Keile es el hijo de un estricto general toda su vida fue criado entre régimen reglas y perfección su ojos verdes siempre alerta siempre fríos y distante no omite errores si piel blanca y su cabello dorado no van encanja dentro de los estándares de soldado para el que fue creado a sus 24 años no conoce el amor lo concidera un distracción de lo que realmente importa sengu el.
Su nemesis Brayan hijo del más temido mafioso fue criado de forma muy distinta sin reglas sin estándares
Lejos de la perfección extrema y rodeado no solo de lujos también de amor de pies impecable ojos grises y complexión musculosa a sus 25 años es listo escurridizo estratégico su mente es analítica cuando debe
ambos comienza una rivalidad desde el jardín de infancia cuando Brayan derramó sin queres sobre la mochila de Keile un juego de uva desde entonces Keile lo a visto como un ejecutivo pero mientras el va enserio en querer hundirlo Brayan se divierte viendolo intentar y fracasar tomado todo como un juego
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la arquitectura del control
Keile
"Su hermana".
Esa sola frase desmanteló mi armadura más rápido que cualquier ataque físico. El ridículo me escocía en la nuca; me había comportado como un recluta territorial, dejando que mis instintos de Alfa nublaran mi juicio profesional por una simple malinterpretación. Lo peor es que él lo sabía. Podía oler mi frustración en cada ráfaga de mi aroma a menta y metal, ahora amargo por la vergüenza.
Le gustaba jugar conmigo,me gustaba descotrolorme lo sabía siempre fue así desde aquel día en que derramo aque jugo de uva sobre mi mochila Brayan no tomaba nada en serio eso me hacía sentir frustrado y lo odiaba
Cuando entramos en su departamento, me preparé para el caos. Esperaba que la guarida de un rebelde como él fuera un reflejo de su desorden. Pero, al abrirse la puerta, mi lógica volvió a tambalearse.
El lugar era un santuario de minimalismo. Paredes de un blanco inmaculado, muebles de cuero negro con líneas de una precisión quirúrgica y un suelo de mármol pulido que brillaba bajo la luz tenue. Era sofisticado, elegante y absurdamente ordenado. Era... el tipo de control que yo mismo apreciaba, pero llevado a un nivel de libertad que yo no poseía.
—¿Por qué me has traído aquí? —pregunté, mi voz resonando en el salón vacío. Mis botas de gala, impecables, se sentían pesadas sobre su suelo de mármol.
—Porque aquí no eres un guardia, Keile. Aquí solo eres tú —respondió él, caminando hacia el ventanal con una seguridad que me irritaba y me fascinaba a partes iguales.
Me quedé estático en el centro del salón. Mi instinto de Alfa estaba en alerta máxima. Según mis manuales, estar en el territorio de otro Alfa debería hacerme sentir amenazado, debería estar buscando la forma de imponer mi dominancia. Pero con Brayan era diferente. Su aroma a lluvia y bosque inundaba el espacio cerrado, y en lugar de activar mi agresividad, estaba silenciando mi ruido interno.
Él se acercó. No lo hizo con la postura de combate de un soldado, sino con la fluidez de alguien que sabe que no necesita esforzarse para mandar.
—Tengo curiosidad por ver qué queda de ti cuando no tienes un uniforme que te sostenga —susurró, invadiendo mi espacio personal.
Lo miré fijamente, tratando de encontrar el "error" en su sistema. Si él era un Alfa como yo, ¿por qué su presencia no me hacía querer pelear? ¿Por qué mi propio aroma, ese metal frío y menta, parecía rendirse ante su frescor de bosque en lugar de chocar contra él?
—Soy el mismo con o sin uniforme, Brayan —mentí, aunque sentía que mi control se desvanecía.
Estábamos cara a cara. En ese silencio de mármol y cristal, me di cuenta de que mi investigación no era solo por seguridad. Necesitaba entender por qué este "Alfa" lograba que el orden que yo tanto protegía se sintiera como una jaula, y por qué, en su casa, el aire se sentía mucho más fácil de respirar
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Estoy muy agradecido con esta obra, la disfruté demasiado, muchas gracias.