Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Cercania
Los dos días que siguieron transcurrieron como un pequeño mundo aparte.
Un mundo robado al destino.
Un refugio suspendido entre lo que había sido y lo que todavía estaba por llegar.
Aaron se encargó de todo con una naturalidad desconcertante.
Habló con el cochero.. le pagó generosamente por su silencio..
Organizó el alojamiento.
Encontró una pequeña cabaña cercana a la ruta principal, lo suficientemente apartada para ofrecer tranquilidad y lo bastante cómoda para resguardarlos del frío del invierno.
Grace todavía no podía creerlo.
—Esto sigue siendo una locura —murmuró mientras observaba el humo que salía de la chimenea.
Aaron dejó las bolsas junto a la puerta.
—Sí.
—¿Y eso no te preocupa?
—Muchísimo.
Ella sonrió.
—Entonces, ¿por qué lo haces?
Aaron la miró durante unos segundos antes de responder.
—Porque no quiero arrepentirme de no haberlo intentado.
La sinceridad de aquellas palabras hizo que Grace guardara silencio.
Durante mucho tiempo había aceptado las decisiones tomadas por otros.
La promesa del templo.
El sacrificio.
La resignación.
Pero aquellos dos días eran diferentes.
No habían sido elegidos por sus padres.
Ni por el templo.
Ni por el destino.
Los había elegido ella.
Y quizás por eso resultaban tan importantes.
La pequeña cabaña pronto se llenó de una rutina sencilla y cálida.
Compartieron desayunos tranquilos junto al fuego.
Conversaciones que se prolongaban durante horas.
Paseos cortos por los alrededores cubiertos por el invierno.
Bromas absurdas que terminaban haciéndolos reír hasta que les dolía el estómago.
Grace descubrió que Aaron era incapaz de permanecer serio demasiado tiempo.
Y Aaron descubrió que, detrás de la apariencia tranquila y obediente de Grace, existía una mujer con un humor inesperadamente travieso y una paciencia extraordinaria.
—¿Sabes cuál es tu problema? —preguntó ella una tarde.
—Tengo muchos. Necesitarás ser específica.
—Estás demasiado seguro de ti mismo.
—Eso es una virtud.
—No lo es.
—Lo es cuando funciona.
Grace soltó una carcajada.
Y Aaron sonrió satisfecho por haber conseguido hacerla reír una vez más.
En otros momentos simplemente permanecían juntos.
Escuchando el crepitar del fuego.
Observando el atardecer caer al otro lado de las ventanas.
Disfrutando del silencio compartido.
La cercanía entre ellos creció poco a poco.
No a través de grandes declaraciones.
Sino mediante pequeñas cosas.
El modo en que Aaron acomodaba otra manta sobre sus hombros cuando ella tenía frío.
La forma en que Grace lo reprendía cuando olvidaba que aún estaba recuperándose de la lesión en la pierna.
Las conversaciones sobre la infancia.
Los sueños que nunca habían confesado a nadie.
Los miedos que escondían detrás de sus sonrisas.
Una noche, mientras contemplaban las llamas de la chimenea, Aaron habló en voz baja.
—¿Tienes miedo?
Grace tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—¿Del templo?
Ella asintió.
—Y de muchas otras cosas.
Guardó silencio antes de continuar.
—Pero también estoy agradecida.
Aaron la observó.
—¿Agradecida?
—Ya tuve una vida antes.
No explicó más.
No podía hacerlo.
Pero aun así sonrió.
—Y esta segunda vida me ha dado cosas que nunca imaginé.
Pensó en sus padres.
En los gemelos.
En la magia.
En la nieve.
Y finalmente en él.
—Así que creo que puedo aceptar lo que venga.
Aaron bajó la mirada.
Luego tomó suavemente una de sus manos.
—Yo todavía quiero convencerte.
Grace soltó una pequeña risa.
—Lo sé.
—Y seguiré intentándolo.
—Lo sé.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
Y por primera vez no respondió que era imposible.
Aquellos dos días estuvieron llenos de cariño.
De risas.
De abrazos largos después de conversaciones difíciles.
De besos robados entre bromas y confesiones.
De miradas que decían mucho más de lo que ambos eran capaces de expresar con palabras.
Y mientras el tiempo avanzaba inevitablemente, Grace comenzó a comprender algo que la asustaba un poco.
Lo que había sentido al principio como una aventura fugaz se había transformado lentamente en algo más profundo.
Porque ya no esperaba únicamente sus sonrisas.
Esperaba su presencia.
Ya no disfrutaba solo de sus bromas.
Disfrutaba de conocer quién era realmente.
Y cuando lo observaba distraído, riéndose solo de alguna tontería o mirándola como si todavía no entendiera cómo había llegado a importarle tanto, sentía una calidez dolorosa en el pecho.
La noche anterior a su partida hacia la capital, Grace permaneció despierta observando el resplandor de la chimenea.
Aaron dormía tranquilamente a su lado.
Su expresión estaba desprovista de la habitual seguridad encantadora.
Parecía simplemente un joven cansado.
Humano.
Vulnerable.
Grace sonrió suavemente.
Y comprendió que lo más peligroso de aquellos dos días no habían sido las travesuras.
Ni la locura de retrasar su entrada al templo.
Ni el desafío silencioso al destino que otros habían elegido para ella.
Lo más peligroso había sido descubrir que, después de haberse conformado con sacrificar aquella segunda vida por el bien de todos, había vuelto a encontrar una razón para desear vivirla plenamente.
Mala actitud la de los padres