trata de dos estudiantes y uno de ellos llamado Lukas está enamorado de Joshua pero este no siente lo mismo por Lukas
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No sabía cómo tratarte
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la biblioteca.
Era tarde.
La mayoría de estudiantes ya se había ido y el lugar estaba casi vacío.
Tú y Joshua estaban sentados en la misma mesa de siempre.
Estudiando.
O al menos intentándolo.
Porque desde hacía casi diez minutos, Joshua no había pasado una sola página de su libro.
Y tú lo notaste.
—¿No entiendes el tema? —preguntaste bajito.
Joshua soltó una pequeña risa por la nariz.
—Ojalá fuera eso.
Levantaste la mirada lentamente.
Había algo raro en él hoy.
Más callado de lo normal.
Más… perdido.
—Entonces ¿qué pasa?
Joshua giró el bolígrafo entre los dedos.
Dudando.
Mucho.
Y luego habló sin mirarte directamente.
—¿Alguna vez te preguntaste por qué era tan idiota contigo?
Tu corazón dio un pequeño salto.
No esperabas eso.
El silencio entre ustedes se volvió más pesado.
—…Sí —admitiste suavemente.
Joshua asintió apenas.
Como si hubiera esperado esa respuesta.
Pasaron unos segundos antes de que volviera a hablar.
—Al principio pensé que solo eras molesto.
Eso dolió un poco.
Pero seguiste escuchando.
—Siempre estabas ahí. —Siempre sonriendo. —Siempre diciéndome que me amabas como si nada te diera vergüenza.
Joshua soltó una risa pequeña.
Cansada.
—Y yo no entendía cómo alguien podía ser así de sincero.
Lo miraste en silencio.
Porque esa confesión ya sonaba diferente.
Joshua apoyó los codos sobre la mesa y se pasó una mano por el rostro.
—Toda mi vida la gente solo se acercaba a mí por interés o por apariencia.
Su voz bajó un poco.
—Así que cuando apareciste tú… pensé que estabas jugando conmigo también.
Tus ojos se suavizaron lentamente.
Joshua seguía evitando mirarte.
Como si le costara demasiado decir todo eso.
—Pero tú seguías regresando.
Pausa.
—Sin pedir nada.
El pecho te dolió un poquito.
Porque él sonaba genuinamente confundido por eso incluso ahora.
Joshua tragó saliva.
—Y mientras más amable eras… —Más me desesperaba.
Parpadeaste.
—¿Por qué?
Él soltó aire lentamente.
Y entonces finalmente levantó la mirada hacia ti.
—Porque me hacías sentir mal conmigo mismo.
Eso te dejó quieto.
Joshua habló más bajo ahora.
Más vulnerable.
—Tú eras bueno conmigo incluso cuando yo no lo merecía.
Sus dedos se tensaron alrededor del bolígrafo.
—Y en vez de admitir que me gustaba estar contigo…
Desvió la mirada otra vez.
—Solo te alejaba peor.
Tu respiración se volvió lenta.
Porque esa era probablemente la cosa más honesta que Joshua te había dicho jamás.
…
El sonido de la lluvia llenó el silencio unos segundos.
Hasta que preguntaste algo con mucho cuidado.
—Entonces… ¿me odiabas o no?
Joshua se quedó completamente quieto.
Y luego soltó una risa pequeña.
Sin humor.
—Creo que nunca te odié de verdad.
Tu corazón se aceleró.
Él te miró otra vez.
Y esta vez no apartó los ojos.
—Solo no sabía qué hacer contigo.
El pecho te dolió muchísimo con eso.
Porque después de tantos meses…
Después de tantas lágrimas…
Joshua finalmente estaba diciendo algo que habías querido escuchar durante tanto tiempo.
No era odio.
Nunca lo fue realmente.
Era miedo. Confusión. Y una pésima manera de manejarlo.
…
—No estoy diciendo esto para justificarme —añadió rápidamente—. Lo que hice estuvo mal.
Tú bajaste la mirada un momento.
Y luego preguntaste bajito:
—¿Y ahora?
Joshua se quedó callado.
La pregunta parecía haberlo tomado desprevenido.
—Ahora… —repitió lentamente.
Sus ojos volvieron a encontrarse con los tuyos.
Y por primera vez en mucho tiempo…
No parecía esconder nada.
—Ahora me importas demasiado.
El silencio entre ustedes se volvió completamente distinto.
Más cálido. Más frágil.
Tus mejillas se calentaron apenas.
Joshua lo notó.
Y algo suave apareció en su expresión.
No arrogancia. No burla.
Cariño.
Todavía torpe. Todavía inseguro.
Pero real.
Y honestamente…
Eso daba mucho más miedo que cuando decía odiarte.
Porque ahora…
Tú también empezabas a creerle.