patricia Polo
excelente que emoción tanto que la he esperado 👏👏👏🥰🥰🤭☺️ gracias escritora eres la mejor
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