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La Cura No Es El Olvido.

La Cura No Es El Olvido.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:964
Nilai: 5
nombre de autor: Jakelyn Arevalo

En el corazón de un pueblo olvidado donde la guerra es el único idioma que se habla, Isaí, una joven doctora de 23 años, lucha cada día por arrebatarle vidas a la muerte. Su mundo de batas blancas y juramentos éticos se tambalea cuando conoce a Antonio, un guerrillero marcado por la pólvora cuya sola presencia es una sentencia de peligro.
Lo que comienza como una cura clandestina se transforma en un romance prohibido que desafía toda lógica. Sin embargo, en un lugar donde la lealtad se paga con sangre, el amor es un lujo mortal. Convencido de que su cercanía es la mayor amenaza para la mujer que ama, pero el reto y desafío más grande que enfrentar es un inesperado embarazo que sirve de ruleta a huir dejando a atrás los sueños por amor no es la Cura al olvido.

NovelToon tiene autorización de Jakelyn Arevalo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El cómplice errantes.

El hombre que esperaba entre las sombras de los árboles no era un soldado cualquiera. Era Luis, un viejo guerrillero cuya piel parecía tallada en la misma corteza de los cedros de la selva. Sus ojos, nublados por los años y el humo de mil campamentos, observaron a Antonio salir del consultorio con esa mezcla de envidia y lástima que solo siente quien ya lo ha perdido todo.

Luis no estaba allí por órdenes de un mando superior; estaba allí porque era un deudor viejo de favores silencioso. Años atrás, Antonio le había salvado la vida en una emboscada donde el plomo llovía como granizo, pero la verdadera deuda era emocional. Luis veía en Antonio el espejo de su propia tragedia: él también había amado a una mujer fuera de los márgenes de la guerra, una campesina de manos suaves que terminó siendo el pago de su deslealtad. El recuerdo de su amada, ejecutada por el mismo bando que él defendía para "darle una lección", era el motor que lo movía ahora a arriesgar su cuello por un hombre que aún tenía algo que salvar.

—No te quedes ahí parado como un novato, Antonio —masculló Luis, agarrándolo del brazo con una fuerza sorprendente para su edad—. El rastro de Eliécer en el fango no es lo único que encontraron.

El Comandante sospecha que no fue un accidente. Si te encuentran aquí, la doctora no solo perderá su libertad, perderá la vida antes de que salga el sol.

Antonio sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la lluvia. Miró a Isaí por última vez a través del marco de la puerta. Ella sostenía la sábana contra su pecho, con los ojos fijos en la oscuridad donde él se desvanecía.

—Vete, Antonio. ¡Vete ya! —susurró ella, y el dolor en su voz fue más letal que cualquier bala.

Luis empujó a Antonio hacia la espesura, obligándolo a romper el contacto visual. Mientras se internaban en la maleza, el viejo guerrillero comenzó a desplegar su plan.

Luis se había convertido en la coartada perfecta. Había pasado la última hora borrando huellas cerca del consultorio y creando un rastro falso que se desviaba hacia el pueblo de San José.

—Escúchame bien —dijo Luis mientras avanzaban agachados entre los helechos gigantes—.

He dicho en el campamento que estuviste conmigo patrullando el perímetro norte toda la noche. Que Eliécer se separó del grupo persiguiendo a un informante y que nosotros perdimos su rastro por la tormenta. Si mantienes la boca cerrada, mi palabra vale más que sus sospechas... por ahora.

—¿Por qué haces esto, Luis? —preguntó Antonio con la voz rota, mientras el barro volvía a devorar sus botas—. Te van a fusilar si se enteran de que mientes.

Luis se detuvo un segundo y lo miró con una amargura ancestral.

—Porque yo no pude salvar a la mía, muchacho. Porque permití que este uniforme se tragara mi alma y cuando quise despertar, ella ya era tierra. No voy a dejar que tú te conviertas en el mismo fantasma que soy yo. Tu amor por esa doctora es lo único limpio que queda en este maldito pueblo.

A lo lejos, el rugido de la selva y los militares se hizo más nítido. Las luces de los cautelosas de linternas empezaron a barrer la entrada del pueblo, iluminando las paredes de adobe como focos de un escenario marcado de persecución. El tiempo de los susurros se había terminado.

—Corre hacia el desfiladero —ordenó Luis, dándole un empujón final—. Yo me desviaré para dejarme ver por la patrulla del este y confirmar nuestra "posición de guardia". Si logras llegar al amanecer sin que te atrapen, tendrás una oportunidad. Pero recuerda, Antonio: a partir de hoy, tu amor es tu sentencia. Cada paso que des lejos de ella es un paso que le das de vida.

Antonio se internó en la selva profunda, sintiendo cómo el aroma de Isaí se desvanecía de su piel, reemplazado por el olor metálico del miedo y el ozono de la tormenta que se negaba a morir. Detrás de él, San José se convertía en un hormiguero de soldados y gritos.

Mientras corría, Antonio se repetía las palabras de Luis como un mantra sangriento. Sabía que la coartada del viejo guerrillero era frágil como el cristal, pero era lo único que mantenía a Isaí fuera de la línea de fuego. El hombre que la amaba con locura había muerto esa noche en la camilla; el que corría ahora por el fango era una bestia acosada que solo tenía una misión: sobrevivir lo suficiente para que el nombre de Isaí nunca fuera pronunciado en un interrogatorio.

En el consultorio, Isaí apagó la vela de un soplo, dejando que la oscuridad la envolviera mientras escuchaba los primeros golpes de los soldados en las puertas vecinas. El juego del gato y el ratón había comenzado, y el precio de perder era el olvido eterno.

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Elizabeth Medina
que fuerte decisión de Antonio pero tiene que proteger a la doctora
Elizabeth Medina
bueno veremos que pasa con esta doctora y ese desconocido
Jakelyn Arevalo
Los invito a ver parte de mi historia, en 25 capítulos que continuará 😘😘😘
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