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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Futuro Heredero

La habitación se ahogó en el silencio puro y se mantuvo de ese modo hasta las pasadas horas de la noche.

Para Julie, esa era la primera vez que visitaba los aposentos de Oriel. Le resultó difícil tratar de acostumbrarse al sitio cuando muy apenas ya había empezado a aceptar dormir en su propio cuchitril elegante. Ahora, ella se encontraba en una enorme habitación, encima de una cama que parecía estar hecha de plumas, pero con una estética tan aburrida como la de los deberes del hombre: libros por doquier, cortinas oscuras y un escritorio tan grande como el del despacho principal.

La cuestión en ese momento era el hecho de que todos, o la gran mayoría de los sirvientes, esperaban ansiosos al otro lado de la puerta, esperando por alguna actualización. Cada dos minutos, una nueva voz preguntaba por la salud de la noble prometida; sin embargo, todos ellos terminaban marchándose sin una respuesta.

—¿Te encuentras bien?

La pregunta del sujeto atrajo toda la atención de la que yacía desparramada sobre la cama. Todo su alrededor continuaba moviéndose, así que cerró los ojos y evitó buscar al otro, alzando su pulgar alto y bajándolo tan pronto el estómago se le revolvió de nuevo.

—Aún tengo un poco de náuseas —murmuró Julie, respirando hondo—. Pero ahora mismo, también me gustaría dormir como el resto de la eternidad —continuó, acomodándose entre las almohadas.

En un estado lejano de sí misma, Julie se arrastró con todas las fuerzas que tuvo hasta acurrucarse en las almohadas pachoncitas del otro. Abrazó una de estas y olisqueó con gusto, riéndose mientras flotaba la nariz en la tela perfumada de Oriel. En su vida pasada, odiaba las fragancias masculinas, le causaban asco y no lo soportaba; sin embargo, ahora no podía dejar de inhalar y hundirse en el almizcle floral maderado, uno que no era meramente fuerte, pero tampoco tan débil. Se sentía segura y anestesiada.

—Necesitas largarte a tu habitación.

—¿Así es como tratarás a la madre de tu hijo?

Los ojos de Odette brillaron con la intensidad de las antorchas. La pureza del color violeta vislumbró como un rastro de la luna creciente allá afuera. Elis no respondió y, en su lugar, solo pudo quedarse pasmado, con los dientes trabados al querer decir una simple oración.

—¿¡Estás loca!? —gritó espantado.

Julie soltó una risotada, acurrucándose de vuelta en las almohadas. Escuchó el gruñido del otro y un escalofrío le recorrió de punta a punta cuando sintió que el colchón se hundió desde su costado derecho. Aun así, fingió no importarle.

—Esto no es gracioso en lo absoluto, Julie —susurró, pellizcando su brazo—. Este embarazo… no puede ser.

Julie suspiró, sentándose sobre su lugar para que el otro dejara de sujetarla con fuerza. Un mareo, acompañado de un dolor de cabeza, le acompañó al instante, alarmando de paso a los ojos esmeralda que estaban a su lado.

—Entonces no hay otra opción más que el aborto —declaró con la limpieza de una despreocupación—. Vine en contra de mi voluntad y bastante tengo con el hecho de que tendré que casarme contigo… tener un mocoso solo me llevará a arrojarme de la torre más alta de este lugar.

El cansancio se distinguió en su rostro opaco. La azabache respiró hondo, tratando de recuperar la cordura. Se giró a duras penas y se levantó de la cama, bajando a tropezones cuando el ambiente continuó moviéndose en su vista propia. Elis intentó tomarla del brazo; sin embargo, Julie se apartó con una velocidad que les quemó en el pecho y que se notó en sus cejas arrugadas.

—No seas patética, Julie.

—¿Que no sea patética? Yo soy la que está bajo amenaza de muerte, de mi vida depende la paz de este reino, estoy amarrada a ti por ese matrimonio forzado y ahora… ahora tengo que aguantarme el horror de engendrar un mocoso —jadeó—. Eres un imbécil, mi amor.

Julie llamó despectivamente. Recogió la tela de la falda que se arrastraba; sin embargo, Elis supo reaccionar pronto, cuando los pasos de la azabache tropezaron. El mareo del movimiento repentino la confundió y solo fue capaz de ver cómo el suelo se hacía cada vez más cercano a su rostro.

No obstante, el esperado impacto nunca llegó.

El calor de la respiración del rubio le golpeó el cuello. Julie abrió los ojos, aferrándose a los hombros del otro. Sintió la fuerza del agarre en su cintura, provocando que el interior de ese cuerpo se volviera loco. Pero aunque se esforzó como nunca, la verdad es que parecía haber sido víctima de un hechizo que le impidió empujarlo lejos, de una patada.

—¡Milady!

—¡Desgraciado, infeliz!

Ambos gritos fueron acompañados del alboroto de una puerta que había sido destrozada. Oriel se apartó apenas un poco de la azabache, pero sin dejarla a su suerte en el piso. Frente a ellos, Julie pudo notar la furia de su padre, que llevaba la espada en la mano, y el terror de Ruby, que estaba justo detrás de él.

—¡Tú, maldito! ¡Aleja tus asquerosas manos de mi apreciada joya!

—¿Pero qué está sucediendo aquí?

La cuarta voz apareció a manos de la emperatriz. Todos los chismosos bajaron las cabezas ante la imponencia de su llegada, pero la mujer se detuvo cuando miró al viejo comandante con la espada bien firme, amenazando a su hijo.

—¡Comandante Montgomery! ¿Qué cree que está haciendo?

—¿Qué hago? ¡Su hijo ha robado la pureza de mi hija! ¡¡Merece la muerte!!

Ruby corrió hacia la pareja, tomando a Odette cuando Oriel se lo pidió con la mirada. Las palabras se volvieron un pitido ruidoso en los oídos de la compareciente; sin embargo, aún no tenía la fortaleza de levantarse y hablar por sí misma.

—Milady, ¿me escucha?

Julie le miró a los ojos, sonriendo. Asintió con suavidad y se apoyó en la pelirroja para levantarse. El alboroto continuó tomando lugar en el centro de la habitación, sin pudor alguno por el espectáculo que seguían regalando.

—Milady, Lili le traerá un remedio para los malestares —avisó, abrazándole la cintura.

La azabache asintió y la pelirroja la llevó hasta la cama. Escuchó a Elis tratando de mantener la calma y sonrió cuando escuchó la cachetada a sus espaldas, seguido por el jadeo colectivo que dejó finalmente al ambiente en silencio.

—¡Milady! Tengo el remedio; bébalo, por favor.

El anuncio de Lili atrajo de nuevo la atención. La pelea de los Langford y el Montgomery se detuvo. La rubia caminó con el tazón en manos y se hincó frente a la azabache, ofreciendo el plato como un creyente a su dios.

Julie agradeció con las manos recibiendo el traste. Acercó el mismo a su rostro, y pronto los aromas se intensificaron sin pena ni gloria. Tragó saliva con las náuseas bailando en su garganta, luego miró hacia arriba, encontrándose con la mirada de Oriel.

—¿Milady?

—Perdón.

Regresó el plato a la mujer y se cubrió la boca, corriendo hacia el baño de la habitación. El esfuerzo de la expulsión la mantuvo mareada; sin embargo, antes de que pudiera perderse a sí misma, una mano le sujetó el cabello y le palmeó la espalda con suavidad. Julie se tensó cuando se dio cuenta de quién era, pero no lo admitió y simplemente acurrucó la espalda en el pecho musculoso detrás de ella.

—Te juro que no sé de qué se trata todo esto, Elis.

—Solo cállate y tranquilízate, tu padre nos espera —musitó con más calma, abrazándole por los hombros.

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