Luciana Moretti fue en su vida anterior una joven del siglo XXI: introvertida al principio, pero con un sentido del humor desbordante, una lengua afilada sin filtros y una fuerza interior que pocos imaginaban. Estaba estudiando historia de las civilizaciones antiguas, viviendo una vida tranquila pero llena de curiosidad, hasta que un accidente con un libro antiguo y un cristal en una biblioteca la llevó a morir… y despertar en el cuerpo de la tercera hija de la familia Moretti, una de las familias más ricas, influyentes y poderosas de Aethelgard.
Aquí, es conocida como la “don nadie”: sin grandes dones, ignorada por todos, considerada extraña y poco agraciada por sus padres y hermanas mayores. Sus padres, el señor y la señora Moretti, son inmensamente ricos, pero también vanidosos, ambiciosos y bastante ingenuos, obsesionados con mantener su estatus y aliarse con la realeza. Sus hermanas, Sofía y Valeria, son hermosas, elegantes… e hipócritas hasta el extremo: dulces en público.
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De "don nadie" a dueña del mundo (y mi familia no se lo cree) I
Se giró hacia mí de nuevo, y en un segundo, todo ese poder, esa furia y esa dureza se desvanecieron por completo, dejando solo al hombre enamorado, dulce, tierno y devoto que yo conocía. Me miró con esos ojos brillantes, se inclinó y me dio un beso en la mano como si yo fuera una verdadera reina, aunque lo hacía con esa pasión que siempre tenía.
—¿Estás bien, mi vida? ¿Te han asustado? ¿Te han hecho daño en algún momento? Dímelo y haré que lo sientan eternamente.
Yo negué con la cabeza, sonriendo como una tonta de felicidad, y lo abracé del brazo fuerte, disfrutando de su calor, de su presencia, de que por fin podía tocarlo, sentirlo, estar a su lado sin barreras de cristal de por medio.
—Estoy perfecta, Samuel. De verdad. Y ahora… ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos aquí? ¿O hacemos que se arrepientan de todo lo que me hicieron pasar? —le pregunté con mi típica mala intención divertida.
Samuel soltó esa risa suya, profunda y hermosa, que hacía que todo a su alrededor brillara un poquito más. —Nos quedamos aquí, mi reina. Esta es tu casa. Y ahora también es mi casa. Y créeme… que solo con que yo esté aquí, ellos ya están pagando cada lágrima, cada mal momento y cada insulto que te dieron. Verás qué divertido es de ahora en adelante. Verás cómo corren a hacerme caso en todo, cómo te tratan como si fueras la realeza más alta, cómo te piden perdón por todo… ¡Va a ser el mejor espectáculo que hemos tenido nunca!
Miré hacia mis padres, que nos miraban con una mezcla de miedo, respeto y una confusión absoluta. Miré a mis hermanas, que intentaban arreglarse el pelo en silencio sin que nos diéramos cuenta, con cara de haber visto el infierno y el cielo al mismo tiempo. Y miré a Marco y Lorenzo, que seguían de pie, sonriendo de oreja a oreja, dándome un pulgar hacia arriba lleno de orgullo.
Sí. Esto iba a ser genial.
Salimos de la sala secreta juntos, caminando despacio, él a mi lado, alto, imponente, brillante, y yo a su lado, tranquila, divertida, sabiendo que ahora nada ni nadie podía tocarme. Samuel no se separaba de mí ni un segundo, iba agarrado de mi mano con fuerza, como si tuviera miedo de que me desapareciera si me soltaba, y miraba a todo el que se cruzaba en nuestro camino con una advertencia silenciosa que decía claramente: "Es mía. Y yo soy de ella. No os acerquéis más de lo necesario".
Al salir al pasillo principal, los sirvientes que pasaban se quedaron parados con la boca abierta, dejaron caer las bandejas o las escobas y se arrodillaron instintivamente al verlo. Y Samuel, con una elegancia increíble, les dijo con voz clara:
—A partir de hoy, la señorita Luciana Moretti no es una más. Es la dueña absoluta de todo lo que hay aquí. Todo lo que ella diga, se hará. Todo lo que ella quiera, se le dará. Si ella pide agua, traedle el manantial entero. Si ella quiere descansar, que nadie haga ruido ni siquiera al respirar. Y si alguien le hace la vida difícil… bueno, ya sabéis de lo que soy capaz.
Yo le di un codazo suave en el costado, riéndome por lo bajo. —¡Samuel, por favor! ¡Los pobres sirvientes no tienen la culpa! Ya es suficiente con mis padres y mis hermanas.
Él se inclinó hacia mí, susurrándome al oído con esa voz que me ponía la piel de gallina: —Déjame hacer, mi amor. Me encanta ver cómo tiemblan todos solo por saber que te pertenezco. Me encanta que sepan que tú eres la que manda aquí. Me encanta que sepan que la "don nadie" es la dueña de mi alma, de mi vida y de mi poder. Y te aseguro que esto no ha hecho más que empezar.
Llegamos al gran salón principal, y allí estaban mis padres, que habían corrido delante para llegar antes y, literalmente, se pusieron de pie en fila, esperándonos, rectos y serios como nunca en su vida. Mi madre, que antes ni siquiera me miraba si no era para criticarme, ahora se acercó despacito, con una sonrisa que parecía pintada y muy forzada, y dijo con una dulzura exagerada que me dio hasta risa:
—Luciana… hija mía… perdónanos por todo. De verdad, no sabíamos lo especial que eras. No sabíamos que… que tenías un corazón tan grande, ni que… ni que tenías este gran honor. Todo lo que tenemos es tuyo. Lo que quieras, lo que necesites… solo tienes que pedirlo. Somos tu familia. Y estamos tan orgullosos… tan orgullosos…
Samuel soltó un resoplido desdeñoso a mi lado, y yo tuve que hacer un esfuerzo inmenso para no echarme a reír en sus propias caras. ¡Qué cambio tan rápido! Antes era la vergüenza de la familia, y ahora era la dueña de todo.
Los miré a todos, a mis padres, a mis hermanas que asentían como tontas con cara de corderitos, y luego miré a Samuel, que me devolvió la mirada con orgullo infinito y esa locura hermosa en los ojos.
—Está bien —dije yo, con calma, disfrutando cada segundo—. Os acepto la disculpa. Pero recordadlo bien: las cosas han cambiado. Y van a cambiar mucho más. Ahora somos nosotros los que marcamos las reglas. Y si alguien se equivoca… pues tendrá que vérselas conmigo. Y con él. Y os aseguro que no queréis eso.
Samuel me apretó la mano con fuerza, radiante de felicidad. —Así me gusta. Mi reina con autoridad. Y ahora… ¿me enseñarás mi nuevo hogar? ¿Me enseñarás dónde vas a dormir, dónde vas a estar, dónde puedo cuidarte cada segundo? Porque te aviso, mi vida… que ahora que soy libre, no pienso separarme de ti ni siquiera para ir al cielo o al infierno. Vamos a estar juntos todo el tiempo del mundo. Y va a ser maravilloso.
después de siglos de estar encerrado a que olera su boca... caray
estás en el pasado que ya es historia, con cosas históricas más viejas. que regalo del destino .
está Lucia como niña en dulcería
que sucedió?
murió a través del tiempo?
Gracias /Smile//Smile/